La improvisación llevada a cabo por el gobierno de Nicolás Maduro tanto en temas económicos, cómo sociales o urbanísticos, está llevando a Venezuela ya no sólo a una bancarrota financiera, sino también a una quiebra social y de confianza en las instituciones.

Colas en los supermercados venezolanos debido a desabastecimiento. |Foto: rtve.
Colas en los supermercados venezolanos debido a desabastecimiento. |Foto: rtve.

Venezuela se encuentra asfixiada por problemas estructurales, económicos y sociales, que están mermando la confianza general de la población en sus instituciones. La “revolución” de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, está hundiéndose rápidamente en medio de la desesperanza de los venezolanos, que ven cómo la calidad de sus vidas se vuelve cada día un poco peor.

La falta de seguridad jurídica tras el aumento de expropiaciones forzosas de entes privados e instituciones financieras, ha producido una huida de empresas e inversores, llevándose sus capitales a otras zonas más propensas para hacer negocios. Las instituciones públicas organizadas y planeadas por el gobierno de Nicolás Maduro, están inoperativas y son incapaces de levantar el vuelo de la economía venezolana. Un ejemplo de todo ello es la liquidación administrativa el pasado día 12 de Febrero, del Banco Industrial de Venezuela, con el objetivo de “fortalecer, reorganizar y optimizar el funcionamiento de la banca pública y hacer más eficiente su actuación”. El modelo económico basado en la total expulsión del sector privado de la vida económica, y los improvisados “decretazos” que están dirigiendo la economía de la república, están generando además de un profundo malestar entre los ciudadanos, innumerables críticas de todos los estamentos académicos y empresariales de Venezuela.

Las colas de venezolanos frente a los supermercados, esperando a poder entrar para adquirir comida y productos de primera necesidad, recuerdan a aquellas imágenes de los últimos días de la era soviética, cuando los rusos se agolpaban frente a establecimientos con estanterías vacías y mostradores desiertos. Ahora es el pan lo que amenaza con desaparecer. Las existencias de harina están disminuyendo y las exportaciones de trigo mexicano y canadiense no llegan, los proveedores han perdido la confianza en el pago de sus productos con la moneda local, el bolívar, y van dejando de suministrar materias primas a Venezuela a menos que sean abonadas en dólares USA. La patronal del sector Fetraharina, anuncia que las reservas der harina podrían acabarse en un mes.

En medio de toda esta incertidumbre económica, Nicolás Maduro ha destituido a su vicepresidente de Economía productiva Luis Salas, sustituyéndolo por el ministro de Industria y comercio Miguel Pérez Abad. El empresario y expresidente de Fedecámaras Jorge Roig, aseguró que la destitución del vicepresidente refleja “una total improvisación del presidente Nicolás Maduro en su mandato (…) es una mala imagen internacional para el gobierno nacional”.

Con todo, la improvisación del gobierno de la república no sólo deja su constancia en la economía sino también en el urbanismo. La puesta en marcha de la “Gran Misión Vivienda Venezuela”, un plan que pretendía la construcción de viviendas para acabar con el déficit que de ellas lleva sufriendo el país desde hace décadas, ha puesto de manifiesto su ineficacia y su total improvisación a la hora de atajar este grave problema. De acuerdo a un estudio, elaborado y coordinado con otras instituciones académicas por la universidad Simón Bolívar, el déficit de viviendas en Venezuela en 1999 era de 1.200.000, actualmente el déficit de viviendas en la república es de 2.300.000

El pasado mes de diciembre, el presidente Nicolás maduro hacía de manera pública y notoria, la entrega de la vivienda “Un millón” en nombre de la revolución, y aseguraba que era un hito y un logro de este movimiento revolucionario puesto en marcha por su predecesor Hugo Chávez. Sin embargo el estudio revela que de ese millón de viviendas, nada menos que 2/3 de ellas son autoconstruidas por los propios venezolanos, la gran mayoría de ellas en barrios populares, sin ningún control, y con total carencia de servicios públicos, zonas escolares, parques, equipamientos sanitarios o policiales. Miguel Méndez Rodulfo, especialista en políticas públicas y miembro de la academia nacional de Ingeniería y hábitat, manifiesta que la exclusión del sector privado en la construcción y la falta de planificación urbanística, está generando un aumento en la carencia en el número de viviendas y en sus condiciones de habitabilidad, que podrían afectar a 15.000.000 de venezolanos.

Cuando la miseria y la falta de oportunidades campan a sus anchas, impidiendo el desarrollo de la población, es inútil llevar a cabo políticas que pretendan un hacer llegar al ciudadano los valores o principios que impulsan el desarrollo humano y social de un país. Atajar la miseria, la pobreza, la falta de infraestructuras y de trabajo bien cualificado, es vital para comenzar a desarrollar una nación que pretenda dar a sus ciudadanos una adecuada calidad de vida.

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