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Se ha desarrollado en los últimos tiempos una minoritaria tendencia a la ‘fobia al turismo’ que, afortunadamente por las cifras estadísticas de las que disponemos, sigue siendo fiel a nuestros pueblos y a nuestras playas.

 

La tendencia a la 'fobia al turismo'
El turismo continúa siendo fiel a nuestros pueblos y a nuestras playas

 

España espera recibir más de 75 millones de turistas a lo largo de este año. En el primer semestre ya hemos recibido 36 millones que se concentran en los lugares más turísticos de nuestro país, las costas, las islas baleares y las canarias y las principales ciudades de nuestra península: Barcelona, Madrid, Sevilla y muchas otras.

Hasta ahora comprobar las grandes cifras de visitantes que llegaban a España nos producía una gran satisfacción por muchos motivos. Dejaban mucho dinero en sectores hoteleros, restauración, líneas aéreas, ferrocarriles, coches de alquiler y comercios de toda índole. De esa forma han hecho crecer nuestra economía y como consecuencia el empleo, sobre todo en los meses estivales. También nos trajeron un soplo de aire fresco a los españoles que aún no habíamos salido de España.

Siempre hemos presumido de tener todos los elementos que se necesitan para recibir al turismo: un buen clima, un patrimonio cultural y artístico único, una excelente gastronomía, unas playas fantásticas, un mosaico de paisajes muy variado junto a una población abierta y amable.

 

El ‘turismo de borrachera’

 

La tendencia a la 'fobia al turismo'
El típico turismo de borrachera en Magaluf.

 

Sin embargo parece que ahora las cosas están cambiando. Se percibe en los lugares más visitados un cierto cansancio por el vaivén de todos estos grupos de turistas que invaden calles, plazas y mercados y entorpecen el discurrir cotidiano de los habitantes del lugar. Pero también por el mal comportamiento de otros, casi siempre jóvenes,  que vienen a hacer turismo de borracheras y sol, que ensucian, destrozan y dejan una pésima imagen de nuestras ciudades. Estos turistas hacen daño a los demás y a ellos mismos.

 

La tendencia a la 'fobia al turismo'
El típico turismo de borrachera en Magaluf.

 

Es penoso ver las imágenes de las noches de alcohol  de unos jóvenes que se supone tendrían que venir a conocer y a gozar de nuestra cultura, de nuestros platos y de nuestra gente. No creo que a los españoles nos dejaran hacer lo mismo si fuéramos a su país. A ellos tampoco se les debe consentir. Ya hemos sido demasiado tolerantes.

A Barcelona en concreto llegan 65.000 cruceristas cada fin de semana, por otro lado un ejemplo de educación y buen comportamiento, pero esta afluencia de pasajeros colapsa las ciudades sobre todo en los lugares más emblemáticos.

La ciudadanía tiene la sensación de haber perdido una parte de su tranquilidad, de su autonomía y de su libertad. Esto es producto del turismo de masas. Supongo que este fenómeno ya habrá sido sufrido y posiblemente tratado con escasos resultados en otros lugares eminentemente turísticos como pueden ser, Venecia, Florencia, Estambul, Roma, París o Londres, por poner ejemplos.

 

Los pisos de alquiler y viviendas

Por otro lado, con la afluencia masiva de visitantes los pisos están adquiriendo precios desorbitados pues el turista paga lo que sea con tal de conseguir alojamiento y esto daña la economía de la población autóctona, así como la de los que han acudido allí para trabajar y ven que sus ingresos se los dejan en las rentas de los pisos, eso cuando los encuentran. Muchos propietarios de pisos al ver el negocio que supone alquilarlos vacacionalmente desalojan a sus inquilinos que se encuentran con un serio problema por la escasez de viviendas y su carestía.

También el vecindario se queja de las molestias que producen en la comunidad el ir y venir de gente desconocida que entra y sale de los portales cuando quiere, que no respeta las horas de descanso, puesto que ellos están de vacaciones, que originan desperfectos en las zonas comunes y alteran la vida de los residentes con otras costumbres y hábitos.

Hay que ponerse en la piel de los demás para comprender todos estos aspectos de la convivencia entre los de aquí y los que llegan. La inmensa mayoría de los que nos visitan lo hacen educadamente, les gusta nuestro país por eso vienen una y otra vez, incluso muchos adquieren viviendas y se instalan en España. Ingleses, alemanes, franceses conviven en muchas poblaciones con los autóctonos y todos se respetan.

 

Campañas de desprestigio

Por eso no me parece bien que se emprendan campañas para desprestigiar el boom turístico que alimenta una parte de la economía de nuestro país. Porque una cosa es exigir medidas para controlar los abusos y para equilibrar fuerzas y otra es usar métodos coactivos y de intimidación a gente pacífica que ha llegado aquí de buena fe para  disfrutar de sus vacaciones y no entiende ni tiene porqué los motivos que mueven a estos grupos de vecinos y activistas cabreados.

Los europeos descubrieron nuestras costas bañadas de sol en los años sesenta y desde entonces no han dejado de acudir puntualmente. En la actualidad ya no son sólo los ciudadanos de Europa occidental los que llegan, sino también los chinos, los norteamericanos, los japoneses y los rusos.

No todo lo que recibimos será bueno, pero no podemos impedir que lleguen. También hay muchos españoles viajando por el mundo y no creo que les gustara ser mal recibidos.

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