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Poco ha durado la aparente buena relación entre Trump y Putin de antes de las elecciones estadounidenses. La escena internacional se complica, ¡y mucho!

La madre de Trump y los hijos de Putin
Trump y Putin

Donald Trump no lleva ni tres meses como presidente de EE.UU. y, a pesar de lo que muchos analistas pensaban, no solo está cumpliendo todas las medidas que dijo que iba a adoptar en el terreno de la relaciones internacionales, sino que además lo está llevando a cabo a un ritmo vertiginoso. Cada día nos levantamos con un nuevo sobresalto, en forma de noticia, en lo que se antoja un escenario muy complejo. Hoy, charlando con un buen amigo, hablábamos de ello y la verdad, no se me ocurre un cóctel más peligroso.

A Vladimir Putin ya le conocemos hace tiempo y ¿qué podemos decir de él? Bueno, muchos le denominan el “Zar” y lo cierto es que no van mal encaminados. Revisando la historia de Rusia y de la Unión Soviética, no es un territorio en el que existiera la más mínima tradición democrática y eso pesa, y mucho.

Cuando en 1991 se descompuso la URSS, lo hizo de una forma estrepitosa, desordenada y a base de epilépticos espasmos socio-políticos. El resultado fue una Rusia con un régimen presidencial muy a la medida de Boris Yeltsin que, dada la poca tradición que antes nombraba, no tenía ninguna referencia alguna de como construir una democracia.

Muchos autores coinciden en equiparar el régimen político ruso actual y los poderes de su presidente, con el de los antiguos zares. De ahí que no nos pueda sorprender el actuar de Putin quien, de una forma o de otra, lleva anclado en el poder desde ¡nada menos! que el 31 de diciembre de 1999… ¡y lo que le queda! Gobernar con un sistema electoral más que cuestionable, lleno de cortapisas y triquiñuelas, una constitución frágil y fácilmente modificable, un parlamento relegado a un segundo plano y unos poderes presidenciales sobredimensionados, no suele dar lugar más que a una autocracia, donde un individuo con fuerte personalidad se aproveche a base de bien de las circunstancias.

Ahora bien, de repente irrumpe en el panorama de, no nos olvidemos, la democracia más antigua del mundo moderno, el “Mesías” presbiteriano de Trump. Me refiero a él cómo profeta porque con su discurso populista y simplista se ganó a las clases populares norteamericanas quienes le creyeron ciegamente cuando comenzó a prescribir recetas sencillas para problemas complejos. Parece moda mundial esto de decir lo que todo ciudadano cabreado quiere escuchar y así ganarte un buen puñado de votos, que en el caso de Mr. Trump, le ha llevado a la misma Casa Blanca.

El caso es que ahora tenemos a los dos países más poderosos militarmente hablando presididos por dos individuos, cuanto menos, peculiares. Putin queriendo recuperar el viejo protagonismo de la URSS, sin darse cuenta que, precisamente, una de las cosas que hizo colapsar a la coalición soviética fue el no poder seguir el ritmo de la escalada armamentística del bloque capitalista, con EE.UU. a la cabeza. El pato, digo Donald, con complejo de Gary Cooper en “Solo ante el peligro“, retomando la unilateralidad en las relaciones internacionales, que tan pésimos resultados dio durante las administraciones de Bush hijo.

Lo de Siria, a pesar del gran drama humanitario que supone, puede quedar en “pecata minuta” ante lo que puede estar por venir, y no es otra cuestión que Corea del Norte. Analicemos el tema de una forma simple. Se sabe que el régimen de Kim Jong-un tiene hace tiempo armas nucleares, lo que de momento no tiene (o no se ha podido comprobar que tenga) es la capacidad de tomar esas armas y ponerlas al otro lado del Pacífico porque, aunque parezca que no, desarrollar un sistema de misiles balísticos intercontinentales es harina de otro costal. En eso les ayudo mucho los Von Braun y Korolev, a EE.UU. y a la URSS, respectivamente, en los años 50 y 60, basados ambos en el temido cohete V-2 nazi y, de paso, iniciaron la carrera espacial. Después de estos dos países, como podréis adivinar, el único que posee esa capacidad de larga distancia es China, quien a su vez fue ayudada tecnológicamente en su momento por científicos soviéticos. El caso es que los norteamericanos no pueden digerir que, en algún futuro no muy lejano, los norcoreanos lleguen a conseguir fabricar exitosamente los intercontinentales y les planten un “pepino” atómico en el mismo Monte Rushmore, sin aviso ni anestesia.

Los años de sanciones de la Naciones Unidas parece que poca mella han hecho al régimen de Pionyang, se sospecha que por un estraperlo sostenido desde su vecina China quien, a pesar de ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, se ha pasado los embargos por el arco más alto de la Gran Muralla. Quien se crea la utopía de la autosuficiencia de Corea de Norte, es que está muy ciego.

Llegada una escalada bélica en la región, los primeros (o los segundos) que estarían bien fastidiados serían Corea del Sur y Japón porque, o los estadounidenses dan un golpe certero, sorpresivo y total contra la capacidad nuclear de Corea del Norte (cosa casi imposible), o los dos aliados de EE.UU. pueden ser golpeados por las armas atómicas, que para eso si que tienen capacidad los norcoreanos. Tendría muchas narices que fuera Japón, después de Hiroshima y Nagasaki hace casi 72 años, la que soportara una vez más la devastación de este tipo de armas. Además, me apuesto lo que sea que ni China ni Rusia se iban a quedar muy conformes con una contienda de ese calibre en su zona de influencia, sería para ellos como tener el dormitorio lleno de cucarachas. A partir de ahí, Dios sabe lo que podría pasar porque las guerras, se sabe cómo empiezan (o eso creemos), pero no se sabe cómo acaban. Tal como dijo hoy mi apreciado amigo Iván: “Lo que no están considerando los líderes son las consecuencias de una guerra a gran escala con las armas actuales“. No le falta razón.

En fin, después de esta larga reflexión, no me queda otra cosa que decir….¡la madre de (o qué parió a) Trump y los hijos de Putin! Y mientras el resto del mundo conteniendo la respiración como en 1962 con la crisis de los misiles en Cuba ¡Y nos creemos que hemos avanzado desde entonces! Juraría que no mucho.

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3 Comentarios

  1. Corea del Norte amenaza a la región por contradecir a la ONU, las armas de que dispone no solucionan su precaria situación, más bien la empeoran, demás está decir que ante una improbable confrontación de éste calibre, nadie será ganador pero si todos pagarán el precio de tanta provocación, tengan o no los líderes mundiales (incluyendo al enfermo norcoreano que no lo es), la supuesta razón.

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