Por Raquel Olcoz

Recuerdo aquel 11 de marzo... 191 personas y los fetos de dos mujeres embarazadas murieron en los atentados de Atocha
191 personas y los fetos de dos mujeres embarazadas murieron en los atentados de Atocha

Yo oí la explosión desde mi casa.

Supe que algo tremendo pasaba cuando salí para ir a trabajar y encontré el caos más absoluto en el Paseo del Prado. Recuerdo que no me lo podía creer, no podía creer que fuera real, que pasara en el corazón de una ciudad como Madrid. Era inconcebible que una cosa así pudiera ocurrirle a una persona anónima y limpia, a 191 personas anónimas y limpias.

Recuerdo que llegué a la redacción del programa de televisión en el que trabajaba y empecé a buscar testimonios de supervivientes.

Recuerdo que hablaban con horror del atronador silencio que se extendió sobre los trenes después de las explosiones.

Recuerdo que un chaval que salió vivo de un vagón me contó que había visto un hombre que caminaba dando tumbos por las vías chocando contra las paredes de hormigón porque en las cuencas de los ojos no tenía nada.

Recuerdo a una chica joven que se había quedado sentada al lado de una mujer que le suplicaba que no la dejara sola y le repetía que le dolían mucho las piernas… que no estaban.

Recuerdo a un hombre hecho y derecho que no podía contarme nada porque no conseguía dejar de llorar, y me pedía perdón, y yo solamente podía decirle “no me pida perdón, llore, llore, llore” mientras al otro lado del teléfono lloraba también yo.

Recuerdo que entre las víctimas había una chica embarazada de casi nueve meses y que su bebé, que murió antes de nacer, se llamaba Samuel. Gente con nombre y apellido. Gente como yo.

Recuerdo la indignación de todos.

Recuerdo la marea humana en la Puerta del Sol.

Recuerdo las velas y las flores en Atocha.

Recuerdo la cortina de humo informativa de las primeras horas porque era más fácil echarle la culpa al enemigo común de siempre que admitir que esto era la consecuencia de meterse en camisa de once varas.

Recuerdo el voto de castigo que llegó tres días después.

Recuerdo que ese día me hice mayor, profesionalmente.

Y me hice vieja, humanamente.

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