«Eres más feo que Tersites»

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Feo con desdén: mondo, lampiño, peinabombillas; cojo, jorobado y con la cabeza en pico; cernícalo y pollopera. Ese era Tersites, el hombre más feo de toda Grecia.

No es tan feo el diablo como lo pintan
No es tan feo el diablo como lo pintan

 

¡Ay la belleza! En los ojos de quien mira está. O eso dicen. Objetiva o no, la Historia está llena de positivismo y también de feos. Pero hay alguno cuyo disimulo estético levanta el vuelo sobre el del resto, y no necesariamente porque sus facciones sean más estrambóticas o menos armoniosas, sino porque, como la vida misma, es cuestión de estar en el lugar apropiado y en el momento preciso. Este es el caso de Tersites quien, según cuentan, fue el hombre más feo de toda Grecia. Y Grecia era grande; muy grande.

No lo dice un cualquiera, que La Ilíada es un clásico entre los clásicos que fue emplumada por otro novelesco pero también clásico entre los académicos de siempre: Homero. El padrazo de la literatura clásica escribe en su canto II que Tersites «fue el hombre más feo que llegó a Troya, pues era bizco y cojo de un pie; sus hombros corcovados se contraían sobre el pecho y tenía la cabeza puntiaguda y cubierta por rala cabellera». Ahí es nada. Feo como el demonio, tanto que Aquiles y Ulises lo aborrecían hasta la saciedad. El hombre, además de tener una belleza distraída, ejercía de malhablado cuando la ocasión lo requería, pues «sabía muchas palabras groseras para disputar temerariamente, no de un modo decoroso, con los reyes».

Además de chepudo, jorobado, bisojo y medio tullido, el hombre, según Homero y haciendo caso omiso a la necesidad que todo ser humano tiene de respirar, era de los jaraneros de toda la vida y acostumbraba a vocear por doquier. Tersites no callaba ni debajo del agua y vivía «sin poner freno a la lengua». Un bocabuzón de los de antes, un cuerpoescombro.

Tersites era feo con avaricia y conociéndolo, Erasmo no debió de resistir la tentación de mencionarlo en su Elogio. No le hizo falta a la Locura decir más que «aparecerás feo como Tersites y viejo como Néstor en vez del elegante Nireo y del joven Faón; un cerdo en vez de Minerva, un mudo y un rústico en vez de un hombre elocuente y ciudadano» para que el griego crease en la mente del lector una imagen de carapapa que recuerda más a los circos provincianos de mediados del siglo pasado que a cualquier canon de belleza conocido.

A Picio no lo tocaban ni con un palo por ser lampiño de la cabeza a los pies y tumoroso de una oreja a otra. Pero el pelo sale y los bultos desaparecen. Así es que aún sin saber si ambos eran primos hermanos en cuanto a malparto se refiere, la lógica y la imaginación nos deja espacio suficiente para incluir en nuestro repertorio de insultos cotidiano que eres más feo que Tersites.


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Sobre Virginia Mota

Virginia Mota
Coordinadora. Licenciada en Historia por la Universidad de Salamanca, donde además cursé un Máster en Gestión del Patrimonio Histórico y Artístico, aprendo cuando escribo, escribo cuando siento y siento cuando río.
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