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De sangre porque su extracción termina con la vida de muchos congoleños. El coltán ha desplazado a casi tres millones de africanos

El coltán ha desplazado a casi tres millones de africanos
El coltán ha desplazado a casi tres millones de africanos

El precio que se tiene que pagar por el avance tecnológico se llama vida. El coltán es un mineral utilizado en la fabricación de muchos de los dispositivos de última generación que se llevan hoy en el bolsillo. También en otros presentes en la mayoría de los hogares del mundo. Teléfonos móviles, pantallas de plasma, cámaras de fotos, videoconsolas, todos precisan de coltán para su funcionamiento.

El problema es que el mineral está presente en una tierra castigada por la violencia social y política. A pesar de que la presencia de un material tan demandado debía traer fortuna para la República del Congo, la realidad es muy distinta. En su lugar, los congoleños reciben las gracias en forma de masacres y esclavitud. Las mafias internacionales vigilan las minas de coltán con una guardia feroz y haciendo caso omiso a todos los derechos humanos.

Un minero congoleño suele recibir en torno a 10 dólares al mes por su trabajo. Sin embargo, cuando el coltán llega al primer mundo, se puede llegar a vender hasta por 500 dólares el kilo. Donde la miseria es tan habitual como la puesta de sol, el hombre tiene que atender lo que sea para llevar comida a la mesa. Por eso, los oficios de agricultor y ganadero son abandonados en el Congo y sustituidos por la minería esclava.

Mina de coltán en Rubaya
Mina de coltán en Rubaya

Y Europa hace la vista gorda. África hierve en lucha desde que el mundo es mundo; también por el coltán, mecha de algunos de los conflictos fronterizos más cruentos. Y una guerra trae desplazamientos, hambre y miseria. Con la explotación del turismo descartada, los congoleños se concentran en torno a las minas de este material. Todo ello supone una depravación de los suelos congoleños, así como de la fauna propia de este país africano.

Con la cara vuelta hacia el otro lado, en Europa se disfruta a manos llenas de la tecnología que pone en funcionamiento el coltán. Para muchos es el consumismo exacerbado; algunos aluden al reciclaje como solución; otros alegan que la falta de información impide saber de dónde y cómo se extraen los componentes de nuestros smartphones.

Sea como fuere, y teniendo en cuenta la paradoja de la «maldición de los recursos» que explica cómo los países más ricos tienen menores beneficios económicos, el coltán y el resto de los denominados «minerales de sangre» no tienen reemplazo en la actualidad, con todo lo que eso lleva aparejado.

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