4.92/5 (63)

Es un premio de miles de euros que circula por los correos electrónicos de medio mundo cuyo donante es Rotary Internacional, un club enigmático en lo que a popularidad se refiere

«La organización de los rotarios no da nunca dinero, lo dedica a causas sociales» | RotaryBadajoz
«Rotary no da nunca dinero, lo dedica a causas sociales» | RotaryBadajoz

A través de un e-mail uno puede hacerse millonario sin comerlo ni beberlo. Es por eso que hablamos de Rotary Internacional, un club exquisito y privado que hace el bien sin mirar a quién y que parece ser el supuesto encargado de desembolsar hasta 275 mil euros. ¿Hechicería? No, solo engaño.

Uno visita la web de los rotarios con los recelos propios de quien se huele que no es oro todo lo que parece. Entonces comienza a informarse. Que Thomas Mann, John F. Kennedy o Stephen Hawking hayan formado o formen parte de sus filas no tiene más significado que el gusto por extender la mano a quien más lo necesita.

No. No hace falta ser rico para pertenecer a un club rotario. Basta con ser un profesional vestido con ética «en mayúsculas» y que esté dispuesto a donar, en un ambiente distendido, parte de su tiempo a labores filantrópicas. Trabajos que tienen, como todo, un coste económico añadido que varía según el club. En el de Ricardo, coordinador de la Imagen Pública de Rotary en España, 80 euros mensuales con los que «pagamos nuestra pertenencia a Rotary Internacional —30 dólares al año— y todas las cenas, cuatro, de las reuniones semanales».

Selecto sí puede ser en lo que respecta a la admisión: uno tiene que ser invitado para pertenecer a Rotary. Por cierto que se puede dejar de ser rotario en cuanto el miembro lo desee, «salvo que se le haya expulsado de la organización por falta de compañerismo o de ética. No hay vinculación vitalicia», nos aseguran.

El secretismo quedó atrás

Hablando con Ricardo, de la propia experiencia nos surge la primera pregunta: ¿Cómo una organización que alberga 1.245.000 integrantes difuminados en más de 200 países y más de 35.000 clubes puede pasar desapercibida? Es aquí donde el imaginario colectivo, el periodístico en particular, extiende sus alas.

Mucho se ha dicho de la relación de Rotary con la masonería, sin duda por la inseguridad que provoca lo prohibitivamente desconocido. Emblemas, jerarquías y secretismos que caracterizan los más ansiados tipos de sociedades y que, en el caso de Rotary, están a flor de piel. La explicación de este desconocimiento, al menos para España, la encuentra quien mira por el retrovisor cultural. Es la Historia, y esta, en términos democráticos, sólo puede ser una, el franquismo:

«Rotary desapareció durante los 40 años anteriores a la Democracia. La estructura se redujo a cero debido a las leyes que prohibían el asociacionismo, de ahí que nuestra presencia se haya producido en los últimos años. Ese es el motivo principal del desconocimiento de nuestra organización en España».

Y ya que entre organizaciones andamos, es cosa obligada sacar a colación al Opus Dei. Lo es, entre otras, porque ya en 1988 hubo quien preguntó a otro de los miembros del Club por la inclusión de aquellos integrantes en Rotary. Entonces parecía que ambas organizaciones, al menos en lo que respectaba al Opus, no casaban en un buen puzle: «Algunos miembros que tenían intención de formar parte de nuestro club, desistieron ante la prohibición de sus superiores», declaraba entonces Rafael Fernández, presidente del Rotary Club Barcelona-Diagonal. Hoy, Ricardo nos cuenta que «no le consta», y resalta, como entonces, las buenas relaciones que su Club mantiene con la Iglesia:

«Nuestro Papa Francisco es —o fue, ya que no se si ser Papa tiene incompatibilidades (ironía)— Rotario de un Club de Buenos Aires. De hecho, el pasado año concedió una audiencia pública y luego privada a los Rotarios en Roma. Sin duda es una muestra de que la Iglesia sabe que no hay ocultismo en nuestra organización».

Una estafa millonaria en nombre de los rotarios

Todo esto viene al caso por una serie de correos electrónicos que circulan por el universo virtual, y que hacen a quien los recibe ganador de una suculenta y vistosa cantidad económica que llega a su vida por arte de magia. También cosa de meigas es la tómbola por la que ese destinatario, afortunado donde los haya, ha sido elegido para llevarse a casa 275 mil euros. Casi nada.

El mensaje en cuestión incluye un pdf que se encabeza con el logotipo de Rotary Internacional —que también aparece en el asunto como Carta Confirmation Rotary Club Internacional 2017—, se ilustra con varias fotografías en las que se muestran felices y contentos supuestos rotarios entregando cheques a diestro y siniestro, y un reglamento muy jaranero de la tómbola en cuestión. Por cierto, hay que ir a Burkina Faso a recoger los billetes.

Después de asegurar que «se trata de una ganancia fiable», el mensaje, firmado por un tal Luc Anderson, pide rellenar un formulario básico de datos personales y reenviarlo después «inmediatamente a Maestro Pierre Derboniti —foto incluida—, que es el alguacil que supervisó esta tómbola» y el encargado de entregarle su premio. En el correo de vuelta hay que incluir el código CI 0545-721. Entonces la rueda comienza a girar. Porque una vez hecho esto, recibirá otro más en el que se le pide, según testimonios, 139 dólares por gastos de gestión.

Dejando a un lado lo sospechoso de que alguien dé duros a cuatro pesetas, obviando los quijotescos y ridículos errores de traducción automática y, para cándidos, quitando que en el mensaje no aparezca ni una sola vez el nombre del supuesto ganador, considerando además que nadie ve credulidad en una tómbola imaginaria que no se menciona en parte alguna, uno se pregunta por qué en nombre de Rotary. Ricardo responde muy amablemente:

«Rotary no da nunca dinero, lo dedica a causas sociales y a proyectos humanitarios. Así que no se dejen engañar y, mucho menos, tomar el pelo. Sin duda, usar el nombre de Rotary abre puertas en casi todo el mundo, quizás por ello el tal Luc Anderson usa el nombre de Rotary para embaucar».

Lo más absurdo del asunto, sin duda, es el llamamiento que se hace para que uno escape lo más lejos posible de los timos que circulan por la realidad virtual. El correo se echa la manta a la cabeza y, tras pedir que no se haga pública la ganancia del premio —por cierto, con una de esas traducciones al castellano que tiene más que ver con el siglo XIII que con este—, dice así textualmente: «Es una parte de las medidas de precaución para evitar los casos de doble pretensión de ganancia y el uso abusivo de este programa por algunos elementos sin escrúpulos. Sabe también que muchas formas de timos se forman a partir de este juego varias redes lo utilizan para poder obtenerse dinero y tomamos todas las disposiciones para par eso entonces hechas aferremos con el bichero». Bichero, ahí queda.

Pero Rotary no es una ONG

No hace falta ser rico para ser rotario, aunque haya ricos entre sus miembros: «No somos elitistas, somos personas normales haciendo cosas extraordinarias, ya que, entre todos, podemos». Tampoco es una ONG, aunque lo parezca. De ella se diferencia, según Ricardo, en tres aspectos principales: donación, ética y un mayor ratio de eficacia por prescindir de infraestructuras.

Aunque cueste encontrar la delgada línea que las separa por cuanto se supone que la ética está presente en todo proyecto filantrópico que se precie y que la donación de tiempo y conocimiento, siempre altruista, es base de igual modo en todo fin humanitario, el ahorro en infraestructura sí puede ser un añadido para que la línea sea más visible: «Rotary aporta al ‘beneficiario’ final sin pasar por intermediarios y sin sostener costosas infraestructuras que a veces consumen en su sostenimiento el 40, 50, 60 y hasta el 70% del dinero que se entrega por el donante». Este hecho hace que «llegue al destino entre el 95 y 98% del dinero que se aporta para los proyectos humanitarios».

Así es que no, no se dejen engañar. No piensen que los millones caen del cielo y miren hacia arriba solamente para vislumbrar la certeza de que nadie da duros a cuatro pesetas, que no es lo mismo que dar por dar. En este sentido, entre los logros de los rotarios, por ejemplo, se encuentra la erradicación casi absoluta de la polio después de vacunar a 2.500 millones de niños.

Valora este artículo