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En el caso Marta del Castillo, la actitud de Samuel Benitez hacia Antonio del Castillo y su familia va más allá de la carencia de educación y respeto.

Caso Marta del Castillo: dependencia afectiva tóxica en la pareja de Samuel
Samuel

Esta nula empatía e incapacidad de ver el sufrimiento y dolor ajeno es un rasgo de psicopatía más que de cobardía o temor a otros implicados. Y además, se tiene la osadía de insultar a una familia cuya hija asesinaron.

En el caso de Marta del Castillo, no colaboran para saber la ubicación del cuerpo porque no va con ellos. Va demasiado con ellos, de ahí la huida y en numero par, Cuco y Samuel.

Estas personalidades con rasgos psicopáticos buscan parejas con problemas emocionales y apáticas, que constituyan su defensa —se atisba, que a Andrea le afectó la usurpación del lugar de su padre por un padrastro—. Samuel huye porque su conciencia no está tranquila. Coinciden ambos con problemas emocionales que se amparan.

La agresividad que demuestra Samuel es evidente, nunca se reduce a la esfera social sino que se extrapola a la personal y al ambiente de relaciones.

Caso Marta del Castillo: dependencia afectiva tóxica en la pareja de Samuel
Samuel | Imagen: twipost.com

En un comienzo de la relación son conquistadores y encantadores para captar el cariño de la pareja. Heridas emocionales. Ella ha vivido una pérdida —su padre—, y el está implicado en una pérdida o muerte. Vulnerabilidad en la mujer con necesidades de que alguien le escuche y entienda, aunque el futuro demuestre no es la persona adecuada.

En una especie de síndrome de Estocolmo o dependencia afectiva todas las acciones de su cómplice sentimental, a pesar de que sean las más contra natura y aberrantes, son justificadas —como una especie de ceguera o venda en los ojos—.

En ocasiones suele haber violencia física o verbal, pero vuelve el conquistador y de nuevo se disculpan sus acciones. Incluso se avanza en la relación con una posible unión o paternidad, hasta que haya un callejón sin salida.

A veces las excentricidades se justifican porque así son los artistas y escultores —la locura se confunde con genialidad—.

Estas heridas emocionales del pasado en ambos, hacen que la pareja empatice frente al mundo. La confianza es tan plena que raya en la paranoia, instaurándose un apego emocional muy tóxico, no viendo más allá de esa persona.

Con los cambios hormonales del embarazo, aumenta la conexión a la pareja —no es raro que adopte una visión patológica del mundo—. Suele llegar en la depresión postparto, los llantos del bebé que inestabilizan a quien se dice escultor y empezarán las discusiones.

El tiempo será la mejor escuela y sería importante esculpirse a uno mismo mentalmente y empezar de cero sacando a la luz la verdad, esa verdad que hiere y nos delata.

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