Armando Reverón: Un acercamiento al pintor de la luz

4.89/5 (19)

La cinta de Rísquez sobre Armando Reverón habla de un corazón sencillo que vencía la soledad a través de los pinceles y las pinturas que él mismo fabricaba

Daniel Rísquez filma atardeceres que imitan el uso del color característico en los cuadros de Armando Reverón
Daniel Rísquez filma atardeceres que imitan el uso del color característico en los cuadros de Armando Reverón

Hacer una película sobre la vida de una personalidad artística no es tarea fácil. Sobre todo, captar la esencia de un artista plástico de alto calibre a través de la imagen en movimiento, y que ésta no sea más que una síntesis bien medida de esa personalidad a la que se quiere honrar. Eso es precisamente lo que logró el venezolano Daniel Rísquez con su película sobre el laureado artista plástico venezolano, Armando Reverón, interpretado por Luigi Shiamianna.

La cinta transcurre en Macuto, lugar de residencia del pintor desde el año 1920. Allí compuso pinturas que son hoy día referencia de su particular estilo y técnica «para atrapar la luz». Es esta la particularidad de la que el director se sirve disolviendo fotogramas con destellos de claridad, o mostrando atardeceres que imitan el uso del color característico en los cuadros de Reverón.

Pero el acercamiento no es únicamente estético, sino también psicológico. Un carácter negado a enfrentar el reconocimiento público desdeñador de la crítica academicista o especializada, a pesar de que aprobaba su trabajo y quería exhibirlo. Te habla de un corazón sencillo que simplemente vencía la soledad a través de pinceles y pinturas que, al igual que Tintoretto, él mismo fabricaba, así como las muñecas de trapo que usaba para posar.

«Pinta como danzando, con las manos, las uñas, con todo el cuerpo»

Eso nos dice un personaje de la cinta. Y es que Armando Reverón nos recuerda que para el arte sólo se necesita el sentimiento de hacer lo que te gusta porque lo amas, porque sin ello enloqueces. Reverón es la muestra de que el artista no necesita de ideas preconcebidas sobre la belleza. Por el contrario, debe hallar nuevos tipos de belleza y abrir la mente de quien observa su obra a crear canales donde quepan nuevas interpretaciones sobre la estética y la libertad.

«Todo en la vida es ensayo, y estamos como en un gran teatro. El reflector lo tenemos allá arriba, es ese que cuando estábamos en la escuela pintábamos de amarillo con unos palitos alrededor… Todo es luz; el teatro es luz, la pintura es luz, la música es luz, el cine es luz», nos dice finalmente un Reverón encanecido, entrevistado por un Oscar Llánez conmovido por la sabiduría de su interlocutor, quizá decepcionado de que el resto del mundo le califique de loco sólo por tener un estilo de vida ascético.

Armando Reverón

Finalmente, su reclusión en el Sanatorio San Jorge de la ciudad de Caracas ordenada por el Consejo Municipal de Venezuela, no silenció su pincel, y Rísquez nos regala una última escena de Armando Reverón convertido en héroe, pintando una palmera a carboncillo, como tocada por el aire, en una de las paredes del asilo.


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