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No me alegro que encarcelen a casi todo el Govern. Y no porque esté de acuerdo con ellos, ni mucho menos.

No me alegro que encarcelen
La jueza Carmen Lamela debe haber pensado: “Como los deje afuera y se me marchen unos pocos más, voy a ser el cachondeo de todos los jueces de Europa”.

Lo que sucedió ayer, no por esperado, deja de ser totalmente impactante. Quizás lo vertiginoso de los sucesos, hacen que uno no salga de su perplejidad.

Recapitulando, hace poco más de una semana, nos levantábamos con un rayo de esperanza cuando tomó fuerza el rumor de que Puigdemont iba a convocar elecciones. Parecía que ponía algo de lógica a toda esta locura, pero no. No, porque pudieron los insultos de “traidor” de sus socios de gobierno y de la CUP. No, porque eso mismo resonaba desde una manifestación que se desvió ad hoc hacia las afueras del Palau. No, porque una vez más se impuso la política de máximos.

Hasta ese momento el Gobierno estaba dispuesto a olvidar todo y “perdonar” la ley del referéndum, y su posterior celebración, y la de transitoriedad, hasta la declaración de independencia interruptus. El pacto constitucionalista estaba dispuesto a jugarse todo a una carta, esto es, unas elecciones anticipadas. Ahora no es que no se lo sigan jugando todo a la misma carta, que sí, pero se me antoja que el escenario va a ser mucho más movido y quizás hasta tumultuoso.

 

No me alegro de que encarcelen a casi todo el Govern

Y no porque esté de acuerdo con ellos, ni mucho menos, o que jurídicamente sean o no merecedores de ello. Creo que esa cuestión se contesta prácticamente sola. No me alegro porque creo que no va a colaborar en nada para templar los ánimos. Tampoco me alegro, aunque algunas cosas me hagan gracia por ingeniosas, de que hagamos leña del árbol caído. En mi opinión, cuando se vence una batalla, no hay que burlarse del rival, en este caso del rival ideológico.

Mucho menos me alegro de que los políticos se crean por encima de la ley y arenguen a las masas a seguirles ciegamente a un tortuoso camino, disfrazándolo de paraíso y de solución mágica para todos los males habidos y por haber de la sociedad.

¿Pero qué está ocurriendo? Que el hartazgo de la gente está pudiendo más que la razón. Igual que en mi último artículo decía que los independentistas están llenos de emociones y vacíos de razones, lo mismo está sucediendo con millones de personas en nuestro país, que se están llenando de pasiones, y ahí ya entramos en un terreno muy peligroso.

Carles, te lo voy a decir en buen castellano: ¡No tienes huevos! No los tuviste para aguantar el chaparrón el pasado jueves y convocar las elecciones, y no los has tenido estos días para quedarte en casa a asumir las consecuencias de tus actos, por muy injustas que te parezcan.

Ya me imagino la escena, quijotesca a más no poder, por no decir berlangesca, echándose a suertes qué Consellers te acompañaban a Bruselas y cuáles no ¿También te lo echaste tú a suertes con Junqueras? ¿Cómo lo hicisteis? ¿Con el palo mas largo? ¿A piedra, papel, tijera? Perdona macho, pero ya te lo dijo el Primer Ministro belga hace un par de días: “…cuando uno declara la independencia, lo mejor es quedarse en casa, cerca de la gente”.

Ahora venga, a meter bulla en la opinión pública internacional, que es la baza en la que lleváis confiando desde el 1-O ¿Pero te das cuenta de que, hasta ahora, no ha funcionado mucho? Quitando, y con matices, a la BBC británica (¿cómo no? los británicos intentando dejar por los suelos a los españoles), no os están haciendo demasiado caso.

Ya te lo expliqué hace unas semanas. Europa mira, y si transige con esto, corre el riesgo de desintegrarse, porque si ya es difícil intentar gobernar una Unión con 28 estados, imagínate con el doble o más estados, y cada uno mirando su cartera.

No sé, quizás todo el resto del mundo, en general, estamos equivocados y no nos dimos cuenta que esto del postmodernismo consistía en involucionar política y administrativamente a tiempos pretéritos. Ya, ya sé que nos consideráis moralmente inferiores y reaccionarios. Pero déjame que te diga que no hay nada más reaccionario que el nacionalismo.

Igual que hace unas semanas hablaba de la enorme contradicción de la CUP, a los que se les debiera suponer un espíritu de lo más internacionalista, ahora me toca hablar de tu incongruencia. Un republicano, como tú, se ha ido a refugiar a un país cuyo régimen es una monarquía ¡Manda narices! Me contestarás que has ido para allá para estar cerca de las instituciones europeas. Pero claro, si siguiéramos con vuestra simpleza y simplismo ¿cómo es posible que un país en el que el Jefe de Estado es un señor que no ha sido votado, albergue la sede de toda la Unión Europea? ¿Cómo el pueblo Belga no se siente oprimido por ese tirano hereditario? ¿Cómo el resto de la Unión consiente tener la mayor parte de su estructura en un lugar tan terrible? Ah, no que Bélgica, a pesar de ser una monarquía, es parlamentaria, ¿no te suena de algo? Lo que no toleras de los borbones, parece que sí lo toleras de los Sajonia-Coburgo-Gotha y vas alegremente a beneficiarte de las leyes de un Reino ¡Acojonante!

 

Entre cobardes, no hay honor

Ahora ya empezamos con el discursillo fácil. Que si en este país no hay separación de poderes. Que si la culpa es del Gobierno. Que si somos los legítimos gobernantes.

Pues nada, para ser tan legítimo, te sobraron minutos para salir por patas. Si, de verdad te lo crees, si de verdad decidiste inmolarte aquellos fatídicos jueves y viernes, te quedas y apechugas. Y de paso no perjudicas tan fehacientemente a los que sí se quedaron. Pero como bien se sabe, entre cobardes, no hay honor. Si alguna posibilidad hubiera tenido el grueso del Govern de no ingresar en prisión hoy, hubiera sido que no te hubieras dado el piro con tu parte de la cuadrilla o, en su defecto, que os hubierais presentado ayer por la mañana. La juez Lamela debe haber pensado: “Como los deje afuera y se me marchen unos pocos más, voy a ser el cachondeo de todos los jueces de Europa”.

Me quedo con las declaraciones de un político ayer mismo, que no te voy a recordar quien es, porque seguro que lo sabes: “¿A alguien le puede sorprender que unos políticos que reiteradamente se han saltado la ley en los últimos meses acaben de esta forma?”. Pues no, creo que no nos puede sorprender, pero cómo digo, a mí no me alegra.

Decía hoy Joan Tardà, con mucha teatralidad: “…hoy es un día negro para la democracia”. Sí Joan, sí que lo es. Como lo han sido el 6, el 7 y el 20 de septiembre, el 1, el 10 y el 27 de octubre. Como lo fue un 23 de febrero de hace 36 años. Y hoy lo ha sido por los anteriores, porque jamás se tenía que haber llegado a este punto. Porque tenemos una clase política incapaz y, cuando finalmente se ponen de acuerdo, lo hacen con complejos.

El otro discurso fácil es el de nombrar todos los males del país para justificar lo que está sucediendo. A saber, la corrupción, la crisis, el contrario en el poder, etc. Señores ¿no nos damos cuenta que al hacer ese discurso caemos en lo que tanto criticamos del “y tú más”?

Mariano ¿No hubiera sido mejor hacer lo que te dijeron los del partido naranja hace ya casi dos meses? Aplicar el 155 desde que se aprobó la ley del referéndum. Quizás los naranjas sabían algo que vosotros no sabíais. Quizás necesitabais que el PSOE se aclarara y te lo confirmaran. Sí, ya sé que no hubiera quedado muy bien, pero peor está quedando en dejarles consumar todo y, ahora, sin remedio, verles tras las rejas.

A mí, personalmente, me entristece mucho no haber errado en mis negros augurios de semanas atrás. Cómo dije entonces, lo digo ahora, toca contener la respiración una vez más, lo que pasa es que nos vamos a ahogar de tanto contenerla.

Sí el 21 de diciembre sale un resultado igual o peor para el bloque constitucionalista (que no lo veo nada descabellado), vamos a ver cómo narices se gestiona eso por parte del Gobierno. También cabe nombrar el desproporcionado sistema de conversión de votos a escaños en Cataluña. Pero claro, no te puedes poner manos a la obra a cambiar eso en el ámbito autonómico, cuando no lo has hecho en el ámbito nacional. Lo que beneficia allí a los independentistas, es lo que beneficia a PP y al PSOE en toda España.

El otro día me decía un amigo catalán, con mucha seguridad en sí mismo, que lo que beneficiaba al independentismo era la abstención, que ahora no se iba a dar tal circunstancia y que se daría la vuelta a la tortilla. Esperemos que otro amigo, este llamado Iván, se equivoque (aunque yo también lo veo muy factible), y no nos vayamos a otras elecciones generales en 2018 que, visto lo visto en las dos últimas, pueden dar lugar a otro vía crucis parlamentario.

Total, que no es para alegrarse, es para preocuparse.

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