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Cobarde. Porque no he visto ni un solo político correr por las calles de Cataluña enarbolando su bandera, esa que tanto quiere, la que sea

Porque no he visto ni un solo político correr por las calles de Cataluña | einesceo.cat
Porque no he visto ni un solo político correr por las calles de Cataluña | einesceo.cat

Nos manipulas. A nosotros, el pueblo, a tu antojo. Nos azuzas a la calle para luchar por tus caprichos, que son los de un dirigente escondido en búnkeres de promesas forjadas. Nos haces odiar, maldecir, detestar. Nos invitas a batallar en pro de una democracia que mueves suspendida de un hilo ante las narices del pueblo, tu pueblo, dices; mis burros, piensas.

Bajo tu doctrina, educados en tu falsa moral, adiestrados para nada por los tuyos, políticos amantes de la inflamación, la infección y el enquiste que no quieren escuchar, no quieren cambiar la Constitución, no quieren dialogar. Algo habrá por ahí que no les deja.

El gobierno ha enviado a 10.000 policías y guardias civiles a defender una España que él no conoce. El Govern, a semejanza, ha encendido a miles de catalanes para luchar su falsa revolución como brazo armado de la política. Cobarde. Los has utilizado. Porque no he visto ni un solo político entre todas esas personas, que son tus señuelos, el cebo en el que pica el otro, el trueno que desata la ira y el odio visceral hacia el compañero que está siendo tambaleado por los mismos hilos, los tuyos. Algo habrá en el etéreo mundo del poder cuando no te quitas la americana para bajar al suelo junto a tus cuarteleros, que también van de uniforme, no lo olvides. Los has vendido.

Y nos lanzas los unos contra otros, nos pones los dientes largos. Entonces nos mordemos y sangramos sobre esa tierra que nos haces sentir como propia. Y no cabes de gozo en ti. Fabricas mártires, construyes soldados para venir después con el traje de gala, compungido de postín, a recoger los frutos que sacian tus antojos. Pero nunca te cebas.

No. No he visto ni un solo político correr por las calles de Cataluña enarbolando su bandera, esa que tanto quiere, la que sea, con la boca bien abierta. Tampoco concediendo libertades de pensamiento, arrimando el codo a ras del suelo, vociferando consignas con la voz en grito o pegando pasquines. No te he visto sudando la gota gorda. Ni siquiera en la Historia, la tuya, esa que tanto modelas, la que pegas y recortas, la que borras, reescribes y escondes.

La de hoy ya no es la Cataluña de ayer. Nunca lo volverá a ser porque tú, político, así lo has querido. Les entiendo, al catalán de ideología y al guardia civil de disciplina. Sé de la guerra. También la oigo, como tú, desde la retaguardia. Pero en lo inmenso de la diversidad, entre blancos y negros, derechas e izquierdas, extremos y centros, no veo a ningún político diferente del otro. Algo habrá.

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