La finalidad de este grupo clandestino habría sido la de ofrecer a sus compatriotas un lugar de privilegio en las listas de espera a la hora de conseguir un tratamiento de diálisis (terapia sustitutiva tras pérdida del órgano o el fallo de éste) o un trasplante de riñón.

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La operación “Renibus“, integrada por ciudadanos búlgaros que se acercaban a los hospitales españoles animados por el riñón de sus paisanos, es el nombre dado a la desarticulación de una banda criminal que venía accediendo a los sistemas informáticos de la Seguridad Social desde el año 2015.

Precisamente fue el elevado número de éstos en las tediosas listas de espera, 14 en total, lo que habría alertado a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), quién lo puso en conocimiento de la Guardia Civil. Eso, y los contratos de trabajo virtuales que alguno de ellos había presentado en la Seguridad Social. A pesar de la celeridad de la investigación, el resultado de esta operación contra el turismo sanitario ha finalizado con 20 detenidos y con 6 de esos búlgaros volviendo a casa con un riñón recién estrenado.

Por ser el mismo órgano, es inevitable mencionar aquí el caso de aquel ciudadano marroquí al que los Radosavljevic quisieron extirpar el riñón por requerimiento del hijo del jefe de este clan serbio. La víctima fue retenida y escarmentada al negarse, una vez inmersa en el ciclón de pruebas clínicas, a dejar escapar su riñón.

España encabeza las donaciones de órganos en el mundo. La ONT registra un ratio de 34,6 donantes por millón de población, cifra que triplica los que se registraban cuando ésta fue creada. Aunque «los inicios del trasplante renal fueron bastante más confusos, tanto por el origen del órgano trasplantado (animal, persona fallecida o donante familiar) como por la técnica empleada», de los 4.769 realizados en 2015, 2.905 han sido renales, y de éstos, 1.162 hepáticos, 299 cardíacos , 294 pulmonares , 97 de páncreas y 12 intestinales.

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