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Juan Ignacio Blanco destapó uno de los casos más tenebrosos y negros de la historia de España: el fatídico caso de las niñas de Alcàsser, en 1993.

Juan Ignacio Blanco
Juan Ignacio Blanco planta cara a una muerte inminente.

Ya era conocida por todo el público exigente con la verdad, en particular en España, “la increíble fortaleza y tozudez” de este periodista descomunal, etiquetado habitualmente como eminencia de la criminología por sus acreditados conocimientos en dicha disciplina.

Fortaleza y tozudez generalizada, pero en particular, para inculcar e imponer desde hace un cuarto de siglo que hay ciertas cosas a las que los ciudadanos no podemos ponernos de perfil de ninguna de las maneras. En concreto, ante ciertos desgraciados crímenes que se vienen cometiendo con mucha naturalidad en todo el mundo y en particular en España.

Descoloca a cualquiera, el secuestro, violación, tortura y muerte de nuestros menores. Entendiendo siempre —desde la mente de bien nacidos y por supuesto de este periodista estratosférico—, que nuestros menores son todos los menores vengan de la familia que vengan, como es lógico y normal entender. Él se encargó de recordar y grabar a fuego en la mente de todos los españoles, al sacar a la luz uno de los casos más tenebrosos y negros de la historia de España: el fatídico caso de las niñas de Alcàsser, en 1993.

Lo más terrible no fue solamente este desgraciado hecho, ni lo único de lo que alertó a la sociedad española bien oyente, sino la extraña e incomprensible impunidad con la que se dedujo venían produciéndose estos hechos, a tenor de sus investigaciones clara y diligentemente expuestas al servicio de la comunidad española.

Su protesta y rebeldía, por tan mala praxis de la justicia, terminó de alertar a la sociedad Española, poniéndonos a todos en guardia ante unos hechos tan inaceptables y que nada tiene que ver con el buen funcionamiento de las fuerzas de orden público a las que él siempre defendió; sino a la extraña forma en la que están dirigidas y orientadas, dándonos al menos a la sociedad responsable una oportunidad para reaccionar o estar precavidos ante esta ruleta rusa que parece ser el funcionamiento de la justicia española.

No va a ser esta parte y ahora, quien pretenda en estas líneas hacer relato tanto de la perseverancia y arrojo que demostró para poner de manifiesto lo dicho con anterioridad; como lo que tuvo que sufrir y pelear con posterioridad ante una de las persecuciones judiciales más clamorosa y esperpenticamente injusta de la historia de España. Más de treinta veces le sentaron en el banquillo. Absolutamente por ningún motivo que se ajustara a ley, salvo que ejercer con dignidad y responsabilidad el periodismo fuese un delito tipificado que el pueblo desconociera.

Todo esto no es objeto y noticia de esta humilde opinión, de hecho no cabe posibilidad alguna de relatar con un mínimo de rigor tan dilatada y heroica batalla en la misma. Aunque las armas de las que se valió si se podrían resumir en una línea: integridad incorregible, decencia, amor por la verdad y responsabilidad profesional.

Me he animado a escribir este “articulo” dirigido a cualquier medio serio, entendiendo que la nueva osadía de este informador incombustible bien merece ser noticia y pecado privar a las buenas gentes de este nuevo ejemplo de valentía y amor por la vida. Pues ahora, a quien esta plantando cara, es a los cuidados paliativos del temido cáncer, cangrejo para los amigos . ¡Pero ojo no cualquier cáncer!

Juan Ignacio Blanco: su lucha

En junio de 2015 —hace algo más de dos años—, le detectaron un cáncer de colon y los oncólogos del Hospital Puerta de Hierro de Madrid decidieron someterle a tratamiento con quimioterapia y radioterapia para rebajar el tamaño del tumor antes de intervenir y extirparlo quirúrgicamente.

“El otro día, cuando me “lamentaba” de perder el pelo -otra vez- y vosotros me animabais diciendo que el pelo no es importante porque vuelve a crecer, me di cuenta que ninguno conocía mi guerra contra el cáncer.”

Juan Ignacio Blanco | Facebook de Amigos de Juan Ignacio Blanco

Después de cuatro meses de tratamiento, el 17 de noviembre de 2015, fue operado por el cirujano Dr. Arsenio Sánchez Movilla, quien extirpó completamente el tumor y realizó una ileostomía.

La operación fue un éxito y durante los dos meses posteriores continuó con el tratamiento de quimioterapia, con la misión de acabar con aquellas células cancerígenas que se hubieran podido desplazar a otras zonas.

A finales de enero de 2016 realizaron un TAC para comprobar si el recto había cicatrizado perfectamente y volver a operar cerrando la ileostomía. El resultado del TAC fue que el recto había cicatrizado perfectamente pero tenía un nuevo tumor de cuatro centímetros en el hígado.

Juan Ignacio Blanco
Las imágenes de cuando le prescribieron cuidados paliativos y las de tiempos recientes parecen apuntar otra victoria épica de una batalla más.

Las peores noticias

Los oncólogos le derivaron al cirujano hepático quien sometió al periodista a una resonancia magnética donde se descubrió que no tenía un tumor en el hígado sino dos, este último de tan solo nueve milímetros pero muy cercano a la arteria hepática.

Dada la aparición de estos dos tumores metastásicos en el hígado, los oncólogos decidieron realizar la prueba del PET, cuyos resultados ofrecieron un nuevo tumor, esta vez en el pulmón izquierdo. Condenándolo a tratamientos paliativos, para ayudarle a morir dignamente.

Pero claro, los oncólogos no sabían con quien se estaba jugando las habichuelas. Y D. Juan Ignacio Blanco, se supone que con esa mezcla de humildad y chulería de los de donde él es, les explicó que de morirse nada y menos sin haber agotado hasta su último aliento, su ultima gota de sangre española, su ultimo rezo:

“No me importan el número de batallas, si no la razón de las mismas y siempre estoy preparado para la siguiente.”

Esta vez contra una muerte inminente. Sus razones tendrá.

Los pormenores de las tres intervenciones quirúrgicas posteriores, los 28 días en Urgencias, 24 días en la UCI y un coma inducido, son desconocidos por quien escribe esta nota, pero las imágenes de cuando le prescribieron cuidados paliativos y las de tiempos recientes parecen apuntar otra victoria épica de una batalla más.

Una última reflexión

En un mundo normal y cabal, también otros medios “deberían” hacerse eco de esta lucha encarnizada que está librando este merecido héroe nacional de principios inquebrantables y en peligro de extinción.

No lo tiene fácil, para que engañarnos. La tristeza, el llanto y la desolación de sus seres queridos parece estar más cerca, que la alegría de presenciar tan inédita y épica recuperación de forma definitiva. Pero al menos, nos queda la esperanza, de que si alguien puede lograrlo es este desconocido pero merecido héroe nacional D. Juan Ignacio Blanco Duran: el último periodista.

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17 Comentarios

  1. Si hay alguien a quien desear toda la suerte de este mundo es a él, el que se enfrentó a las bestias negras de nuestra democracia, sabiendo que podía perder todo, pero algo que no perdió fue su dignidad, esa nunca se la podrán arrebatar…….
    Y todo al final saldrá a la luz y el hizo todo lo humano para que así sea.
    Enorme el agradecimiento que se merece y deseo que vea brillar su vida a pesar de sus circunstancias con la enfermedad, Dios te protega y te ayude.