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El calentamiento global viene de lejos, lo mismo que los humanos. Ambos, en la Patagonia detonaron la bomba extintiva que ocasionó la desaparición de los grandes animales que campaban a sus anchas por la Argentina de los tangos y por el Chile de Rapa Nui.

Megafauna cuaternaria
Megafauna cuaternaria

El periodo Cuaternario ha registrado cinco edades de hielo en los últimos 2,5 millones de años. La primera etapa en la que se ha divido este periodo terminó hace poco más de 12.000 años. Era el Pleistoceno, el final de la Edad del Hielo. Después, las temperaturas cálidas favorecieron los asentamientos humanos que conducirían a la civilización, extendiéndose la segunda de las etapas cuaternarias, el Holoceno, hasta nuestros días. En este contexto, y echando la vista atrás 12.280, más o menos, fue la combinación entre cerebro y naturaleza lo que terminó con la megafauna sudamericana de aquel entonces. El cinematográfico gato dientes de sable o el enorme oso de cara corta fueron algunas de las especies que, mala fortuna, no llegaron a nuestro siglo.

Un suspiro geológico

Evolutivamente, uno de nuestros días se puede asemejar a cientos de años del pasado. Dicho esto, no hay que tomar al pie de la letra —sobre todo los de andar por casa— el carácter cuantitativo del tiempo geológico. Cientos de años es hoy un suspiro, que fue el que tardó el binomio hombre-naturaleza en producir la «tormenta perfecta» que truncó el desarrollo de estos animales de la Patagonia. El primero lo hizo con sus rápidas migraciones a lo largo del par de Américas, y el segundo con las idas y venidas de sus grados centígrados.

Así lo cuenta el equipo de investigación de Alan Cooper en Science Advances. El investigador ha clasificado la Patagonia como la Piedra Roseta para entender el periodo correspondiente a la Última Glaciación. Y lo ha hecho después de estudiar el ADN óseo de algunas especies en diferentes cuevas de esta región, concretamente en la de Fell, que es «uno de los primeros lugares del mundo donde la evidencia arqueológica de caza se asoció con restos de megafauna».

Los hielos que vendrán

En otra publicación científica, Nature ha estudiado la probabilidad de que la tierra entre en otro periodo glaciar. Aunque según Buizert «la última deglaciación es un ejemplo natural del calentamiento global y el cambio climático», la desastrosa evolución climática a la que estamos llevando, entre fulanitos y menganitos, a nuestro planeta no parece indicar que esto ocurra. Más allá, el calentamiento global que nos ronda retrasará 50.000 años este fenómeno.

Es un periodo cálido el nuestro en el que debemos afanarnos en proteger nuestra Naturaleza si no queremos que los del futuro vean en las cucarachas nuestra fauna más representativa. Nada en contra de estos insectos, quede claro.

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