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Trucos y dietas para conseguir la extrema delgadez en webs que animan a dejar el cuerpo en los huesos. ¿Dónde está la legalidad?

La web que en castellano da consejos para adelgazar hasta la muerte está rodeada de cuerpos esqueléticos
La web que en castellano da consejos para adelgazar hasta la muerte está rodeada de cuerpos esqueléticos

Dos denominaciones en clave, una para la anorexia y otra para la bulimia. Alusiones concretas de nombres de mujer que personalizan ambas enfermedades. Internet es una mina.

Pero no vamos a nombrarlas aquí. No es moral. El más famoso de los blogs que se dedican a expandir con alegría la idea de que «nada sabe tan rico como ser delgada», presenta a cara descubierta los mejores trucos para que hombres y mujeres, niños y niñas, consigan castigar su cuerpo hasta que sea solo pellejo. Consejos que pueden llevar a la muerte o a terminar con terribles secuelas físicas y psicológicas para el resto de los días. ¿Es legal animar a una persona a caminar hacia su tumba? Si cabe, con más gravedad por el hecho de estar dirigido a personas vulnerables desde el punto de vista psicológico.

La web que en castellano fomenta la anorexia y la bulimia está acorralada por decenas de fotografías de cuerpos esqueléticos, famosos y propios. Algunas ríen, otras no muestran la cara, pero todas representan lo que a juicio de su autora —porque dice que es mujer— simboliza el ideario de belleza física: huesos, huesos y más huesos.

Respecto a esto, a su autora, hay que decir que existe una pestaña en el blog en la que ella explica cómo comenzó a envolverse en el mundo de la anorexia. Al parecer fue un mal amor adolescente lo que le empujó a negar la comida para conseguir caminar sobre unas piernas de hilo. De manual: chico conoce a chica, chico y compañía humillan verbalmente a chica —«Me llovían insultos de todo tipo. Me decían que era una cerda, una estúpida, una hipócrita, que tenía los brazos de un albañil»—, chica cae hasta creerse una «asquerosa cerda». Entonces, ¿son los factores exteriores los responsables de que la autoestima de una quede por los suelos o solo una vía de escape por la que derramar la valoración negativa que la persona ya tiene de antemano?

Como fuere, no son tan alarmantes los consejos que se dan desde el blog —y que tampoco vamos a mencionar aquí— como la cantidad de solicitudes de chicas y chicos que quieren que su dueña les ayude a ser los perfectos anoréxicos y bulímicos. Ruegos desesperados por lucir en esqueleto y súplicas que quieren agarrarse lo más bajo posible en la balanza, cueste lo que cueste.

Serán muy desgraciados

Pero las webs no les dicen que su vida no mejorará y que, más allá de la salud física, la abstinencia alimentaria destrozará su cabeza. Nadie les cuenta que aunque consigan estar bajo el umbral corporal de lo humanamente soportable, no se sentirán mejor, no se verán mejor y no serán más felices. Muy al contrario, vivirán con una pena inmensa que no desaparecerá con nada, se acostarán desdichados y se levantarán miserables día tras día. Serán muy desgraciados.

Porque la anorexia y la bulimia siempre quieren más y no les basta con los kilos. Tanto que quienes las padecen, también pierden el cabello, destrozan su piel, aniquilan su masa muscular, abrasan sus gargantas, se quedan sin dientes o impiden a sus riñones funcionar como deberían debiendo pasar el resto de sus días enchufados a una máquina. La anorexia y la bulimia niegan el derecho a ser madres, debilitan los huesos hasta que se rompen, despedazan el esófago, ulceran el cuerpo y detienen el corazón. Y eso ya no se arregla volviendo a comer.

«Si hay que robar para comer, se roba»

Eva recuerda perfectamente el primer día de un infierno que para ella duró casi 13 años: «Cierro los ojos y veo cómo fue la primera vez que fui a vomitar al baño. Incluso sé qué había comido». Hoy, ronda la treintena. No cuenta el porqué, pero sí su experiencia que, según ella, ha sido «la más destructora de toda su vida. Y he pasado muchas épocas malas».

La bulimia, como tantas otras enfermedades, empieza poco a poco. Uno no se sumerge de lleno en el trastorno: «Un día te miras al espejo y comprendes que se te ha ido de las manos. No puedes levantarte, caminas despacio, tu vista se pierde y tu corazón late sin control. Te has vuelto loca. Entonces no imaginas tu vida sin ella —la bulimia— porque has asimilado tanto la enfermedad que no encuentras fuerzas en ningún rincón de tu cuerpo. En ese momento, en frente del espejo, tampoco quieres buscarlas».

Porque la bulimia no deja espacio para la esperanza. Eva nos cuenta que lloró hasta que no tuvo lágrimas: «Durante 13 años fue tan grande el vacío que sentí dentro de mí, que solo quería terminar con todo». Ambas enfermedades, bulimia y anorexia, se ceban con la psique de sus víctimas. La depresión, la ansiedad y la amargura patrullan por el cuerpo a sus anchas hasta que la comida es sustituida por la desesperación. Entonces se busca salida por otro sitio: «Puedes llegar a recurrir al alcohol para olvidar», siendo esto un peligro añadido de una importancia quijotesca:

«Destrozas tu vida, pero también la de quienes te rodean. Si hay que robar para comer, se roba; si hay que mentir, se miente; si hay que humillar, se humilla. Tu cabeza está fuera de control».

Pero ella ganó. Eva salió de su infierno por su propio pie, algo que no es nada habitual: «Me costó parte de mi vida social porque es difícil comprender desde fuera qué te lleva a no querer comer. No se entienden tus cambios de conducta, muchas veces porque tampoco se quiere entender. No puedes esperar que alguien actúe por ti porque es muy difícil tener ángeles de la guarda».

A pesar del maltrato físico y psicológico al que se sometió por propia voluntad —al menos al principio—, Eva levanta la cabeza:

«Miro al pasado y veo todas las oportunidades que se me fueron por el retrete, todo el tiempo perdido y todo el daño. Fueron 13 años, muchos días, mucho tiempo. Pero estoy orgullosa de haber sido capaz de salir del infierno. Ya no recordaba la vida. Ahora la veo delante de mí y la quiero toda».

Las redes sociales cuentan con cientos de perfiles de chicas y chicos que odian su cuerpo con todas sus fuerzas: «La gordura duele», dice una mientras muestra torsos encostillados y piernas famélicas. «Estaba/estoy tan dopada del clonazepam que no pude encontrar nada para cortarme y no entiendo nada» u «odio no poder disfrutar de tantas cosas por ser una gorda inútil». A ellos hay que contarles que son igual de bonitos que el resto y que la belleza no es la que se impone, sino la propia felicidad. Porque de nada sirve un cuerpo si no quedan fuerzas para sostenerlo.

¿Dónde está la legalidad en la acción de empujar a alguien hasta la muerte?

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27 Comentarios

    • ¡Hola Dolores!
      La anorexia y la bulimia matan. Y lo hacen porque, lamentablemente, la atención sanitaria llega cuando la/el enfermo está en condiciones extremas. No hubiese sido coherente ilustrar el artículo con una imagen en la que el peligro no estuviese implícito.
      ¡Un saludo!

    • Cualquier título puede ser bueno cuando se trata de llamar la atención y hacer recapacitar a la sociedad sobre esta lacra; incluidos aquellos en tono irónico y acompañados de una imagen que lo ilustra a la perfección. Se sobreentiende que el lector lo sabe interpretar.

      Un cordial saludo.

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