Dos militares claman justicia haciendo huelga de hambre frente a Defensa

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«¿Ministra, qué más debo hacer para poder dejar esta guerra en la que me habéis obligado a luchar?», pregunta Andrés Merino a María Dolores de Cospedal

La huelga de hambre de Andrés (abajo) y de Iván durará lo que haga falta
La huelga de hambre de Andrés (abajo) y de Iván durará lo que haga falta

Andrés Merino e Iván Ramos quieren la justicia que se les debe. Tras agotar todas las vías burocráticas, han decidido pedir con su propia vida la honradez del Ministerio de Defensa. Por eso el pasado martes iniciaron una huelga de hambre a las mismas puertas de esta institución. Todo dejando a un lado la salud que pone un pie delante del otro.

Andrés fue herido en acto de servicio en dos ocasiones, una de ellas en Afganistán. El Tribunal Médico reconoció entonces que el exmilitar contaba una minusvalía de un 33 por ciento. Poco duró la decisión, porque el cambio de pareceres de la institución desembocó en una caída libre de este porcentaje hasta el 16 por ciento.

El mecer tanto la cifra responde exclusivamente a que con ese 16 no se cobra pensión alguna. Uno se queda malherido por España y sin un duro para gastar en ella.

Pero Merino no se rinde y quiere que María Dolores de Cospedal ponga a funcionar la máquina burocrática para que se acate la sentencia que exigió a Defensa pagar la pensión que le corresponde. Lo dijo el Tribunal Superior de Justicia de Murcia en «sentencia del 15 de mayo del 2016», que sabe de estas cosas.

Así es que a Andrés se le deben los dineros que se ha gastado en jurisprudencias varias a lo largo de cuatro largos años, y el sueldo que ha dejado de ganar durante este tiempo. Todo con intereses, que lo mismo son una obligación del ciudadano de a pie que una del poderío.


Ese dinero le hace falta. Tiene seis bocas que alimentar y se ha visto obligado a salir de su casa porque su situación económica es poco boyante. Tanto, que en ocasiones ha de elegir entre comer él o alguno de sus hijos. Estamos en el siglo XXI, tiempo de derroche tecnológico, de cenas suculentas y sabrosas para la flor y la nata y de desvaríos deportivos y disparates militares. Es deber que todo el mundo tenga un plato en la mesa.

Andrés se prepara para pasar una fría noche de invierno
Andrés se prepara para pasar una fría noche de invierno

Y el exmilitar no se fía porque no es la primera vez que Defensa le promete el oro y el moro. En 2013, después de patear los kilómetros que separan Murcia de Madrid durante 19 días, un coronel cualquiera le prometió que solucionaría el asunto en poco más de de dos semanas. De momento, esos 15 días se llaman noviembre de 2016.

Por España, pero sin España

A la lucha de Andrés Merino se ha unido también Iván Ramos, el legionario destrozado físicamente en Irak mientras cumplía su obligación en misión internacional. En cifras, sus heridas se cuentan en un 81% de minusvalía para la Comunidad de Madrid y un 42% para el Tribunal Militar.

Nos contaba su madre en octubre que, a pesar de que el accidente del cabo ocurrió en 2011, «hace un año que hemos conseguido que Iván cobre la pensión que le corresponde por incapacidad total, ya que el Ejército no reconoce la absoluta».

Marisa, la madre de Iván, está entregando sus ruegos en fotocopias para informar a todo el que se quiera enterar de la situación de estos dos militares. Dice que «personas heridas o fallecidas en diferentes rincones del mundo por mandato de España ven cómo son relegadas al olvido». En concreto, el caso de Merino, «un soldado accidentado en acto de servicio» y, como consecuencia, «sometido a intervención quirúrgica tres veces, derivando en graves secuelas para la vida cotidiana».

En el apunte, Marisa pone de manifiesto la sorpresa del exmilitar ante la pasividad del Ministerio de Defensa, ya que «más de seis meses después desde la firmeza de la sentencia se ve obligado a seguir luchando para que el Ministerio cumpla su condena».

La petición de Manuel y de Iván ve caer el invierno sobre Madrid. Permanecerán a las puertas de Defensa hasta que sus reclamaciones sean atendidas. Al menos, siempre que su salud se lo permita.

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Sobre Virginia Mota

Virginia Mota
Coordinadora. Licenciada en Historia por la Universidad de Salamanca, donde además cursé un Máster en Gestión del Patrimonio Histórico y Artístico, aprendo cuando escribo, escribo cuando siento y siento cuando río.
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