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La fauna salvaje afgana, como todas, sólo entiende de su guerra, que es la de la supervivencia. Ni de plomos, ni de símbolos religiosos

 

Del leopardo sólo se obtuvieron fotografías de 3 ejemplares
Del leopardo sólo se obtuvieron fotografías de 3 ejemplares

 

 

En la provincia de Nuristán, al este de Afganistán, la fauna salvaje que siempre estuvo sigue estando en sus bosques, muy a pesar de la manía del hombre de guerrear entre sí para nada. Los tiempos de los imperios y de las armadas invencibles ya pasaron.

En la frontera con Pakistán, que es donde se encuentra Nuristán, los científicos «han revelado avistamientos y otras pruebas de varias especies, incluyendo osos negros asiáticos, lobos grises y leopardos». Más contentos que unas pascuas. Así lo recoge la prestigiosa publicación National Geographic. Desde 2006, los estudiosos controlaban los movimientos de determinadas especies faunísticas con el objetivo de velar por su protección. Hasta tres después estuvieron cazando instantáneas con cámaras-trampa y realizando pruebas de ADN a los excrementos de los animales.

El puerco espín, el más vanidoso

Fue el más retratado. Hasta «280 ejemplares durante el estudio» de puercoespín crestado de la India, para ser más exactos, fueron recogidos por los objetivos de las cámaras «con pruebas directas o indirectas». Además de este roedor, «también se pudieron observar zorros rojos, lobos grises y chacales dorados».

El más vergonzoso, el leopardo, del que sólo se obtuvieron fotografías de 3 ejemplares. Y el más neutral, el que escapó de los dos extremos, fue el oso, el oso negro, el poderoso mamífero del que los científicos lograron conseguir hasta «5 fotografías con cámaras-trampa» y 45 de 18 ejemplares diferentes, «además de recolectar 16 muestras escatológicas durante el período del estudio».

No está la cosa como para tirar cohetes

Bien, está, pero no para montar una fiesta. Según National Geographic, hay que ser cuidadosos a la hora de cantar vítores puesto que en Afganistán, lógicamente, cada vez es menos la extensión de tierra cubierta de bosques. Esto viene a significar que de aquí a no mucho, de seguir todo igual, asistiremos a «la desaparición de los animales de mayor tamaño de este área», de mucha de la fauna salvaje local.

Por la guerra, claro. La guerra pone la vida patas arriba y el orden no iba a ser menos. Se hace lo que quiere con más facilidad porque la vigilancia es menor. ¿El motivo? Sencillo: «gran parte de las instituciones culturales han sido degradadas hasta el punto de que cada uno va por su lado, y creo que eso ha acelerado sobremanera la pérdida de recursos naturales». Eso decía Peter Zahler, responsable del programa de la Sociedad de Conservación de la vida Salvaje Afgana.

Es la deforestación, la falta de sensibilidad a la hora de cortar por lo sano las venas de los pulmones mundiales. Las venas, los árboles. Y todo para dar de comer a nuestros aparatos, que son útiles, sí, pero también susceptibles de ser sustituidos por otros más ecológicos. No hay ganas. La tierra sin animales no será la Tierra; habrá que cambiarle el nombre.

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