¿Qué fue de Virginia Woolf?

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El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al Río Ouse, cerca de su casa, y se ahogó

 

«Siento que voy a enloquecer de nuevo», así comenzaba la carta de suicidio de Virginia Woolf / Europapress
«Siento que voy a enloquecer de nuevo», así comenzaba la carta de suicidio de Virginia Woolf / Europapress

Adeline Virginia Stephen, nacida en Londres el 25 de enero de 1882, mundialmente conocida como Virginia Woolf, es una de las escritoras, ensayista, novelista, escritora de cartas, feminista y cuentista británica más reconocida del modernismo literario del siglo XX.

Aunque destacada miembro del grupo de Bloomsbury, se desconoce la parte más oscura de su existencia, esos periodos de claroscuros de los que hoy vamos a hablar en Aquí Actualidad.

Mucho se ha dicho de la esmerada educación literaria ofrecida por sus padres en el archiconocido hogar de la familia, el número 22 de Hyde Park Gate, dónde por aquel entonces se reunía la flor y nata de la literatura inglesa de la época. Virginia Woolf no fue a la escuela, pero recibió clases de su padre y de los más prestigiosos autores. Durante aquellos años, estuvo rodeada de un entorno lleno de las influencias de la sociedad inglesa de la época.

Además de estas influencias, Virginia y su hermana Vanesa se nutrieron de la vasta biblioteca de la casa de los Stephen, aprendiendo de los clásicos y la literatura inglesa en general.

La muerte de sus padres, su gran tormento

Fue a la pronta edad de 13 años, en mayo de 1895, cuando Virginia, tras la muerte de su madre, sufrió su primera crisis nerviosa, llevándola a la depresión. En 1905, diez años después, tras la muerte de su padre por un cáncer, la crisis fue más grave debiendo de ser ingresada por unos días. Ya nunca se recuperaría. A partir de este momento, sus crisis nerviosas terminaban en recurrentes estadios de depresión.

Oficialmente, estos fueron los motivos importantes que llevaron a la escritora a padecer esta enfermedad, pero ella misma en su obra A Sketch of the Past y 22 Hide Park Gate, aludió veladamente a unas experiencias sufridas en el entorno familiar de acuerdo con la recta moralidad victoriana de la época.

Su sobrino y biógrafo, Quentin Bell, nos aclara de alguna manera estas circunstancias: según las obras de la propia autora, parece que ella y su hermana Vanessa padecieron abusos deshonestos a manos de sus medios hermanos George y Gerald Duckworth. Las circunstancias exactas no se conocen bien, afirma su sobrino, pero se cree que contribuyeron al problema psicológico que sufrió la autora, refiriéndose concretamente a un trastorno bipolar.

Aquí cabe mencionar que el matrimonio de los padres de Virginia estaba formado por dos personas que habían enviudado, aportando varios hijos por ambos lados.

En este sentido su propia su biógrafa, Hermione Lee, escribió que:

«Las pruebas son suficientes, pero también lo bastante ambiguas como para posibilitar interpretaciones psicobiográficas contradictorias, que presentan imágenes completamente diferentes de la vida interior de Virginia Woolf».

El final de un enorme talento

A lo largo de su vida, Woolf se vio acosada por periódicos cambios de humor y enfermedades asociadas. Aunque esta inestabilidad a menudo influyó en su vida social, su productividad literaria continuó con pocas interrupciones hasta su suicidio.

Cuando acabó el manuscrito de una última novela —publicada póstumamente—, Entre Actos, Woolf padeció una depresión parecida a la que había tenido anteriormente. En esta ocasión se habla de fue producida como consecuencia del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres y la fría acogida que tuvo su biografía sobre su amigo Roger Fry. Todo ello contribuyó a que empeorara su condición hasta que se vio incapaz de trabajar

El 28 de marzo de 1941, Woolf se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse, cerca de su casa, y se ahogó.

Momentos antes a esto, aún tuvo la capacidad de escribir a su marido la siguiente carta:

«Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo».


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