4.75/5 (4)

El ganador ha de llegar a meta con una cierta cantidad de alcohol en sangre después de haber corrido entre 20 y 30 kilómetros. Eso es el hashing.

 

El ganador en el hashing tiene que llegar a meta sino más borracho que una cuba, al menos achispado / ViceSports
El ganador en el hashing tiene que llegar a meta sino más borracho que una cuba, al menos achispado / ViceSports

 

¿Empinar el codo se considera ejercicio? Casi. Para muchos, levantar vidrio en una barra debería ser considerado deporte nacional. Todos hemos oído alguna vez este típico gracejo de quien prefiere una cerveza a perder la vida. Pues bien, parece que el dicho ha dejado de colmar el vaso e, ironías a parte, se ha materializado en una disciplina deportiva que comenzó a practicarse en Malasia en 1938.

Pero no es solo mangarse, que también hay que darle a la zapatilla. El hashing mezcla el popular running con el también popular drinking y se resume como sigue: uno sale despejado y se pone a correr 20 o 30 kilómetros hasta que cruza la línea de meta, que normalmente suele fijarse en un bar.

Un trago se echa mejor en compañía

Por eso el atleta en cuestión tiene que ir acompañado por otros 9 jaraneros o más, depende ya de la zona del mundo en la que se practique este deporte. Lo que sí es común en todos los escenarios es que en este grupo de participantes haya un par que hagan de «liebres», es decir, que haya dos que se adelanten dejando a sus compañeros un rastro de harina para que no confundan merinas con churras. No sería la primera vez.

De la salida al bar siguiendo un rastro; eso lo entiende cualquiera. También que gana quien primero llegue, como en todo. Lo que ya no es fácil de digerir es que para que se le coloque la corona de laurel como manda la ley, el ganador tiene que haber tocado meta con una cierta cantidad de alcohol en sangre. Llanamente, tiene que llegar, sino más borracho que una cuba, al menos achispado.

En el hashing todo es compañerismo

Por eso el equipo entero trabaja para que el beodo principal. Sobre todo aquellas dos «liebres» que decíamos líneas arriba y cuya misión principal es llevar el rastro hasta un número determinado de puntos calientes, que no son más que paradas técnicas en las que los borrachos han de beber una cervecita —o cualquier otra bebida espirituosa— y descansar la mangada. Pero cuidado, a veces las dos «liebres» no hacen su trabajo como deberían y marcan rastros falsos. Independientemente de esto último, es tan importante el trabajo de los dos de a bordo, que si el ganador no ha hecho todas y cada una de las paradas de rigor, no se reconocerá como digno merecedor de la victoria.

Y como las medallas no se beben, el campeón, que también podría recibir una copa por aquello del gremio, se lleva para casa un barril de cerveza fresca. La gasolina, que no falte.

Valora este artículo

1 Comentario