Una red de pederastia implica a políticos muy conocidos

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Casi un centenar de niños fueron violados de forma continuada en Castellón durante más de una década. Hoy, todo sigue en silencio

Reinaldo Colás Navarro es el padre de dos víctimas de la red de pederastia valenciana
Reinaldo Colás Navarro es el padre de dos víctimas de la red de pederastia valenciana

Indefensión es aquello que hace imposible la razón para quien sufre, y es también lo que remueve el alma de quien sabe que otro se encuentra enredado en algún tipo de orfandad.

80 niños, por decir un número, fueron sometidos a todo tipo de vejaciones sexuales a manos de unos hombres y unas mujeres que plañían por la rectitud de cara a la galería mientras pisoteaban toda cordura de puertas para adentro. 80 niños violados continuamente, y dos de las que nadie ha vuelto a saber nada.

Ocurría en Castellón a mediados de los 90. A juzgar por la información de la que disponemos, parece ser que la trama pedófila, que tenía nombres y apellidos de sobra conocidos en la esfera política, campaba a sus anchas por Benicarló. Un secreto a voces que contaba con la aprobación de algunas de las personalidades más relevantes de la época, bien porque se divertían desflorando la inocencia de aquellos niños, o bien porque obtenían beneficios y favores al hacer la vista gorda.

Que los primeros puedan dormir tranquilos va con su condición de sádicos, pero que aún hoy lo hagan los segundos, los que callaban por prebendas y cuatro duros, avergüenza a cualquier animal. ¿Cómo es posible que nadie, absolutamente nadie, haya atendido las denuncias de la violación continuada de niños y niñas que en muchas ocasiones no superaban los cuatro años de edad? ¿Cómo puede ser que la vileza, la inmoralidad, la malicia y la depravación estén tan consentidas?

Nadie ha querido enterarse

El asunto vuelve a la actualidad a raíz de «la intervención de la firma profesional Abogados contra la Corrupción —ACC— el pasado mes de septiembre» para asumir la defensa de Reinaldo Colás Navarro, uno de los padres de aquellos niños a los que la degeneración puso la mano encima.

Este hombre sí denunció los hechos. Lo hizo hace 20 años junto a una de las pruebas más importantes que se tienen al respecto, y que es la declaración de Joaquín Manuel Crespo Marqués, testigo principal de los hechos. También junto a decenas de denuncias de muchos de aquellos menores. Hace 20 años que ambos llevan denunciando, y hace 20 años que a nadie le interesa.

Reinaldo y Joaquín Manuel no han sido escuchados en parte ninguna a pesar de que la denuncia del primero pone la piel de gallina. No estamos hablando de vender alcohol en mal estado o de jugar a contrabandista de tabaco. Los hechos que aquí se narran corresponden a una red de pedofilia instaurada en el Bar España de Benicarló, una matanza de virtudes y de derechos que ha pasado desapercibida.

Hay que tener el alma marchita para no estremecerse ante tal barbarie, en la que incluso dos niñas fueron presuntamente asesinadas delante de una cámara. Porque a los valientes del Bar España les gustaba grabar en vídeo las violaciones que cometían a diario para lucrarse después con su venta.

Que muchos de aquellos niños fuesen de acogida en la Residencia de Menores Baix Maestrat de Vinarós es más doloroso todavía: «Habían sido previamente captados por algunos de los servicios sociales de Benicarló […], y en ocasiones venían acompañados por Genma Perfecta Redó Ferré, la directora de este centro de menores. También eran acompañados los niños por educadores del mismo centro». De la mano del diablo venían, que ellos creían un ángel. ¿Cómo se supera algo así? No se supera; no hay más.

Hay que ser muy miserable

Giuseppe Farina, según la declaración de Joaquín Manuel, era la cabeza visible de la organización criminal. Como tal, esta banda promovía «la corrupción sobre todos aquellos funcionarios públicos» que estuviesen encantados con el asunto. Es la base de toda manada delincuente que se precie. Pero en esta, en la del Bar España, el asunto se salió del tiesto: no sólo se compraba la honorabilidad de quien hiciese falta, sino que, además, se jugó en el campo de la pedofilia y del asesinato.

Junio de 1997. A pesar de que los hechos que se narran fueron continuados durante más de una década, la declaración de Joaquín Manuel atiende a un día concreto de ese mes: En el Bar España se celebraba «una fiesta especial». El testigo vio «mucho trasiego de personas mayores y niños que subían a la primera planta», entre ellos el cámara que llevaba «equipos de filmación y fotografía».

Para quien se lo pregunte, Joaquín Manuel estaba en el Bar España para cerrar un trato relacionado con unas cuantas pastillas de éxtasis. El caso es que tuvo que subir a la primera planta a que Farina diese el visto bueno a su negocio.

El entonces joven relata en su declaración que «unas mujeres estaban poniendo disfraces a los niños. En una mesa, la jueza Sofía Díaz —que iba vestida con una toga de juez— y su secretaria estaban preparando los refrescos». Sin pudor ninguno, los pedófilos añadían a las bebidas «un jarabe». Además, Joaquín Manuel vio una «caja con compartimentos que contenía pastillas de colores que obligaban a tomar a los niños para que no sintieran dolor y no pudieran chillar».

En una fiesta con refrescos, con pastillitas de colores, con disfraces. Una fiesta que era de todo menos infantil. Hay que ser muy miserable.

Los famosos implicados

Entre los que asistían entonces a esta «fiesta especial», Joaquín Manuel nombra, entre otros, a «Carlos Fabra». Además, le llamó la atención «un hombre alto y delgado que iba disfrazado con un ridículo disfraz que consistía en una especie de maya muy ajustado a lo Spiderman, con un antifaz negro que le hacía resaltar su larga y ahuevada frente con unas entradas de pelo muy pronunciadas».

Después de relatar asuntos macabros y repulsivos que no se van a recoger en este artículo porque no aportarían nada nuevo, el testigo presencial cuenta que al día siguiente se entera por boca del dueño del Bar España, Carlitos España, que «este personaje se llama Paco Camps, que es Diputado de la Generalitat de Valencia y muy amigo de Fabra».

Muchos han sido los intentos particulares de los implicados de desenmascarar a Farina y compañía. En internet se puede encontrar información al respecto, incluso la denuncia en la que estamos basando parte de nuestro relato —https://es.scribd.com/document/178215949/denuncia-anticorrupcion.

Una trama de nombres populares y apellidos influyentes que no ha salido a la luz en ningún medio nacional, «a pesar de que todos tienen material, ya que en su momento se lo envié», como asegura Reinaldo. Una urdimbre de violaciones a niños y a niñas, un ataque absoluto a la moral y a la indefensión, una salvajada bochornosa respaldada, supuestamente, por jueces, agentes y políticos.

Inevitablemente, uno se pregunta el porqué. Por qué son más importantes cuatro trajes de sastre, veinte toneladas de naranjas o tres cupones de lotería. Por qué la cobardía de interesarse por uno mismo, y solo por uno, tira por tierra la humanidad y la misericordia de quien debe defender a aquel que la naturaleza le hace forzosamente dependiente. Por qué quien puede no pone los medios necesarios, se llame Juan, Manuel o Mónica.

Y que nadie los llame locos, porque no lo son. A un demente, su razón se le escapa de las manos. Que los llamen sádicos, viles e inhumanos.

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