No sabía qué me ocurría

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Supongo que la vida es eso, absorber cada una de las cosas que te ocurren y sacar enseñanzas de ellas

Selena había sido mi amiga del alma de toda la vida
Selena había sido mi amiga del alma de toda la vida

Hasta hace pocos meses ni siquiera tenía capacidad de tener un criterio propio sobre casi nada, todo era muy confuso para mí, pero era algo que tampoco tenía necesidad de comerme el tarro con ello, simplemente dejarlo pasar y hacer caso a mi padres y familiares. En algún caso siempre algún amigo, poco mayor que yo o simplemente más espabilado trata de aconsejar o arrastrarte a su forma de ver las cosas, como comentaba antes, eso a mí hasta hace poco era algo que no me preocupaba, me dejaba arrastras y ya está, pero acabo de darme cuenta que la vida no es eso, que la vida es un tomar decisiones, tomar partido por todo y eso psicológicamente me agota, creo que no voy a ser capaz de ello, es como si una buena mañana me hubiera despertado y de golpe las cosas no son como el día anterior, tal vez simplemente responda a eso que llaman responsabilidad y que hasta ahora no he sido para nada consciente.

Mi vida cambia por momentos, cambio en cuanto a mi pensamiento vital, a mi forma de ver las cosas, en general a todo lo que tiene que ver con el pensamiento y mi nuevo enfoque de las cosas, pero también en lo físico, mi cuerpo no lo reconozco, siempre he sido muy delgado, tal vez demasiado, pero ahora hago deporte, corro, practico tenis, fútbol, y claro a pesar de tener una estructura delgada, mi piernas y brazos, van adquiriendo un cierto volumen, mi cuerpo imberbe, solo hace unos meses empezó a ser cubierto por una capa de pelusa, hoy ya materializada en incipiente bello, y sobre el labio superior, ya renegrea y me lo tengo que afeitar con cierta frecuencia, lo que en poco será un buen mostacho como el de mi padre.

Yo noto a diario los cambios, como las hormonas me hacen sentir inquieto, como a ratos una tristeza me imbuye y me inmoviliza, me baja el estado de ánimo y solo me apetece estar encerrado en mi cuarto, adormilado o como mucho escuchando música, especialmente tristes y melancólicas canciones.

Todo me ha venido de golpe, como decía antes de la noche a la mañana, pero seguro que vosotros no entendéis nada, ¿cómo me vais a entender, si ni yo mismo lo entiendo?, pero lo mejor será presentarme.

Me llamo Xavi, tengo catorce años y según mi padre estoy en la edad del pavo, y según dice, no se me pasará hasta que como hizo su padre con él, “no me dé una buena hostia y me quite toda la tontería de encima”.

Con los amigos me pasa lo mismo, llevábamos toda la vida juntos, algunos desde la guardería, somos vecinos en un barrio de clase media, de viviendas unifamiliares adosadas o pareadas, somos vecinos, amigos compañeros y después de un montón de años, es como si fuéramos completos desconocidos.

A veces de vuelta a casa, después de una tarde de estar juntos, repaso las conversaciones, las cosas de las que hemos hablado y no se ni por qué me sorprendo, pero la mayoría de las veces todo se ha reducido a un ¿hola, qué hacéis?, sentarnos unos cerca de otros y dedicarnos a la vida contemplativa por minutos o incluso horas.

Después, tras algún paseo propuesto por alguien, visita al centro comercial o simplemente dejar pasar el tiempo de esa manera tan poco productiva. Despedirnos con un simple ¡me voy¡, ¡ahí os quedáis¡, o los más formales ¡hasta luego! o ¡mañana nos vemos¡

Hasta hace poco jugábamos juntos como si no existiera un mañana, no parábamos ni un solo momento, todo eran bromas, risas y carreras y ahora…

Sí, soy muy consciente que estamos en época de cambios, de muchos cambios, pero hasta el verano pasado, éramos un grupo, ahora parece ser que alguien se ha encargado de separarnos, a los chicos por un lado y las chicas por otro y claro, ya no nos gustan las mismas cosas, salvo cuando nos juntamos en el centro comercial apenas nos vemos.

Y cuando nos vemos, si entre los chicos no hay comunicación, ellas para nosotros, son unas auténticas desconocidas, como si sus cuerpos hubieran sido poseídos por entes extraños.

Selena había sido mi amiga del alma de toda la vida, vive dos casa más allá, de la mía, sus padres y los míos son amigos de siempre también, tenemos celebraciones conjuntas, cumpleaños, incluso el inicio de año, lo hacemos juntos, tras una buena fiesta de fin de año. Pues ya no es lo mismo, ella ahora se va con las mujeres y a mí me deja en terreno de nadie, ni soy un niño para jugar con los demás y lo que menos me apetece es juntarme con los hombres a hablar de fútbol política mientras cae una cerveza tras otra. Entonces me voy a mi cuarto. Mientras subo la escalera, la miro de reojo, ella no me quita tampoco el ojo de encima, pero allí no veo a mi amiga de siempre, parece como si hubiera cambiado mi amistad por esas tetas aparatosas y turgentes que ha heredado de su madre. Desde arriba vuelvo a mirar de manera descarada, ella sigue con la mirada fija en mí, como esperando esa última conexión antes de perderme en el último tramo de escalera y me sonríe, me sonríe y me guiña un ojo, que yo no sé cómo interpretar.

Cuando cierro la puerta de mi cuarto me siento mucho más solo que nunca, desolado y echo en falta esas veces, que ella subía conmigo y jugábamos a cualquier cosa, o simplemente nos sentábamos uno al lado del otro, compartiendo los auriculares de mi reproductor de música y vibrando los dos al son de la música.

─¿Qué le pasa? ¿Por qué se ha vuelto tan rara?

A veces me planteo que igual el que se ha vuelto raro he sido yo, pero rápidamente un pensamiento hace que me reafirme en mi pensamiento y exclame, ¡a las tías no hay quien las entienda¡

El mes pasado así fue cuando celebramos el aniversario de boda de mis padres, sé que en pocos días coincidiendo con el fin de año, volveremos a juntarnos aquí en casa, mi madre me lo confirmó la semana pasada, este año toca celebrarlo aquí en casa y aunque hay otros niños, no es lo mismo, son un par de años más pequeños, no son de la misma pandilla, bueno de lo que antes éramos una pandilla, ya que ahora…

La verdad cada vez entiendo menos a las chicas, también entiendo menos a mis amigos, a los de la pandilla, pero lo que es aún peor, cada día me cuesta más trabajo entenderme a mí mismo.

Hace unos días mientras tomaba el postre en la comida, mi madre lo soltó:

─Xavi, encima de la cama te he dejado el traje de las fiestas. Pruébatelo a ver qué tal te queda.

─¡Mamá¡ El traje ya no se lleva.

─Anda no digas tonterías, poco guapo que vas con él, y no veas como te miraba todo el mundo.

─Sí, mamá, me miraban por lo anticuado que iba. No sé porque no puedo ir como todos los días.

─Hijo, simplemente porque no es un día normal, es la manera de cerrar un año, y de comenzar uno nuevo, ¿te parece eso algo normal?

─Jo, mamá; vale, pero de otra manera, que no sea un traje.

─Anda sube y te lo pones.

A regañadientes me puse el traje, lo hice primero con los pantalones, me llegaban muy por encima de los tobillos, me había costado abrochármelos a la cintura, de muslos, me quedaban como una faja, de culo como hiciera cualquier movimiento los terminaría explotando y por delante, las pinzas se abrían, haciendo que en la parte delantera, apareciera un descomunal bulto. Me puse de perfil orgulloso de mi recién estrenada hombría, incluso traté de recolocarme y el efecto fue tal, que cuando mi madre trató de entrar a ver cómo me quedaba, la dije que aún no me había cambiado.

─Espera, que me cuesta que me suban los pantalones.

La chaqueta me quedaba como una camisa de fuerza, como si de una férrea coraza se tratara, me miré nuevamente en el espejo, realmente mi madre tenía razón, la chaqueta a pesar de su reducido tamaño, me daba un empaque elegante, muy adecuado para despedir el año, entonces, entonces me vinieron las imágenes de un año antes, cuando todavía, Selena y yo éramos dos niños y jugábamos sin perjuicios.

Si fue la última vez que subimos a mi cuarto juntos a escuchar música, en un momento dado, estaba frente a mí, me colocaba el cuello de la camisa por debajo de la chaqueta, no recuerdo muy bien, pero sé que alguien nos sorprendió en ese contexto.

─¿Sorprendió?─ me pregunto a mí mismo.

Simplemente estábamos como siempre, como dos amigos. Miro mi reflejo en el armario, ya tengo una estatura de más de metro setenta y ocho, mi padre, creo que anda por ahí. Trato de ver a mi lado a Selena, frente a mí y entonces lo entiendo todo, alguien en ese gesto mil veces repetido, un gesto de cariño, entre colegas, fue mal interpretado, y de aquello, la desconfianza, posiblemente las prohibiciones, o tal vez el sentido común, ya que mi pantalón sigue abultado, es una simple respuesta física, pero ante la cual, siento un fuerte pinchazo en mi estómago, echo de menos a mi amiga de alma, pero ahora mi cuerpo, mi sexo, mi cerebro mi corazón ante esta ausencia, responde de manera distinta.

─Xavi, ¿cómo te queda?— preguntaba mi madre entrando en mi cuarto como elefante en cacharrería.

─¡Mamá¡ aún no estoy listo.

─Anda tonto, es que olvidas que soy yo…

Se quedó mirándome, lo hizo como si de una radiografía se tratara, se puso a reír como una loca y mientras se daba la vuelta para salir, me dijo.

Anda, quítate eso, sabía que te habías hecho un hombre, pero no de esa manera.

Sus palabras me sumieron en turbios pensamientos, ¿se habría dado cuenta?

Al día siguiente fuimos de compras, mi madre se encabezonó en comprarme unos pantalones de esos chinos en color clarito, para la parte de arriba, tras buscar varias prendas, yo insiste en una americana.

─¿Al final eres tú el que quieres la americana?

─Sí mamá, una azul marino, que me la pueda poner con unos vaqueros, no solo para un día de fiesta como noche vieja.

La sorpresa me la llevé al salir del probador con el conjunto completo, allí estaba Selena y su madre que también iban de compras. Justo en ese momento.

¡Qué guapo Xavi!

—Mira Selena, no me digas que no es un buen pretendiente.

En ese momento, levanté los ojos lentamente del suelo a la altura de los suyos, la situación no me podía parecer más bochornosa, creo que no me podían haber pillado en un momento peor —¡tierra trágame!—, pero al coincidir mis ojos con los suyos, no me reencontré con la vieja amiga, con la conocida, sino con la chica que hacía que mi corazón latiera a mayor velocidad, esa que durante las noches se había convertido en una obsesión, y que durante el día odiaba, antes su indiferencia.

Estaba frente a mí, mientras que su madre y la suya comentaban algo en voz baja, ella me observaba de una manera diferente, se mordía el labio inferior y me sonreía de una manera maliciosa.

Entonces lo ha hecho, se ha adelantado unos pasos, me ha hecho una leve caricia en la mejilla y al acercase a darme un beso en la mejilla, me ha susurrado: «¡Estás para comerte!»

─Preocupado he mirado a nuestra madres, ellas disimuladamente seguían a lo suyo como si no hubieran visto o lo le hubieran dado importancia, pero el sofoco me subió a la cara, poniéndome rojo como un tomate.

─Venga cámbiate, nos llevamos las dos cosas─ dijo mi madre a la dependiente mientras se dirigía a la cara.

─Date prisa Xavi, que os invito a merendar unas tortitas.

Al darme la vuelta para cambiarme, la oí decirme algo, pero tarde algo en entender.

Cuando estaba a punto de salir sus últimas palabras golpearon de pronto mi cerebro y mi corazón se aceleró.

─Yo sí que te merendaba ti ahí mismo mientras te cambias.

Había aprovechado para soltarlo todo de un tirón aprovechando que nuestras madres se habían alejado y otros clientes se interponían entre ellas y nosotros.

Al descorrer la cortina, allí estaba ella con los brazos cruzados esperándome a que saliera con la ropa.

La dependiente me cogió del brazo y la llevo al mostrador para prepararla, Selena aprovechó para cogerme de ese mismo brazo y arrastrarme tras ella. Esa tarde no se separó de mí ni un momento, jugo con la nata de la tortita, con la forma de llevársela a la boca de lamer la cuchara cuando nadie la veía. También cambio su manera de dirigirse a mí, de tratarme, ya no era la niña de siempre, mi amiga desde la guarde, la vecina que había crecido junto a mí.

Al despedirnos esa tarde noche, ya que ambos volvimos andados a casa, me dijo.

─Xavi ya no somos unos niños, Selena se quedó atrás, ahora soy Lena, una mujer, tu tampoco eres ya un chiquillo, eso salta a la vista, pero ten seguro que te quiero a mi lado y lucharé por ello.

He estado varios días como ido.

─Cada día andas peor Xavi, ya no sé qué hacer para que se te vaya la tontería que tienes encima.

─Deja al chico─ salió mi madre en mi defensa.

─¡No ves que está enamorado¡

─¡Anda campeón¡ ¿la conozco?

Los hombres nunca os enteráis de nada, si no fuera por las mujeres, la raza se extinguiría.

Oí a mi madre esta última frase, mientras salía corriendo camino de mi cuarto, con el corazón saliéndose por la boca, el rubor en la cara y la sospecha en el corazón.

─¿Sería verdad que las mujeres se habían puesto de acuerdo en lo nuestro?

Esta tarde volveremos a vernos, tal vez sea la primera vez que nos encontremos no ya como los viejos amigos que hemos sido, sino como la nueva relación que ha aflorado entre nosotros.

Ahora lo veo, ahora entiendo que para llegar a esto antes teníamos que haber cruzado la tierra media, los páramos de la indiferencia, para llegar a este reencuentro, para que no nos viéramos como niños y comenzáramos esta nueva relación.

En nuestros mundos prácticamente ha desaparecido todo, si entro en Facebook, es para tener largas conversaciones por privado, si lo hago a través de Whatsapp es porque ya estoy en la cama, es de la última que me despido por las noches, la primera que me da los buenos días por la mañana, ella lo es todo para mí, yo creo que también lo soy para ella y eso que todavía, no nos hemos dado ni siquiera ese primer beso.

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