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Y al Mundo le da 27 años de vida. Se nota que Nostadamus, además de profeta y escritor, también fue médico.

LE DECODAGE DE NOSTRADAMUS
Le Decodage de Nostradamus.

 

Realidad o ficción se reparten por igual a la hora de estudiar las predicciones que dejó escritas Nostradamus, alquimista o astrólogo según puntos de vista. Para las cabezas pensantes más racionales, Michel de Nostradame fue poco más que un ciego metafórico delirante, un presentador de madrugada más preocupado por los picos de audiencia que por el acierto de sus revelaciones proféticas. Para otros, sin embargo, para los que el misterio es parte fundamental de la sístole de de la diástole, Nostradamus fue el «único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo». Al menos eso reza su epitafio.

Galanteo o no, sus Centurias guardan un valor histórico incalculable. Son más de 900 cuartetas repartidas en 22 libros las que predicen algunos de los acontecimientos más sobresalientes del devenir de la humanidad. Esoterismo en estado puro  que en ocasiones no define ni la rima ni el momento preciso del supuesto acontecimiento.

Porque Nostradamus escribió para que fuese sólo un puñado de almas las encargadas de transmitir su legado. No sólo está el asunto de que la interpretación de las Centurias requiera una gran destreza —algo que no se necesita para practicar la propia interpretación—, sino que, más allá, el escritor gustó de mezclar en sus presentimientos, además de su lengua materna —el francés del siglo XVI—, algunas palabras en castellano, italiano o alemán, y algún que otro neologismo por aquí y neologismo por allá. Una sopa de letras con la que pretendía, según se cuenta, escapar del protagonismo que le conferiría el mal augurio y que terminaría, con total seguridad, por dar con sus huesos en un nicho que la Santa Inquisición hubiese cavado encantada en algún lugar de Francia. Por eso, según el historiador Jörg Dendl para Spiegel, «el vidente confundió a propósito la cronología de los años».

Las predicciones que fueron

La Revolución Francesa —incluido el amor de Napoleón por María Luisa—, la Primera Guerra Mundial y la Segunda —también el periodo de Entreguerras—, la Revolución Rusa, la Guerra del Golfo. Toda una suerte de calamidades y de desastres predichos en cuatro versos. Es tan inevitable que la generalidad se vierta en escepticismo como que el pormenorizar —caso amoríos de Napoleón— haga lo propio. Cosas del cerebelo.

Relativo, por ejemplo, a las dos grandes guerras contemporáneas, Nostradamus escribió que «los azotes pasados disminuido el mundo/Largo tiempo la paz, tierras deshabitadas/Hermana caminará por cielo, tierra, mar y onda/Después de nuevo las guerras suscitadas». No es muy de extrañar que en cualquier época de la Historia, en cualquiera, uno pueda vaticinar que el Mundo terminará por partirse la cara, desde la Torre de Babel hasta la Guerra Fría, desde las auroras boreales hasta los vehementes oasis.

Hace 450 años que desde su poltrona, siempre bajo las estrellas, Nostradamus también se aplicaba en vaticinar algunos inventos que hoy son: la electricidad, el aeroplano, el teléfono o el cine. Como ejemplo, el último. Dice la décima de la Centuria I que «Serpientes transmitidas en la jaula de hierro/Donde los siete hijos del Rey van presos/Los ancianos y padres saldrán bajo de la fosa/Antes de morir ven su fruto muerto y grita». Serpientes o películas en sus bovinas de hierro; «siete hijos del Rey» o siete colores del arco iris; «fruto muerto» o imágenes que cobran vida.

Y las que serán

Aparte de la erupción del Vesubio y del calentamiento global, la Tercera Guerra Mundial es sin duda la visión del profeta que más nos vale tener en cuenta. A escépticos o no, que la guerra se ve venir en las dos concepciones. Serán dos potencias (o tres, según la fuente consultada) enfrentadas en una guerra nuclear que terminará, tras 27 años, por finiquitar a Gea y con ella a todos los que nos afanamos por vivir como buenamente podemos. Una guerra entre el este y el oeste, oriente y occidente, que llegará precedida de un cometa y de la muerte del Papa y la invasión de Italia. Y entrará es escena un anticristo —otra vez— que «más que cualquier otro causará al mundo lutos, desolación y ruinas». Y después la paz se desparramará sobre la tierra hasta un día 11 de mayo. Entonces el airé dejará de ser diáfano y «la Tierra temblará y tragará a todos los espectadores» —otra vez— hasta que Dios y su ejército lleguen para vencer «a la demoníaca criatura que había querido escalar el cielo».

Pero no todo van a ser calamidades y desdichas, que también tiene el destino el capricho de positivar. En este sentido, Nostradamus dejó bien dicho que el hombre podrá vivir hasta los 200 años sin pagar impuestos —no aclara cuál en ninguno de los casos—, que será también capaz de hablar con los animales y que se entenderá con un idioma único.

Aunque no hace falta que ningún profeta, predicador, arúspice, elegido o hechicero diga que hay que vivir en serenidad para ser feliz, quizás las visiones del francés esotérico por excelencia sirvan, al final, para salvar la felicidad de muchos que hasta entonces no se habían parado a pensar que esto puede terminar en cualquier momento.

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