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Entrevista a Santiago Trancón, impulsor de dCIDE: “La izquierda está ideológicamente desorientada, casi descarriada, en el tema nacionalista y en todos los temas identitarios.”

 

Entrevista a Santiago Trancón, presidente de dCIDE
Santiago Trancón, presidente de dCIDE

 

El pasado mes de julio, este paisano mío de la tierrina, evocando a nuestro común origen leonés, me dio la oportunidad de poder conocerle y entrevistarle para conocer más de cerca su proyecto, en una larga e interesante conversación que ahora comparto para igual conocimiento del lector, que espero que sea tan de su agrado como lo fue, en su día, del mío.

 

¿Cómo nace dCIDE y quiénes son sus impulsores?

Los impulsores iniciales somos Antonio Robles, un antiguo resistente en Cataluña, que estuvo en Ciudadanos, desde su fundación, fue su primer secretario general, y luego estuvo en UPyD, durante todos los momentos más críticos de la resistencia y de la oposición al nacionalismo en Cataluña, y yo, que estuve ligado al PSOE.

El punto de partida del partido es la preocupación por la situación actual de España y el comprobar que la izquierda está ideológicamente desorientada, casi descarriada, en el tema nacionalista y en todos los temas identitarios. De ahí, nace la preocupación de que tiene que haber un partido dentro de la izquierda que sea capaz de superar todas esas dificultades, esos desvaríos, y volver a retomar un sentido de la izquierda totalmente actual, nuevo, renovado y que sea capaz de unir la idea de nación, de España, con la defensa de los valores tradicionalmente reconocidos a la izquierda, donde la igualdad es el principio fundamental, y procurar por todos los medios que las desigualdades de origen político y social no se instalen a través de la consagración de privilegios territoriales, económicos o políticos.

 

El partido se define, por su propio nombre, como de centroizquierda, pero, ¿sigue alguna ideología en concreto? ¿Es socioliberal, socialdemócrata o hace un barrido generalizado por todo el espectro del centroizquierda, como hace el Partido Democrático de Italia?

Primero, debemos distinguir entre ideología e ideas. No creemos que un partido tenga que tener una ideología, porque una ideología es un conjunto cerrado de ideas, que acaban siendo creencias y dogmas, y si quitas una, se derrumba todo. Entonces, es muy distinto decir que tenemos principios e ideas, coherentes, a decir que tenemos una ideología, ni de izquierda, ni de derecha, ni de nada.

Tenemos ideas. Esas ideas, se sitúan en el campo tradicionalmente referido a la izquierda, pero como un marco conceptual que existe en la sociedad, que no nos inventado nosotros, que proviene ya de la Revolución francesa y que sigue funcionando en los esquemas mentales de la mayoría, que saben perfectamente que hay una derecha y una izquierda, aunque no lo puedan definir.

Nosotros partimos de ese hecho y nos situamos en el espacio de la izquierda, ¿por qué? Porque es ahí donde hoy está el problema, la derecha tiene más o menos su ideología, sus principios, también en crisis total, porque no son muy coherentes con ellos, pero ese es un problema que nosotros ni queremos ni podemos resolver, que lo resuelvan los que se instalan dentro de ese espacio de la derecha.

Sin embargo, los situados dentro del espacio de la izquierda comprobamos que todo lo que proviene de ese espacio es enormemente peligroso para la unidad de España, para la cohesión del Estado, para la igualdad de los españoles, para el establecimiento de controles contra los privilegios territoriales… y por otro lado, un abandono total de la defensa real de los problemas de la gran mayoría, que todo el mundo conocemos: el paro, la precariedad, las pensiones, el abandono de los principios de igualdad, la vivienda, etc. Con todo eso, nosotros tenemos un principio que es el siguiente: para resolver los problemas sociales y económicos que hay en España, se necesita un instrumento capaz y eficaz, y eso es un Estado bien organizado, por eso, los problemas institucionales y del Estado son inseparables de los problemas políticos y sociales, y desde ese punto de vista, es desde donde nosotros creemos que es necesario dar un cambio radical a la sociedad española y al Estado.

El ser socioliberal, socialdemócrata o lo que sea, son etiquetas, que nosotros queremos desbordar. No somos marxistas; no somos leninistas; no somos populistas; no somos liberales, en el sentido que defiende la derecha de liberalismo; no somos socialdemócratas, en el sentido en el que el PSOE defiende la socialdemocracia, que es un principio que funcionó en su momento, pero que hoy está totalmente desbordado y ya no responde a la realidad social.


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Por tanto, hay que reconstruir el espacio ideológico, en este caso, de las ideas, de la izquierda, no echando mano de ninguna etiqueta, esquema teórico o ideología trasnochada, como es el caso de las que estamos hablando, sino teniendo el valor de poner sobre la mesa conceptos nuevos y precisos e ideas claras que hay que inventarse, pero que nos está pidiendo la realidad, porque surgen de la realidad y de su análisis objetivo.

 

¿Es dCIDE republicano, monárquico o accidentalista? ¿Cree que ese debate es realmente importante? ¿Hay ideologización en el mismo?

Por supuesto que hay una ideologización, que tiende a lo más peligroso de la sociedad actual española, que es el maniqueísmo, el sectarismo y el guerracivilismo. Este tema no podemos utilizarlo para eso, que es para lo que los que se autodenominan republicanos o antimonárquicos lo utilizan, primero, idealizando una república que nunca existió, y luego, demonizando a una monarquía que, en el momento actual, no se le puede achacar ninguno de los males fundamentales que está padeciendo España.

Superado ese debate, nosotros, por ideas, fundamentalmente somos republicanos, en el sentido de que no estamos a favor de privilegios heredados, y menos en las altas instancias de poder del Estado, pero, como hoy no es un problema que preocupe a los españoles ni que es determinante para la realidad social y política actual, creemos una pérdida de energías introducir un elemento de discordia innecesario.

La monarquía, tal y como está, tiene un valor de poder muy limitado y absolutamente democrático, porque lo importante es el control democrático de cualquier tipo de institución, ya sea monarquía o república, y una monarquía controlada democráticamente es perfectamente aceptable desde los esquemas de la democracia.

No es antidemocrática la monarquía que tenemos, eso es lo importante. Si lo fuera, y en un momento determinado fuera un obstáculo para los principios democráticos, pues habría que sustituirla, sin ningún miedo a hacer eso, pero si no existe ese problema, ¿qué queremos, inventarlo?

 

¿Cuál es la política económica de dCIDE?

Primero, no dividimos a la sociedad en ricos y pobres, en buenos y malos, sino que partimos de la idea de que hay que crear las condiciones más favorables para que la mayoría pueda progresar y aprovechar todas las oportunidades que esta sociedad ofrece. Eso supone: dotarle de una educación muy rigurosa y muy adecuada; eliminar todo tipo de discriminación por el origen, la clase, etc. para facilitar el acceso al trabajo, a la riqueza y a su producción… pero, al mismo tiempo, creemos que la estructura económica, tal y como está, está dominada por pequeñas élites, internacionales, pero también nacionales, que tienen un poder descontrolado, lleno de privilegios soterrados y que van desde el sistema impositivo, el sistema de funcionamiento… pongo un ejemplo: los bancos pueden vender las casas expropiadas sin ponerlas a su nombre, es decir, no quieren pagar lo que supone adquirir la titularidad de una propiedad.

Eso es un privilegio intolerable, un ciudadano normal tiene que pagar si quiere disponer de ese bien para poder revenderlo. De este tipo de pequeños privilegios, que al final son enormes, está plagada la legislación del Estado actual, en el fondo hay un gran proteccionismo a los que más tienen, y eso se debe corregir, aquí debemos jugar todos a lo mismo, sin privilegios.

Realmente, nosotros estamos en contra de una cosa muy sencilla: ni los ricos lo son sólo por su talento, su capacidad y su esfuerzo, ni los pobres son pobres por lo mismo, por su culpa o su incapacidad, ahí hay un elemento distorsionador, que son las normas, las leyes, el funcionamiento del Estado, que favorece a los que más tienen y se lo hace más difícil a los que menos tienen, eso es lo que hay que corregir. Una vez que eso se corrija, allá cada uno, que explote su capacidad y su talento y haga su negocio, su profesión o se dedique a ser lo que sea.

No hay discriminación entre los de arriba y los de abajo, los pobres y los ricos, está en los que tienen privilegios consagrados a lo largo de la historia, en los que el Estado ha estado y está a su servicio, que hay que corregir para que, al final, no ocurra que las normas y el Estado estén impidiendo el desarrollo de la gran mayoría.

Nosotros no hablamos, por ejemplo, de redistribución de la riqueza, es un concepto equívoco, no hay que redistribuir la riqueza: la riqueza, si la tiene uno, es suya, ¿qué es eso de redistribuirla, quitársela para dársela a los pobres? No, aquí no se quita nada a los ricos, aquí se redistribuye, digamos, equitativamente en función de lo que recibes.

Un señor con una gran empresa recibe mucho más que yo, que soy un funcionario. ¿Cómo lo recibe? Pues, por ejemplo, en el uso de las carreteras y de las autovías, ¿a quién favorecen más? ¿A mí, que hago un viaje al año, o a una empresa que está llevando camiones todos los días de un lugar a otro? A esa empresa le conviene que haya unas buenas autovías, más que a mí o a un ciudadano normal. Quiero decir, que, desde el punto de vista, en este caso, del uso y disfrute de las infraestructuras, está recibiendo más del Estado que yo, por lo tanto, yo le exijo que devuelva más.

El principio es de redistribución, no de usurpar o quitar la riqueza a unos para dársela a otros. Y ese señor tiene unos empleados, ¿de dónde han salido? Han pasado por una educación pública, han adquirido conocimientos y capacidades para poder ser útiles en esa empresa; todo ese trabajo invertido no lo ha hecho el empresario, lo ha hecho el Estado, por lo tanto, está aprovechándose de una población a la que el Estado le facilita las condiciones para poder acceder a esos puestos de trabajo.

Si se ponen enfermos, también es el Estado el que se encarga de la sanidad. Y de que sus hijos tengan educación gratis, etc. Si hacemos un balance global, no hace falta expropiar nada a los ricos, simplemente hay que hacerles conscientes de que quien más recibe, debe aportar más, y este principio es muy liberal, pero en el fondo, es muy socialista, porque el fundamento de la izquierda no puede ser el rencor contra los ricos, sino la justicia equitativa, donde el esfuerzo sea igualmente recompensado venga de donde venga y lo haga quien lo haga, y el talento, exactamente igual.

Ese principio de unir, digamos, el desarrollo de la persona y hacerla responsable de su propia vida, no transmitir la idea de que el Estado debe encargarse de tu vida. El Estado debe facilitarte tu desarrollo, pero no te resuelve tus problemas, tienes que resolverlos tú. Entonces, esa concepción del Estado omniprotector, paternalista, que tiene que resolverlo todo está totalmente equivocada. Por eso digo que esto es, naturalmente, de izquierda, porque la derecha no quiere entrar en este juego, pero la otra izquierda, la que conocemos, es que ni se lo plantea, no sabe ni de qué estoy hablando.

 

¿Y la política laboral? ¿Emprenderían una nueva reforma laboral?

En ese tema, creo que lo que hay que intentar es evitar la precariedad, y si la ley actual la facilita, que parece que es así, corregirla. Hay que evitar también el abuso por la ausencia de convenios colectivos, que también está en la ley, hay que recuperarlos.

Es decir, esa ley modificarla en el sentido de facilitar que a los empresarios no se les haga tan fácil abusar y explotar innecesariamente a la gente, y esto no va contra ellos, porque, en el fondo, si lo piensan bien, va a su favor: cuanto mejor organizado y en mejores condiciones laborales trabaje alguien, más va a producir y mejor y mayor rentabilidad va a tener un verdadero empresario, pero es que hay que ser verdaderos empresarios, no empresarios parásitos, que es la tradición que arrastra España, que viven del Estado y de aprovecharse de esas condiciones de sobreexplotación de los trabajadores, y eso hay que cambiarlo.

Si algo hay que decir a este país es que necesitamos, lo mismo que una izquierda mucho más responsable, sensata y racional, también un empresariado totalmente distinto, infinitamente más responsable con lo que está ocurriendo y no mirando para otro lado, porque es inconcebible lo que está pasando en Cataluña, ¿qué pasa, que los empresarios no tienen responsabilidad ninguna? Son muy responsables, se han conchabado con las élites periféricas y no han querido enfrentarse a ellas porque están muy amalgamadas, basta ver la corrupción donde está, y ahí no hay fronteras territoriales. ¿Qué quiere decir eso? Que todos están sobre un fondo, digamos, de intereses comunes perversos, que les impide, a los empresarios conscientes, tomar las riendas de lo que está pasando, y yo les digo a algunos empresarios… ¿pero vosotros que creéis, que este negocio vuestro va a durar toda la vida? ¿Qué no os afecta para nada lo que ocurra en Cataluña? ¿Qué sois inmunes a lo que está sucediendo en el país? Haceos responsables, incluso por puro egoísmo, porque nada de lo creéis es seguro.

 

Se han mostrado defensores de la idea del federalismo europeo, ¿cree que es una idea plausible? ¿Y que estamos preparados para ella? ¿Cómo convencería a los euroescépticos? ¿Cómo cree que funcionaría?

En el mundo actual, es imprescindible ampliar el campo de las relaciones políticas y Europa es la gran ocasión que tenemos de superar los nacionalismos excluyentes y de abrirnos a los problemas de hoy.

Europa es absolutamente imprescindible y necesaria, pero claro, la Europa que se está construyendo hoy, tiene unos déficits enormes, tiene una cantidad de críticas que están justificando, en gran parte, el euroescepticismo de algunos, lo que pasa es que a ver qué haces con ese euroescepticismo, puedes ser euroescéptico para construir más y mejor Europa y no para aislarte y cerrarte.

Podemos ser todo lo críticos posible con la burocracia, con el exceso de privilegios que tienen algunos países, como Alemania o Francia, sobre todo Alemania, dentro de la Unión Europea, que eso es un lastre, todo eso es válido, pero la idea central de que necesitamos construir una Europa, que fundamentalmente se construya con los Estados, no con regiones, no con apaños raros, con los Estados, que no pierden soberanía al integrarse en Europa, al contrario, la amplían: eso de que cedemos soberanía por estar en Europa es un equívoco, no se trata de ceder nada, sino de ampliar la soberanía. En este caso, compartir sería que todos hacemos todo, y eso no es perder soberanía, eso es, en tal caso, ganarla.

Entonces, con esa idea, los Estados Unidos de Europa es la fórmula adecuada, una federación, que se hace uniendo lo que ya existe previamente, no deshaciendo, como pretenden aquí los socialistas con su federalismo asimétrico y extraño para destruir España y construir no se sabe qué, porque Pedro Sánchez no sabe ni cuántas naciones hay, ha acabado diciendo que Madrid es una nación, claro, ¿y por qué no Cartagena?


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Europa es imprescindible, lo que pasa es que a Europa hay que exigirle y para eso hay que tener fuerza para poder intervenir ahí, por eso nosotros nos vamos a presentar a las elecciones europeas, ese es el primer reto, queremos presentar, incluso, a Enrique Calvet como eurodiputado y cabeza de lista, para conseguir, entre otras cosas, que Europa, por ejemplo, en el tema de la disgregación nacional de España, no mire para otro lado y no ocurra lo que ha ocurrido con la orden de extradición de Puigdemont, eso va en la dirección opuesta a la construcción de Europa.

España no puede ser, digamos, el pimpampum para hacer los cambalaches que quiera Alemania con nosotros, hemos de influir en Europa por, precisamente, la tentación disgregadora, que Alemania la tiene, porque ya la provocó en los Balcanes, la provoque ahora en España. Eso no es ninguna utopía ni fantasía, es una posibilidad, los grandes intereses de Alemania son capaces de tirar para adelante, lo mismo que hicieron con los Balcanes.

Europa es una salvaguarda, un espacio de protección y de defensa en un mundo complicadísimo. Y si hablamos del yihadismo, no te digo nada, ¿cómo podemos enfrentar al yihadismo solos? Y esa es una amenaza terrible, que va avanzando día a día, y los procesos más peligrosos son esos que se hacen invisibles por el avance silencioso y diario, y eso es lo que está pasando con el yihadismo, que no es sólo una religión por ahí, no, es una concepción del mundo y de la vida absolutamente distinta a lo que ha sido Europa durante los últimos veinte siglos.

 

Una encuesta publicada en La Vanguardia el año pasado reveló que algo más del 80% del electorado del PSOE se declara católico. Así mismo, del electorado de Ciudadanos, era un 74% el que se declaraba. Estos datos rompen las ideas de que las personas religiosas somos siempre de derechas y de la brecha entre ideología y fe que muchas veces se vende. Por otro lado, están los ataques que han sufrido no ya la jerarquía eclesiástica, sino los religiosos de a pie por parte de sectores ideológicos que se quieren alinear en la izquierda. ¿Podríamos los católicos votar a dCIDE tranquilos? ¿Respetaría dCIDE las tradiciones con tintes religiosos, como la Semana Santa? ¿Cree en esa brecha entre ideología y fe? ¿Podría dCIDE tener una corriente demócrata cristiana, como el mencionado Partido Democrático de Italia?

Por muchas partes: primero, nosotros no aceptamos, en principio, corrientes ideológicas dentro del partido, porque la experiencia nos ha demostrado que es muy disgregadora y, en el fondo, está demostrado que esos partidos no son verdaderamente democráticos, porque si tienes necesidad, como demócrata cristiano, de crear una corriente dentro de dCIDE, pues mal para dCIDE o para el partido que sea. Pero sí que los demócrata cristianos se podrían sentir totalmente a gusto en dCIDE.

Yendo al tema de la religión, en este caso, de la religión católica, tiene dos enfoques imprescindibles: por un lado, hay que ver el fondo reaccionario de una parte de ese movimiento católico, o que podemos llamar ultracatólico, que nosotros rechazamos radicalmente, porque pide al Estado que intervenga en un terreno donde el Estado no tiene que decir nada, que es el de la conciencia, las creencias y el comportamiento individual.

Así que, por un lado, distinguir, dentro de lo que es la Iglesia y la religión católica, esa corriente, que le llamamos ultracatólica, que tiene orígenes muy remotos, pero que, en nuestra historia, dio lugar al carlismo, por ejemplo, pero que no ha desaparecido, ese es el problema, y que alimentó al franquismo en su momento, no tuvo capacidad de poderse separar y lo apuntaló, y eso hay que decirlo, y que además, actualmente, está favoreciendo los nacionalismos disgregadores separatistas: los obispos de Cataluña van a manifestaciones y convierten el púlpito en mítines. Está el comportamiento de esa Iglesia oficial y esa otra Iglesia casi extraoficial y paralela a la Iglesia católica, que está ahí contaminando y haciendo más difícil el debate sobre el tema profundo.

Yo apelo a que los católicos de verdad sean capaces de separar esa oveja negra, que contamina y estropea el rebaño. Dicho eso, yo soy muy respetuoso con la religión católica, no con otras que no son tan parecidas. El islam no me parece que sea una religión igualmente respetable. Eso de que todas las religiones son iguales no es verdad, ni todas las ideas son iguales ni todas las opiniones son válidas, todo eso son topicazos.

Me centro en la Iglesia católica: hoy, puede ser un pensamiento perfectamente legítimo, integrable, democrático y contra el que no tengo absolutamente nada. Lo único que le puedo pedir es que sea capaz de aceptar un principio básico, que es que el Estado tiene que ser laico, no puede ser católico, y no pueden introducirse los valores y principios de la religión católica dentro de las estructuras del Estado y condicionarlo. ¿Esto qué quiere decir? Que yo soy partidario de que la religión no se enseñe en las escuelas. Y que los padres asuman de verdad su compromiso católico y no lo dejen al profesor de turno, que no se sabe ni lo que le va a enseñar, que sean responsables ellos.

Si quieren que su hijo reciba una educación católica, primero que asuman esa responsabilidad y busquen si quieren clases, colegios o lo que sea, hay para elegir, pero no le exijan al Estado que sea él el que les facilite esa tarea dando y pagando a profesores, detrayendo un dinero público para una cosa que es absolutamente privada: el derecho que tienen los padres a que sus hijos sean educados en todo en lo que ellos creen. Incluso creo que esta dejación de los padres, abandonando esa responsabilidad al Estado, es poco católica, poco seria, poco militante de la fe que tienen.

Si creen de verdad en ella, que asuman ellos la responsabilidad y que no la deleguen en un Estado que, además, no saben ni siquiera lo que le van a hacer, porque no todos los profesores de religión, seguramente, les convezcan a muchísimos padres, por ejemplo, si les estén amenazando con el infierno, hablando del aborto o a saber. Eso no es serio, si yo soy católico y creo en mis ideas, tengo que ser coherente con ellas y asumir la responsabilidad que tengo, pero no trasladársela al Estado.

Hay que clarificar que el Estado no tiene que ir en contra de la religión, todo lo contrario, pero si meten la religión ahí, va a verse obligado a que venga un islamista y diga que él también quiere que se le pague la enseñanza religiosa, igual que estás pagando a un profesor de religión católica. ¿Y con qué argumento le dices que no? Y si luego viene un hindú, también tendrá el mismo derecho. Y para el Estado, aunque sólo sea económica y físicamente y en los planes de estudios, eso es inasumible, eso desbarata cualquier plan racional de educación. Entonces, frenemos eso y digamos donde tiene que estar cada uno.

Dicho todo esto, el Estado, además, no tiene que intervenir en las creencias de nadie, ese terreno no es suyo, del mismo modo que no tiene que hacer apología de la LGTBI ni de la república que se han inventado en la memoria histórica ni tiene que entrar en si puedo hacer piropos o no. Es una invasión del Estado, de raíz totalitaria, en la esfera de lo privado. Eso es inadmisible, porque al mismo tiempo que ocurre eso, no se está preocupando de lo realmente importante, esto le está sirviendo para desviar la atención. ¿Está luchando contra la precariedad? Eso se está dando porque se está facilitando desde el Estado, que no lo encara, está más preocupando del LGTBI o de perseguir a alguien porque ha mantenido la mirada a una chica más tiempo del adecuado… ¿y entre dos chicos? ¿Si dos chicos se miran más de la cuenta, también los vas a perseguir? No, son homosexuales, y es un colectivo al que hay que sobreproteger.

Si yo fuera homosexual, diría… dejadme en paz, no me digáis como tengo que realizar mi vida sexual ni mis contactos, déjame libre, no te metas en esto, ni para bien ni para mal, es una esfera de elección absolutamente individual, y no puedes ir a un niño de 6 años diciéndole que su sexo depende de lo que él quiera. Esto son ejemplos de invasión del Estado en la esfera de lo privado, que son intolerables, no sólo por eso, sino porque, al mismo tiempo, están descuidando donde el Estado sí debe intervenir, regular e imponer su ley. No soy partidario ni de más ni de menos Estado, soy partidario de que el Estado esté donde tiene que estar.

Sobre la religión de nuevo, hay que aceptar que la historia de España está enormemente vinculada a la historia de la religión católica, eso es así y hay que revalorizarlo, conocerlo y criticar los excesos que ha habido, pero que son muchísimo menores que los que la Iglesia protestante ha hecho en Europa. Hay que verlo en el contexto, como se hizo y comparar.

En ese sentido, la historia de España, moral, ideológica y políticamente, está a años luz de todo lo que ha ocurrido en Europa durante los últimos cinco siglos, y hay que reivindicarlo con orgullo, porque esa es la realidad. Hay que combatir la leyenda negra absolutamente, porque se mete hasta en la raíz de los comentarios más ínfimos, y uno de sus elementos es la imagen de lo que ha hecho la religión católica en este país.

El balance es enormemente positivo, no tengo ninguna duda, y muy criticable en otras muchas cosas que han quedado en nuestra sociedad, pero ahora tenemos la capacidad de darle la vuelta a todo lo negativo y quedarnos con esa gente católica sincera para que aporte a la sociedad lo que ellos creen, que tengan una actitud combativa desde su terreno, el de la igualdad de derechos, como ya hizo la Iglesia católica en la oposición al franquismo, un movimiento que fue fundamental y del que nació Comisiones Obreras, aunque luego se desviara. Y sobre las tradiciones vinculadas al catolicismo, totalmente defensor de ellas, ¿a quién le molestan? Además, tienen unos componentes estéticos poderosísimos, de los que la sociedad actual está necesitada.

Igual que se va a un partido de fútbol, son espectáculos que cohesionan a la sociedad y que tienen un valor de exaltación de sentimientos nobles, cada uno el que le dé la gana. Yo he estado en la Semana Santa de Sevilla y he tenido una experiencia fantástica, y no tiene nada que ver con la religión tal y como está expresada, sino, simplemente, con una manifestación de unos sentimientos que la colectividad, de vez en cuando, canaliza a través de lo que sea y que te hacen sentirte partícipe de algo potente. Yo no necesito ser católico para eso, entonces, ¿por qué voy a rechazar las procesiones?

 

Un poco relacionado con la pregunta anterior, se ha hablado de la animadversión de PSOE y Podemos hacia la escuela concertada, ¿cuál es la opinión y posición de dCIDE?

La escuela concertada es un hecho social que se ha ido imponiendo; está arraigada, funciona bastante bien, así que no tiene que ser un tema de polémica. Lo que nos debería preocupar es qué tipo de enseñanza se está dando tanto en la concertada como en la pública. Y, en tal caso, los abusos que se den en la concertada, que sean detectables, ya sean de manipulación, de explotación de los padres por unas cuotas de dinero abusivas… que se corrijan, pero, en principio, al sistema de por sí, no le veo nada malo. Además, hay concertados religiosos y concertados que no lo son.

A mí, personalmente, me gustaría más que toda, o la mayor parte, de la educación fuera pública, bien regulada y unificada, sobre todo para asegurar el principio de igualdad, pero la distorsión a este principio que provoca la enseñanza concertada es mínimo, por lo tanto, adelante. Lo único que se puede valorar en un momento determinado es si el dinero que va a la concertada se detrae de la pública o impide que la pública funcione bien, entonces ahí estaría en contra, sólo ahí. Si hay que elegir, soy partidario de que la enseñanza pública sea la prioritaria. Intentamos siempre buscar un pensamiento equilibrado, no dogmático.

 

Le pasé algunos vídeos de un canal de YouTube creado hace unos meses llamado Un Tío Blanco Hetero, en el que se hacen duras críticas a la ideología de género y al feminismo del siglo XXI. ¿Cuál es la opinión de dCIDE al respecto? ¿Comparte las críticas de Un Tío Blanco Hetero? ¿Qué le parece que los partidos de izquierdas se hayan alineado con estas ideologías?

Totalmente de acuerdo, porque, además, sabe contrarrestar, es magnífico, tiene una facilidad de dialéctica extraordinaria, y, al final, acaba siempre en el punto adecuado, suficientemente provocador, pero no se va por los cerros de Úbeda. Creo que lo hace muy bien y hasta me gustaría conocerlo.

No se trata de ir en contra de nadie, se trata de ir en contra de esa ideología perversa que está contaminando cualquier discusión e invadiendo la esfera de lo individual: cada uno debe realizar su sexualidad como quiera, nadie tiene que establecer normas, y si alguien necesita información, que la busque, que para eso hay infinidad de medios científicos para informarse de todo lo que quiera saber; pero que el Estado sea el que establezca las normas de cómo debe comportarse uno delante de una mujer, o un hombre con un hombre, o como deben ir en el metro, etc., es de raíz totalitaria.

También me gusta como derriba los topicazos de esa falsa izquierda, totalmente pervertida y que debe renovarse. Por eso estamos nosotros, porque de ahí, el salto fácil es decir que toda la izquierda es mala y se acabó, cuando hay gente que, de forma natural, quiere situarse en la izquierda, una izquierda que necesita un discurso nuevo, para que en cuanto cuestione la verdad dogmática de esta izquierda oficial y dominante, no le tachen de reaccionario, de facha, de derechas. Puede defender las ideas de la izquierda y decir que está en contra de toda esta basura ideológica, que gira en torno de una falsa idea de identidad, que pone por encima de la condición de ciudadano.

Si yo soy gay, ¿eso está por encima de mi condición de ciudadano? Primero, soy ciudadano, ya seas gay, maestro, futbolista… ¿por qué el hecho de que alguien sea gay es más importante que el hecho de que sea futbolista? ¿En qué te basas para exhibir tu condición sexual con superioridad a mi condición de pintor o de escritor? Por ahí no puede ir la vía de los derechos, la condición de ciudadano te hace ser igual al otro en derechos y obligaciones, y, a partir de ahí, se construye el Estado y la nación.

 

¿dCIDE defiende el estado descentralizado actual, propone algún cambio o desea otro modelo territorial: unitario, federal…?

Estamos en contra del actual Estado, mal llamado autonómico, porque, entre otras cosas, parte de una falacia, que es por un lado está el Estado central y por otro el Estado autonómico, como si todo no fuera lo mismo. Ya ahí, se rompe la unidad del Estado, sólo en esa concepción, incluso en las palabras, tal y como se dice, el Estado autonómico no existe, eso es un invento que no existe, y si existiera, es que ya no existe el Estado central.

No puede haber un Estado autonómico de 17 autonomías que ocupan todo el territorio y, al mismo tiempo, un Estado central fantasma, que no se sabe dónde está. No, hay un Estado único, y eso hay que consagrarlo dentro de las ideas básicas de la Constitución. Un Estado, además, integrado, no como ahora, desintegrado, y sí, descentralizado en la gestión, porque tampoco se trata de que el poder esté sólo en unas manos. Eso supone que el sistema de las autonomías, tal y como está, debe desaparecer, porque las autonomías son Estados paralelos, han acaparado el 80% de las competencias que se consideran exclusivas del Estado, que ha ido cediéndolas.

El despilfarro económico que esto supone es tan descomunal que sólo con ahorrar ese dinero, ya no teníamos problema con las pensiones, y si estás preocupado por ese problema, siendo de izquierdas, tendrás que enfrentarte el sistema autonómico.

Hay que hacer una reestructuración más racional, donde haya un Estado único, con distintos niveles escalonados, desde el Estado nacional, que debe asumir todas las competencias nacionales; que luego pueda haber unas regiones que sean coordinaciones de diputaciones, pero únicamente eso, sin poder legislativo, para hacer más eficaces los servicios, manteniendo las diputaciones, bien ordenadas y con unas competencias bien definidas, porque son la estructura básica, la provincia, y ha demostrado funcionar bastante bien desde hace siglo y medio, pero reforzándolas democráticamente, siendo elegidas, y convirtiéndolas en el nivel más eficaz; y luego, los municipios, y, si es necesario un intermedio, comarcas, eso no cuesta nada.

Hay que adaptarse a la realidad española, y el modelo más cercano es Francia, modelo a adaptar, no a copiar, porque para copiar el modelo alemán mal copiado, como sucede ahora… eso no lleva a nada, y más con la enorme diversidad de las condiciones del País Vasco, Cataluña y, cada vez más, Galicia, con una legislación y una economía absolutamente paralela.

El País Vasco es ya casi un Estado independiente, y eso ha colado, mientras no hagan grandes algaradas y no exista ETA, lo consentimos todo; pero, objetivamente, no puede ser que, para ayuda social, un vasco tenga el doble de dinero que un extremeño, y eso lo pueden hacer por privilegios económicos, por esa concepción de las autonomías que fue introducida en la Constitución por los nacionalistas catalanes como un paso para la independencia.

 

¿Comparte la opinión de Albert Rivera o Alejo Vidal-Quadras de que al Estado le sobra grasa, es decir, que habría que reducir ciertas administraciones, considerándolas prescindibles o duplicadas?

Totalmente de acuerdo, pero, al mismo tiempo, hay que establecer el Estado en muchos sitios donde no está y debería estar, por ejemplo, lo que decía, ¿cómo puede haber ocurrido lo de las preferentes? ¿Cómo puede haber ocurrido el desastre de las cajas? Porque el Estado dejó sus funciones, y eso es muy grave.

Esos son ejemplos donde el Estado ha estado ausente cuando debería estar, en cambio, sobra el Estado en infinidad de empresas públicas, de asociaciones, de instituciones públicas y semipúblicas… nosotros tenemos un principio: se debe hacer una auditoría general del Estado de arriba a abajo para saber dónde va cada euro, y ver si está justificado por el interés general. Si no está justificado, hay que eliminarlo.

No está justificado que, entre unas administraciones y otras, le demos cinco millones de euros a asociaciones propalestinas, que no son propalestinas en el fondo, sino antisemitas, y que están dedicadas a demoler cualquier idea de defensa del Estado judío en España; eso es intolerable y hay gente que está viviendo, opíparamente, de esto, como viven los de Hamás con el dinero de Europa. Y como estos ejemplos, diría otros muchos que están simplemente ahí para pagar favores. No es que tenga grasa, el Estado tiene carne podrida.

 

¿Qué opinión tiene del llamado cupo vasco y de los fueros navarros? ¿Qué haría dCIDE con ellos?

Eliminarlos radicalmente, eso es una antigualla, además de tipo medieval. Es antidemocrática, no debería haber sido aceptada en la Constitución.

Un Estado no puede establecer excepciones, además reconocidas por Europa, que ya ha llamado la atención al Estado español. Desde el punto de vista de lo que es el ordenamiento de los derechos y la igualdad de los ciudadanos, no es defendible, porque, además, apelan a derechos históricos, ¿pero qué son los derechos históricos? No existen, eso es una falacia.

Existen derechos ciudadanos, reconocidos por la Constitución del momento. Si tú dices que tienes derecho histórico, ¿a qué te estás refiriendo? Porque, con ese principio, ¿qué rincón de España no tiene derechos históricos? Y muchos más antiguos que los del País Vasco… yo soy de León, te puedo sacar aquí cien mil derechos históricos infinitamente superiores, desde el punto de vista de lo que ha ocurrido en la historia, para apelar a un derecho, luego, por esa vía, no podemos ir, sería la total disgregación de España. Entonces, fuera, sin discusión.

 

¿Cómo valora la gestión del expresidente Rajoy respecto al problema catalán?

Nefasta, de alguien pusilánime; claudicante; contemporizador; que se engañó voluntariamente, porque tenía elementos más que de sobra para saber lo que tenía que hacer; llevó a Soraya a hacer el paripé con aquello del diálogo… pero lo más inconcebible es que, con el fracaso evidente que es incluso la aplicación del 155, que no cambió nada, ni siquiera se sabe el dinero que se ha dedicado al independentismo y a su promoción, sin embargo, ahora va con el discurso de que gracias a él, Cataluña no se ha independizado.

Sólo faltaba, que pueda exhibir con orgullo que Cataluña no se ha independizado, por lo tanto, todo lo que ha hecho, ha sido magnífico. ¿Pero y el pastel que ha dejado? Que han dado un paso decisivo hacia delante, hacia la independencia, gracias a su consentimiento, al dinero que les dio, a que miró para otro lado, a dejar que los Mozos de Escuadra se hayan convertido en un ejército paralelo antiespañol… todo eso ha sido tan escandaloso, que sólo el adormecimiento que hacen los medios de comunicación, que lo presentan como algo normal, explica que la gente no haya salido a la calle como ocurrió en otras épocas históricas.


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Pero claro, lo de él viene precedido por lo de Aznar, Zapatero, Felipe González… recordemos que este último inició todo este disparate cuando liberó a Puyol de un juicio de expropiación indebida de cien mil millones de pesetas, con lo del Caso Banca Catalana, que debía estar en la cárcel ya desde entonces. Cosas de esta política de cambalaches y acuerdos.

 

¿Y cree que el presidente Sánchez va en buen camino para solucionarlo?

No, va por el camino contrario. Una persona que cree en la nación de naciones, pero que no sabe lo que es, que habla de la concepción no nacionalista de la nación, cuando no tiene una idea de lo que es España y de lo que es el Estado, ¿qué va a hacer? Pues mantenerse en el poder apoyándose en todos los que están, de manera consciente, con el propósito claro de desmoronar el Estado y de acabar con la nación española, que es el único que les guía, a nacionalistas vascos, catalanes y gallegos.

Porque también en Galicia creemos que se está haciendo una imposición lingüística muy parecida a la de Cataluña, y eso, con Feijoo al mando, no te digo nada si estuviera otro. Es decir, todas estas cosas están ocurriendo de una manera… como si no pasara nada, y el caso de Pedro Sánchez es un paso más hacia el abismo, además, con una arrogancia que exhibe como si él hubiera venido a salvar España. El otro la dejó mal y el terminará de desmoronarla, porque la está poniendo en manos de los independentistas en lo fundamental, mientras pone a Borell, para ver si despista y se suaviza más lo que está haciendo.

 

¿Qué opina de la simpatía de los partidos de izquierdas hacia el independentismo? ¿Cuál es la solución que propondría dCIDE para este problema?

Reconstruir la izquierda ideológica y políticamente y arrinconar a esta izquierda reaccionaria y caduca, que hace compatible con la idea de igualdad la defensa de la más absoluta desigualdad, como es el caso del supremacismo nacionalista.

Que se ponga al servicio de ellos es vergonzoso, que indica el desvarío en el que está, porque, ¿quién domina hoy a los movimientos nacionalistas? La clásica oligarquía y burguesía nacionalista de toda la vida, con la que, en teoría, la izquierda siempre ha combatido.

Entonces, ¿cómo puedes defenderlos y apoyarlos si son tus enemigos históricos, por tu propia condición ideológica? Hay que ser coherente, están los trabajadores y están los explotadores y los burgueses, esa es la teoría que creen a pies juntillas, porque hasta levantan el puño para reivindicar que pertenecen a esa tradición. Pero, entonces, ¿cómo hacen compatible eso con estar apoyando a los explotadores, a los dominantes, a los dueños de todo ese sistema? No es comprensible.

Ahora, la gente se lo traga porque lo acompañan de un discurso retórico en el que defienden a las mujeres y otras cosas que les hace ser como muy de izquierdas, y acusan a todos sus contrarios de fachas, el mayor insulto que hay hoy en día en España, con lo cual, se legitiman. Con eso, ya no necesitan ni pensar, ni decir, ni nada, ya está resuelto: yo soy el bueno y tú eres el malo porque eres un facha, y de ahí no les saques, y lo que te digan es todo bueno, aunque sea ponerte de rodillas delante de Puigdemont y de Torra, como hace vergonzosamente Iglesias, que va ahí a escenificar un poco cierta pleitesía a un señor racista que en la Alemania de los años 30 sería el jefe de las milicias de las SS por su ideología.

Que gente de izquierdas esté tragando eso es muy triste. Afortunadamente, algunos de la vieja izquierda están reaccionando, como Paco Frutos, y están diciendo que esto es demasiado, pero son minoría y no se atreven a encararse realmente con su propia gente y decirles que están siendo reaccionarios y la basura de la izquierda.

 

En Cataluña aún hay gente que defiende a los líderes independentistas, llamándoles gente honrada que quiso hacer cumplir el mandato de su pueblo, son los mismos que dicen que son presos políticos. ¿Tiene algo que decir al respecto?

Todo eso pertenece al discurso del engaño y de la mentira, en el cual han sido muy eficaces los nacionalistas, entre otras cosas, porque han tenido dinero a espuertas. Entonces, despertar esa idea de sentimiento de lo propio y de superioridad, es un discurso simplista que cala muy fácilmente, y si lo están machaconamente transmitiendo a través de la radio, la televisión, los medios, y, encima, te apoya toda la izquierda… lo raro es que sólo hayan conseguido dos millones, y no cuatro. Afortunadamente, todavía hay una cierta resistencia, porque ese lavado de cerebro empieza en la escuela, donde un niño, ya en la guardería, si no es de origen catalán, tiene que interiorizar que está en otro país, que hay otra lengua y que tiene que acomodarse a otra cosa que no es España.

Esa inculcación es de tipo nazi, recordemos que los nazis educados como nazis, aún con 80 años, se les hacía unos test y todos los sesgos nazis los seguían manteniendo, seguía siendo, en el fondo, lo que habían asimilado de pequeños, que no habían sido capaces de escupirlo ni de reciclarlo: la reacción espontánea seguía siendo de tics nazis en todos los temas.

A un niño que se le inculca desde pequeño todo esto, que además lo percibe en el aire, lo respira, cuando se le dice no parlis castellà, el niño ya dice… tengo que aprender otra lengua. Y fíjate los trastornos que puede suponer a un niño que lo que se habla en el ambiente familiar, el español, aquí no vale… me crea una condición de inferioridad frente al niño de padres catalanes que habla perfectamente catalán, que no tiene ningún problema y va a comprender toda la enseñanza desde la guardería.

En cambio, a otro niño, que tiene un punto de partida de desigualdad, se le machaca psicológicamente, ¿y qué opciones tiene? O me pliego a eso, que es mayoritario, que es la reacción espontánea y natural de cualquier persona, adaptarse al medio, o me convierto en un inadaptado, en un rebelde, en un tío raro, que tiene que construir su personalidad por oposición al grupo. Eso es pedirle mucho a un niño, lo normal es que acabe siendo un independentista, por pura lógica. Pero, a pesar de todo eso que llevan casi 40 años haciendo, no han llegado ni al 50% de los que votan, no de toda la población, porque la población catalana son siete millones y ellos son dos, sólo. Pero, así todo, muestra la eficacia de esos mensajes simplistas, donde tú buscas acomodarte al grupo donde crees que estás más protegido.

En un ambiente totalmente catalanizado, lo normal es que la gente se adapte a eso y no se enfrente sólo a todo el grupo, al ambiente social, con lo cual, el hablar de un solo pueblo, que tiene derecho y todo eso, pues cala. ¿La objetividad cuál es? No, no existe un solo pueblo catalán, lo mismo que no existe un solo pueblo leonés, ni nada, existen ciudadanos españoles en Cataluña, que tienen una tradición, que hablan una lengua, que se pueden sentir lo que quieran… pero su condición fundamental es la de ser ciudadanos, y, como tales, votan. Y para votar el tema de si se independizan o no, tienen que decidirlo todos los españoles, porque eso forma parte de la propiedad común, que es España. Entonces, ese derecho a votar y a decidir, pues vale bien para la propaganda.

 

Volviendo a hablar de Rajoy y Sánchez, ¿qué opina de la moción de censura y el nuevo Gobierno? ¿Qué impresión le da y cómo valoraría su inicio, especialmente con el asunto del Aquarius?

La llegada de Pedro Sánchez al poder es totalmente anómala, es democrática y legítima, porque así funciona un parlamento, pero es anómala, y, por el mero hecho de cómo ha surgido y cuáles son los apoyos parlamentarios que tiene, debería estar enfocada, fundamentalmente, a la disolución y la convocatoria de elecciones; eso sería lo más legítimo y democrático, en cualquier demócrata que tuviera un mínimo espíritu de seriedad.

En cambio, Pedro Sánchez lo va a utilizar para hacer su campaña electoral, pensando en que puede ganar las próximas elecciones, y todo lo pone en función de eso, entonces, me parece, también, una utilización espuria del Estado y del Gobierno, porque todos sabemos que es la única finalidad que tiene el mantenimiento de este Gobierno: hacer gestos que vayan ganando terreno y, sobre todo, quitándole votos a Podemos y, un poco, a Ciudadanos; por lo tanto, es una estrategia meramente oportunista de poder y nada tiene que ver con los problemas que tiene España.

Desde ese punto de vista, es un Gobierno totalmente reprobable y rechazable. Ahora, comparando lo que está haciendo ahora con lo que hizo Rajoy, pues, prácticamente, no va a haber muchas diferencias, todo son gestos parecidos, con lo cual, tampoco vamos a ver un cambio serio en nada que sea realmente importante.

 

¿Qué opina de la Ley de Memoria Histórica y del posible traslado de los restos de Francisco Franco?

Yo he leído, un poco por encima porque es pesadísima, la Ley de Memoria Histórica nueva: es la mayor aberración legal que he leído en mi vida, es un auténtico disparate de principio a fin. Se mete donde no debe, legisla lo que no debe y tiene un tinte sesgado, maniqueo y totalitario inaceptable.

La historia es la historia y está para los historiadores, como disciplina científica, pero no está para ser utilizada ideológicamente de esta manera tan burda, además, pretendiendo consagrar bandos totalmente inexistentes. Ni la república ni el franquismo fueron lo que ellos dicen que fueron, no tiene nada que ver. Eso hay que dejarlo a los historiadores.

Otra cosa son aspectos muy concretos, por ejemplo, el reivindicar que los restos de los fusilados en las cunetas tengan un enterramiento digno, pero eso ya estaba en la anterior ley y se podía hacer, para eso no necesitas una ley nueva; eso me parece totalmente justo, pero hecho con el espíritu con que, además, la mayoría de la gente que lo pide lo está haciendo, que es un deseo casi sentimental, humano, de justicia mínima, y eso es perfectamente legítimo. Pero envolver con este objetivo noble todo lo demás, me parece un engaño absoluto y una manipulación burda y descarada.

Luego está la comisión de la verdad y el castigar a todo aquel que haga, supuestamente, apología del franquismo… el franquismo ha desaparecido, sólo existe en la cabeza de los de Podemos, el PSOE y los independentistas, que lo están alimentando para poder justificar todo lo que hacen, pero hoy no existe el franquismo, es un residuo minoritario de gente, y ahora lo están reavivando, no porque haya franquistas convencidos, sino porque están hartos de la manipulación y de los insultos que reciben los que creyeron y, también, padecieron y murieron en ese otro bando. Entonces, a Franco lo están resucitando ellos, intencionadamente, porque les conviene al no tener otras armas ideológicas: lo que están indicando es una indigencia mental absoluta. Entonces, todo eso no debería ni tramitarse.

En cuanto a lo de Franco, a mí no me gusta que esté en el Valle de los Caídos, sinceramente, no me costaría nada darle otra sepultura, sea más o menos digna, donde sea, para así quitar el valor simbólico que tiene el Valle, contaminado por la presencia física de Franco ahí. Y una vez hecho eso, que debería hacerse con naturalidad, sin algaradas, pactando con la familia y del modo más elegante posible, convertir el Valle de los Caídos en lo que tiene que ser: un recordatorio para la memoria histórica de lo que ha pasado en este país, que es tanto de un lado como de otro.

Hay que ser objetivos para crear un sentimiento de fraternidad, y si no lo construyes así, ¿con qué lo vas a construir? Si los muertos no te ayudan a entenderte con tu hermano de al lado, ¿qué es lo que te puede ayudar? Es la cosa más sangrante del mundo… los muertos son para recordarlos para eso, no para enfrentarte más.

 

Hace unos meses, las Cortes de Aragón aprobaron, por propuesta del PSOE, un texto en el que se declara a Aragón nación histórica con derechos por encima, incluso, de la Constitución. ¿Qué le parece?

Que es un disparate más y que es seguir tratando problemas que no nos afectan. Es otro delirio de ese partido, hacia el precipicio.

Estas declaraciones son contrarias al principio de unidad y son temas que no importan socialmente, se hacen declaraciones grandilocuentes ante los problemas reales, pero luego se hace esto, que sólo sirve como refugio ante esos problemas con identidades sustitutivas de la realidad. Es una manipulación descarada.

 

Se ha dicho que la derecha está siempre unida y la izquierda, por el contrario, tiende a la desunión. ¿Qué opina sobre esta frase?

Históricamente es cierto, aunque a la derecha también le pasa. La derecha es más pragmática, sabe lo que defiende, así que la división es menor; ahí, la disputa de ideas es secundaria, importan más los intereses.

La izquierda tiene menos intereses que defender, así que usa mucho el dogmatismo y a las ideas como elemento de poder. Por otro lado, la derecha quiere controlar los resortes de poder, pero la izquierda sólo tiene la ideología y los discursos.

En el programa La redacción abierta, de Intereconomía, hizo unas declaraciones muy duras, tildando a la izquierda actual de reaccionaria. ¿Por qué? ¿Quiere dCIDE, entonces, darle otro enfoque a la izquierda?

Es reaccionaria por defender los intereses de la minoría en vez de los de la mayoría. La falsa izquierda rompe el principio de igualdad al defender a lobbys o grupúsculos de poder, sin tener en cuenta el interés general y el bien común.

La izquierda se supone que defiende los intereses de la mayoría, es decir, de los trabajadores, pero, en lugar de eso, se dedican a quitar nombres a calles, teniendo en cuenta a minorías ideologizadas a las que quieren contentar. Estas cosas no las ha hecho nunca la izquierda.

 

¿dCIDE está a favor o en contra del aborto?

Este es un tema muy delicado, sin exageraciones. Yo creo que, con el tiempo, se irá estableciendo un límite científico sobre esto, en el que el aborto, al final, acabe prohibiéndose. Hasta entonces, mientras tanto, mientras sea 100% dependiente de la madre, respeto la decisión que sea, mientras no haya presión externa.

Pero hay que dar la posibilidad a todos de tener los hijos que quieran y hay que apoyar la natalidad, que hoy en día es más costosa que hace unos años, actualmente hay demasiados obstáculos sociales. Lo más natural es tener hijos, no es normal reprimir el deseo de tenerlos.

 

¿La eutanasia?

Un poco lo mismo, el Estado no debería decir nada en eso. Creo que debería darse en ocasiones excepcionales, de las que ni se deberían hablar.

 

¿Qué opinión tiene del matrimonio homosexual y la fiesta del orgullo gay?

No tengo ninguna objeción en el matrimonio, mientras se asuman todas las consecuencias y sea exactamente igual que los demás.

Sobre la fiesta, me parece una exhibición forzada y efectista que me aburre, innecesaria para defender los derechos que se supone que se defienden. No estoy en contra de la misma, sólo me parece demasiado excesiva.

Como dije antes, simplemente defiendo la igualdad real: se es antes ciudadano que homosexual o heterosexual, con los mismos derechos.

 

 

Con todo esto, habrá gente que afirme que dCIDE no es realmente un partido de izquierdas, ¿a qué cree que sería debido eso? ¿Qué le diría a esa gente?

Nosotros somos radicalmente de izquierdas, porque no abandonamos los principios de igualdad real, de los intereses mayoritarios y de defensa del desarrollo individual.

La derecha no puede decir eso, aunque lo predique, porque defiende a la minoría que la mantiene. Esto es algo que hace ahora la izquierda, cuando es algo propio de la derecha.

 

Y para terminar, ¿cómo se le presenta el futuro a dCIDE, de cara a las próximas elecciones europeas, autonómicas, municipales y generales?

Somos minoritarios, no tenemos apenas fuerza ni podemos hacernos ilusiones falsas. Podríamos tener esperanzas para las europeas, por lo que parece, pero habría que ir viendo eso. Estamos valorando donde podemos tener más fuerza, según nuestros recursos, y así veremos donde presentarnos.

Sí que es verdad que los medios de comunicación no ayudan a visibilizar nuevas ideas. No sabemos a dónde llegaremos, pero lo importante es tener fuerzas y seguir dando un discurso que guste.

¿Quién es Santiago Trancón?
Santiago Trancón nació en Valderas (León) en 1947. Escritor, doctor en Filología Hispánica, exprofesor de Lengua y Literatura en Barcelona y Madrid y de Dramaturgia en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), fue el redactor y uno de los firmantes del manifiesto de los 2.300, un llamamiento realizado en 1981 en el Diario 16 de Barcelona, firmado por intelectuales y profesionales que, entonces, vivían y trabajaban en Cataluña, en el que reivindicaban la igualdad de derechos lingüísticos en dicha comunidad, defendiendo el uso de las dos lenguas oficiales, el castellano y el catalán, sin imposición de una sobre la otra; prácticamente, un aviso de lo que hoy estamos viviendo.

A finales de 2016, vio la luz su último proyecto político: dCIDE, siglas de Centro Izquierda de España, partido político que él mismo preside y que se caracteriza por la defensa sin complejos, desde posiciones moderadas de izquierdas, de la nación española, algo, por desgracia, anómalo en nuestro panorama político.

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