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La precariedad laboral que se estila en las grandes superficies españolas hace que en Fnac, por ejemplo, se libren solo seis fines de semana al año, que tiene más de 50

En España, los trabajadores de Fnac no convienen con sus condiciones laborales | Adslzone
En España, los trabajadores de Fnac no convienen con sus condiciones laborales | Adslzone

Paso a paso. Fnac ha levantado su imperio poniendo un pie delante del otro por el camino del devenir empresarial. Primero, la fotografía; después, la música y la literatura; más adelante, el cine, y, por último, la parafernalia electrónica que forma la musculatura de los hogares casi mundiales: una plancha para dar candela a los brazos, una tele para que la vista bisbisee, un secador para peinar las puntas al cerebro.

Este peregrinar ha dejado en las arcas de Fnac unos beneficios pasados de 74 millones de euros, que dan para bastante más que para un viaje de ida y vuelta a algún pueblo de la sierra norte cacereña, por ejemplo. Sin perder de vista la debacle del sector de la música y del cine que se ha visto morir en una de sus mitades, la cadena ingresó en 2016 un 39 por ciento más que en el ejercicio anterior, facturando en torno a los 7.400 millones de euros. Para que los ceros de la cartilla se multipliquen como conejos, hay que ir con los nuevos tiempos.

En las tiendas de Fnac entran una media de 13 millones y medio de personas por mes, uno de cada tres españoles, vamos. Este trasiego popular la convierte en la segunda fuerza electrónica en Francia:

«Fnac ha abierto 27 tiendas en 2016 (contra las 15 de 2015), incluyendo siete internacionales […]. Darty abrió 40 tiendas en 2016, incluyendo 36 de franquicia en Francia (contra las 24 de 2015) y tres en Bélgica».

Se aclara que Darty es una empresa de menaje comprada por la Fnac en 2016 por 858 millones de euros.

 

La cultura de la explotación

Fnac se desparrama por la geografía patria en forma de 30 tiendas gestionadas por 2.000 trabajadores. Como manda el éxito, se prevé que en 2022 el número suba a 50, lo que añadirá 30 empleados más a esos 2.000, que pocos parecen. Aquí entra de plano el tema de la venta online, que supone el 10 por ciento de los beneficios de la cadena. Dedicarse al universo virtual ha permitido a Fnac reducir el tamaño de sus locales, y, con ello, meter la cabeza en ciudades de pequeño tamaño donde hasta hace poco era impensablemente rentable su mercado. Eso se traduce en más ceros.

Pero en España los trabajadores de Fnac no convienen con sus condiciones laborales, explotadas, según escriben una y otra vez en un perfil de Twitter creado para denunciar la mala praxis laboral de la cadena francesa:

«Contratos de 20 horas por 500 euros, trabajo gratis en domingos y festivos, y seis fines de semana libres al año».

Dicen que es la cultura de la explotación, y se sienten abandonados por los sindicatos. En este sentido, en mayo de 2017, Anged, la patronal de las grandes superficies en España —aquí entra Fnac—, pactó en Madrid con UGT, CCOO, Fasga y Fetico un nuevo convenio colectivo para intentar frenar las embestidas de Amazon, la belicosa comercial que está ganando la batalla por el negocio online.

Internet es imparable y no tiene horarios. Uno puede comprarse esa plancha fortalecedora de brazos el sábado a las 3 de la mañana mientras se quita la legaña con la manga del pijama. ¿Y qué hacen en la retaguardia? Enfrentar la guerra mejorando «la atención al cliente y el servicio. Y eso solo se puede hacer con trabajadores, no con máquinas». Lo decía el presidente de la patronal, Alfonso Merry de Val.

Pero los empleados de Fnac han visto en ese convenio, que tachan de precario, un agravio personal a sus condiciones laborales, más aún cuando el 30 de junio del 2017 UGT ponía el grito en el cielo por la reabsorción del complemento salarial tras haber firmado el convenio de Madrid:

«CCOO-UGT-FETICO firman el convenio que nos birla los tres primeros días de baja y la subida salarial, y se quejan de que FNAC lo haga… […] Nos toman por tont@s…».

Buena gana de pensar en la jubilación

Patronal, sindicatos y directivos del gigante francés piden más trabajo, pero, ¿a qué precio? A uno bajo, muy bajo, bajísimo:

«No cobrar los domingos y perder del complemento la subida salarial según CCOO-UGT es para frenar a Amazon. ¿Y cómo frenan mi precariedad?»

El convenio dio luz verde para que se restase de cada nómina la subida salarial de 22 euros. Esos sí que no dan para un tour campestre a la serranía cacereña:

«Necesitamos urgentemente una actualización de nuestro salario base, congelado prácticamente desde 2009 y hasta 2016 y disminuido desde 2013 cuando los firmantes del último convenio de la vergüenza nos aumentaron la jornada anual hasta en 28 horas por el mismo salario»

Mientras, en el elíseo del poderoso se suben las persianas con alegría y su presidente se mete al bolsillo 18 millones de euros al año. Pero, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Porque estos contratos de media pensión se hacen bajo el amparo de la legalidad. Fnac y el resto de empresas que pernoctan en los grandes almacenes cumplen lo que España les demanda, que es poco más que trabajar casi gratis. Vamos, es casi trabajar.

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5 Comentarios

  1. El anexo a la noticia dice “error 404”, pero no hay que ser experto para darse cuenta que las personas trabajan horas extras porque quieren, si saben que más bien van a ser tratadas casi cual esclavas. A menos que se trate de empleos como meseros, ya que no les queda más remedio (debido a que no son profesionales graduados o no encuentran empleo en sus respectivas áreas).

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