Estereotipos, discriminación y publicidad, así es la realidad de hoy

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Sin duda, entre quienes estén leyendo este texto habrá alguien que me tilde de fanática feminista y no faltará quien crea que reniego de lo doméstico. Nada más alejado de la realidad

En general, las personas que se dedican a la publicidad presentan a las mujeres como seres bastante escasos de entendimiento
En general, las personas que se dedican a la publicidad presentan a las mujeres como seres bastante escasos de entendimiento

Un importante número de anuncios comerciales que muestra la televisión contribuyen y estimulan la perpetuación de los estereotipos y la discriminación, que en muchos casos van de la mano y se confunden.

En general, las personas que se dedican a la publicidad presentan a las mujeres como seres bastante escasos de entendimiento. Nos hacen ver fanáticas e irreflexivas en la lucha contra las bacterias, adoradoras de aromas y méritos de los productos de limpieza, de las cremas, de los desodorantes y, en muchos casos, compradoras compulsivas de cuanto nos ponen delante. Todas cualidades y características, según la sociedad machista propias de nuestro género, que no podemos disimular y de las cuales debemos sentimos orgullosas.

No creo que tengamos que andar por la vida despreocupadas, malolientes o carentes de lo esencial. Esas son cuestiones que no tienen relación con el género. Pero entiendo que no es necesario abundar en detalles diferenciadores para que se comprenda el sentido de estas observaciones. ¿O es que esos publicistas tienen razón sobre nosotras en eso de hacernos parecer tontas?


Ejemplos de lo que digo hay muchos

Pero solo voy a detenerme en unos pocos y representativos.

El primero que aparece ante mis ojos es el de un producto para la limpieza de los pisos que muestra dos secuencias bien claras y definidas:

En la primera, una mujer utiliza el producto y una niña colabora con ella, cada una con el utensilio a su medida. Ambas se ven felices y a gusto cumpliendo con el rito. En la segunda, un niño vestido con equipo para deportes recibe a un varón con traje y portafolio. Ambos relajados y alegres entablan una relación de juego. Mensaje tácito:

Las mujeres con las mujeres en las tareas domésticas, los varones con los varones dedicados a proveer y a otras cuestiones.

El cuadro general se ubica dentro del estereotipo de familia tradicional: mamá, papá, nena, nene. En este siglo hay otros esquemas familiares que no se representan en los anuncios.

No faltan algunas donde el varón, con indisimulados aires de superioridad y alarde de poder, aprueba y festeja las habilidades culinarias y las elecciones de determinados perfumes y desodorantes elegidos por la mujer, que considera así haber cumplido con uno de sus deberes: contentar al marido, novio o pareja. (No tengo la certeza de que la sociedad machista de por válidos los dos últimos términos).

Paupérrimo favor nos hacen estas publicidades en las que los idearios se muestran ajenos a la realidad sociocultural y económica del siglo XXI. Sería interesante que se pusieran al día sin temor a represalias por parte de las poderosas corporaciones defensoras de la desigualdad, los estereotipos y la discriminación, y que mostraran la realidad.

Les pido que no me malinterpreten

Sin duda, entre quienes estén leyendo este texto habrá alguien que me tilde de fanática feminista y no faltará quien crea que reniego de lo doméstico. Nada más alejado de la realidad.

Un capítulo aparte merecen las publicidades que muestran a una mujer que se abalanza sobre carteras, zapatos, electrodomésticos y otros productos, acompañada por un varón menospreciado, desconsolado, ignorado, resignado y atrapado, a veces alegremente, en su rol de proveedor sin retorno.

Hoy, controlar y administrar los ingresos son acciones que nada tienen que ver con el género. Nosotras y ellos estamos en el mercado laboral, y ambos nos ocupamos de lo doméstico, compartimos actividades y responsabilidades y podemos movernos de manera independiente en la sociedad de consumo.

En Youtube encontramos vídeos de mujeres que salieron adelante dando clases de tejido o de cocina y también aprendiendo y enseñando plomería y electricidad, y ya no sorprenden los canales en los que varones enseñan a hacer origami, a tejer una manta a crochet o a preparar una pared para la pintura.

Muchas adolescentes integran equipos de fútbol, algunas son árbitros y entrenadoras respetadas, pero no las vemos en las publicidades de prendas relacionadas con el deporte que practican. Hay mamás estudiantes universitarias que van a la facultad con su bebé y profesores que cuidan del pequeño mientras ellas resuelven un examen y lo suben con orgullo a la web.

Hay papás que llevan con ellos a sus hijas a aprender o practicar un deporte y lo hacen sin pensar que «ayudan» a la mamá, sino que están convencidos de que la cercanía y el acompañamiento forman parte de sus responsabilidades como padres.

Así es la realidad de hoy. ¡Algunos publicistas no viven el aquí y ahora!

Es justo que todos los seres humanos, varones o mujeres, podamos ejercer nuestro derecho a elegir y decidir qué hacer en nuestra vida y cómo hacerlo. Sin presiones, sin inclusiones arbitrarias en modelos o estereotipos que, sin lugar a dudas, no son buenos para todos.

 

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Sobre Marta Arabia Toscanini

Coordinadora. Docente. Periodista por vocación y siempre dispuesta a investigar. Escritora de relatos breves. Apasionada por la Gestión Cultural, Atenta al movimiento "me gusta el mate sin trabajo infantil", participando en "Ni una menos" en contra del femicidio.
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