Los yanomami, la tribu que vive aislada del mundo

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En Venezuela y Brasil vive la tribu de los yanomami ajenos a cualquier avance de la civilización en el resto del mundo.

Los yanomami, una tribu aislada del mundo.
Los yanomami, una tribu aislada del mundo.

Aunque pocas, aún existen tribus que viven aisladas del mundo. Una de ellas es la de los yanomami, residentes en zonas de Venezuela y Brasil y que, ajenos al desarrollo de otras civilizaciones, pasan sus días en frondosos bosques vírgenes alimentándose de ranas o cualquier tipo de reptil de la zona.

El valor de su existencia en la actualidad ha sido tomado en consideración por las autoridades. De hecho en Brasil se trabaja con grupos conservacionistas, que sobrevuelan sus zonas de residencia para estudiar sus características y preservar y proteger su hábitat para, así, garantizar su longevidad. Pese al seguimiento, sin embargo, durante más de un año se perdió la pista a nada menos que 17 familias temiendo la extinción de la tribu por alguna razón que se escapaba a su control. Finalmente, fueron localizados en un bosque cercano a la frontera con Venezuela.

Sin embargo, y pese a la buena noticia que fue su localización, su nueva ubicación es más un peligro que una suerte debido a la fuerte actividad de la minería ilegal del lugar, hecho que supone un riesgo para su supervivencia.

Dada su alimentación natural y salvaje, la contaminación de los ríos – y por tanto de los animales- acabará con su propia contaminación llegando a desarrollar enfermedades (como los mineros) tales como la gripe o la malaria. ”Si los yanomamis entran en contacto con los mineros, sería una catástrofe”, advierte uno de los activistas que estudia a la comunidad yanomami.


Aunque la intención de la tribu no ha sido nunca entrar en contacto con otra civilización, éste puede acabar siendo indirecto. Los hombres yanomamis se dedican a la caza– aunque también las mujeres- mientras que los jóvenes son los encargados de la pesca con flecha o arpones metálicos. Además, en la temporada de lluvias añaden a su alimentación los hongos. El resto de su dieta lo completan las ranas, las anacondas, serpientes pequeñas, huegos de tortugas, tarántulas, orugas así como el consumo ritual de alucinógenos y el tabaco mascado. Además, consumen las cenizas de sus difuntos mezcladas en una sopa de plátano.

Por último, y como curiosidad estética, suelen pintarse la cara. Además los hombres se adornan con brazaletes multicolores hechos con plumas – simbolizando la masculinidad-, mientras que las mujeres se perforan los lóbulos, el tabique nasal y las comisuras de los labios donde colocan palillos de bambú. Al igual que los hombres, también se adornan con flores – símbolo femenino-, plumas y hojas. Entre sus supersticiones, la de poner a los niños collares para evitar que enfermen, aunque, como en la mayoría de las tribus, se tiene la creencia de que la enfermedad está en manos del chaman.

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