Liu Xuesong, el hombre que dominó el clima e hizo nevar

Liu Xuesong consiguió que la nieve que murió en la tierra aquel abril de 2007 fuese más intensa de lo normal. Y lo logró con sal, que es el aderezo de todas las salsas

Liu Xuesong consiguió que la nieve cayese sobre las secas estepas de la planicie tibetana / Visiontimes
Liu Xuesong consiguió que la nieve cayese sobre las secas estepas de la planicie tibetana / Visiontimes

En el techo más alto del mundo, allá por los 4.500 metros, allá por la meseta Tibetana, allá por el año 2007, Liu Xuesong consiguió que la nieve cayese sobre las secas estepas de la planicie Tibetana, castigada hasta decir basta por el calentamiento global. Es verdad, los primeros ensayos tuvieron lugar en la década de los 30, pero la de Liu fue la primera vez que la nieve artificial caía sobre aquellas alturas.

El hombre que sembró el cielo de nubes quería terminar con el hastío fluvial en las praderas del Tíbet, sobre las que las precipitaciones anuales no llegan a los 400 milímetros por metro cuadrado. Para hacerse uno a la idea de cuánta agua es esa, basta con saber que, en el mismo mes, es decir, en abril de 2007, cayeron en Teruel 50,7 litros por metro cuadrado en un solo día, el 21.

Sembrando nubes

Liu Xuesong consiguió que la nieve que murió en la tierra aquel abril de 2007 fuese más intensa de lo normal. Y lo logró con sal, que es el aderezo de todas las salsas, y para la nieve artificial no iba a ser menos.

Se dispararon contra las nubes bombas de yoduro de plata, la sal a la que se hace aquí referencia, la de las salsas. Nevó porque el vapor de agua de las nubes se entregó a ella y ambos se volvieron uno solo. Podía también haber llovido o granizado, pero nevó.

Dejando a un lado el tema de la similitud de las nubes que, como las huellas dactilares no tienen ídem, el principal problema al que se enfrentó Liu fue el tema monetario. Los lugares muertos de sed pocos tarines tienen, lo mismo da en qué altura germinen y a qué altura del planeta lo hagan, así es que o lo ponen los pudientes o no ven gota alguna. Argumentaba entonces el climatólogo, que bien podría regarse la sal desde un avión para que el método tuviese un alcance mayor, pero a 4.500 metros de altura, los costes serían bárbaros y no hubo quien quisiese pagar la cuenta.

No ocurrió lo mismo más abajo. Ya pisando el suelo de China, que es una fiel sembradora de nubes, en 2006 la ciudad de Beijing, que incluso tiene una Oficina de Modificación del Clima, consiguió 11 días de lluvia bombardeando las nubes 16 veces. Aquel año, el 11 por cierto de las precipitaciones fueron artificiales, pero regaron igual, ya que el yoduro no altera la composición del agua. De hecho, Beijing ya obligó a las nubes a descargar antes de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 2008.

La lluvia que aterriza en un lugar no lo hará en otro; también puede ser que uno se vuelva loco e intente utilizar la siembra de nubes como arma ofensiva; también el fuego sucumbe a la lluvia; también el agua llena vidas.


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