Altamira abre hoy con la luna: visitas nocturnas al yacimiento

El artista prehistórico por antonomasia realizó su obra a lo largo de los 270 metros de Altamira, en algún momento entre hace ya 35.000 y 13.000 años.

Pinturas polícromas
Pinturas polícromas

 

Altamira con su luz original es el nombre que pone en marcha, hoy sábado 21 de mayo, el proyecto de visitas nocturnas a la neocueva en el yacimiento cántabro. Un título muy representativo por cuanto se pretende que el visitante experimente, bajo la luz de las lámparas de tuétano paleolíticas, cómo el hombre artista de la época observaba entonces su creación.

Desde las 20:30 de la tarde hasta casi la medianoche, todos los públicos podrán disfrutar de las pinturas y grabados de bisontes, ciervos y caballos que el artista prehistórico por antonomasia realizó a lo largo de sus 270 metros en algún momento y por alguna razón, entre hace ya 35.000 y 13.000 años. Entonces la Naturaleza actuó. Un desprendimiento la escondió del mundo hasta que Modesto Cubillas la devolvió a la luz en 1868.

Además de la visita, en Altamira se podrá recorrer, bajo guía, la exposición Palabras para iluminar nuestra Historia, descubrir las diferentes formas de hacer fuego y fabricar lámparas, y retratar el momento en un moderno photocall.

Stop, visitas

Altamira es conocimiento. Fue esta cueva la primera en mostrar al mundo el arte del hombre paleolítico. Un arte que alcanza en sus soportes el máximo esplendor posible, racionalizado en grandes dosis de color, tridimensionalidad, abstracción y realismo. Precisamente su belleza inspiró a Henri Moore para denominar el yacimiento como La Real Academia del Arte Rupestre.

Sabida su edad, imaginada su importancia. No hay que darle muchas vueltas a la cabeza. Aún así, el hombre, en su curiosidad ha desbordado el yacimiento. También el hombre, cierto es, en su sabiduría ha puesto remedio. Así se impulsó la conservación de Altamira en 1997, adoptando las medidas preventivas necesarias que permitiesen controlar «los riesgos potenciales derivados de usos nocivos del suelo y de la contaminación ambiental». De este modo, hasta el 2001 se fueron adquiriendo«terrenos en el área de influencia de la cueva, se suprimieron caminos rurales, instalaciones ganaderas cercanas, se desvió la carretera y el acceso al Museo». La creación de este último y la inclusión de Altamira en la lista de bienes protegidos por la UNESCO en 1985 complementaron esta protección que sigue hoy avanzando a través de los investigadores de la Historia.


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Sobre Virginia Mota

Virginia Mota
Coordinadora. Licenciada en Historia por la Universidad de Salamanca, donde además cursé un Máster en Gestión del Patrimonio Histórico y Artístico, aprendo cuando escribo, escribo cuando siento y siento cuando río.

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