El hombre del saco existió, y era de Almería

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Bernardito fue desangrado y desgrasado por el hombre del saco como mandaba la tradición. Su sangre, en un vaso; su grasa, en un apósito

 

Así que sí, el hombre del saco existió. De hecho fue uno de los mayores temores de la España del siglo pasado
Así que sí, el hombre del saco existió. De hecho fue uno de los mayores temores de la España del siglo pasado

 

La leyenda del hombre del saco se hizo a sí misma a partir de varios casos reales de hombres, sacamantecas, que raptaban a menores para venderlos a proles acaudaladas. Como en brazos no los iban a llevar por aquello del delito, los raptores metían a los raptados en sacos. Si eran de tela o de yute es algo que poca importancia tiene.

En muchas ocasiones, el dinero hace del hombre una criatura lunática que se esfuerza en mantener su posición social valiéndose de técnicas, artes, y costumbres lo más alejadas posible del hombre mundano. La incultura también tiene parte de culpa en estos procesos. Esa no sabe de clases sociales y campa a sus anchas por los sembrados, por el burgo y por los palacios de cristal.

Medio vaso de sangre al día, ¡y listo!

En el siglo XX, en sus comienzos más bien, era común pensar que algunas de las enfermedades típicas de la época, tuberculosis, por ejemplo, sanaban con un buen vaso de sangre o con apósitos de grasa. En principio, estas medicinas se obtenían de los animales sacrificados, pero más adelante el animal dejó paso al niño cuya inocencia hacía de remedio milagroso.

Todo se recoge en la prensa de la época. Muchos fueron los casos de secuestros y apaleamientos a un supuesto hombre del saco; muchos también los rumores. Ya se ha dicho que la ignorancia campa a su libre albedrío por las cuatro esquinas de este mundo. Se decía, se contaba que Alfonso XIII, tísico, sobrevivía gracias a los bebistrajos que el hombre del saco le traía a cambio de una suculenta propina.

Bernardito, la víctima más famosa del hombre del saco

Más de uno fue en su época el hombre del saco. Desde Gijón hasta Toledo, pasando por Barcelona. Pero el más famoso, el que mayor repercusión mundial tuvo, fue el hombre del saco de Almería, concretamente el de un pueblo de la provincia llamado Gádor.

En el farwest español, Bernardo, de 7 años, fue raptado el 28 de junio de 1910 por una pareja de malhechores. La madre de uno de ellos llamado Julio, era curandera; eso lo dice todo: la mujer quería la sangre de Bernardito para un agricultor con billetes aquejado de tuberculosis.

El niño fue desangrado como mandaba la tradición, y también desgrasado. Pero al rico agricultor le costó soltar lo acordado y a la curandera no le quedó otra que denunciar un encuentro casual que había tenido ella con el cadáver de Bernardito.

Cayeron como moscas. La curandera y el agricultor con el garrote vil, que era lo que se estilaba por entonces para dar merecidos, y los dos malhechores, entre los barrotes de la cárcel. Caso cerrado.

Así que sí, el hombre del saco existió. De hecho fue uno de los mayores temores de la España del siglo pasado. Pero desapareció su origen real y también su esencia: a quien se atemoriza ahora es al niño. La madre descansa tranquila sabiendo que, como el del coco, el hombre del saco quedó en casa de la abuela.


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