Los cuentos de hadas

4.5/5 (4)

En los cuentos de hadas nos han hecho creer que poder, belleza y bondad eran tres cosas inseparables

Cuentos de adas
Los que nos gobiernan están hechos de la misma materia que los demás, pero tienen una desmedida y patológica ambición | Imagen: ©Valerie Tabor-Smith

Las princesas y los príncipes de los cuentos eran todos guapos y buenos. Ese imaginario está en la mente de todos los que leímos cuentos de hadas cuando éramos niños. Nos han hecho creer que poder, belleza y bondad eran tres cosas inseparables. Y así lo creímos.

Más tarde hemos descubierto, mirando a los príncipes de hoy, políticos, banqueros, presidentes de corporaciones, diplomáticos y otros con sus rostros sonrientes, satisfechos, bien hidratados y nutridos que el poder está bien arraigado en sus cabezas, pero la belleza y la bondad andan perdidas cada una por su lado. Entonces cansados de mirar y no ver nada, empezamos a escuchar para creer en ellos, para tener conciencia de que su destino, su trabajo y sus pensamientos estaban unidos a los nuestros.

Lo que pasa es que sólo escuchamos lo que ellos quieren que oigamos y a nosotros todo lo que dicen nos suena falso. Es muy difícil entrar en sus torres de marfil o en sus salones porque están reservados sólo para ellos, viven en un mundo paralelo al nuestro y nunca se tocan. Están muy bien custodiados porque pretenden que todo lo malo de sus vidas quede oculto y lo poco o lo mucho bueno que hay en ellos se airee, se publique y se comente.

La publicidad, ese invento moderno que sirve para todo, nos vende esa belleza efímera de buenos trajes, buenas maneras y blancas dentaduras en las portadas de los telediarios y de las revistas y magazines. Igual que en los cuentos, nos engañan y nos distorsionan la verdad. Parece que no es bueno saber que muchos de los que nos gobiernan tienen grandes defectos y pocas virtudes, que están hechos de la misma materia que los demás, pero tienen una desmedida y patológica ambición.


Por eso, como en los cuentos para crear tensión, inventaban actores secundarios; madrastras, hermanastras, brujos, dragones, ahora nos enseñan a todas horas las guerras lejanas, las catástrofes, los sátrapas, los villanos y malvados de otros mundos que hacen de contrapunto con lo que tenemos aquí y favorece la relativización y la tolerancia de los muchos delitos que cometen nuestros príncipes de hoy.

Valora este artículo

A %d blogueros les gusta esto: