4/5 (5)

Identificar el malestar que nos inquieta como enfermedad es el primer paso para tomar conciencia de que podemos combatirlo

No hay una mayor disposición genética para unos u otros, solo distintos estilos de vida
No hay una mayor disposición genética para unos u otros, solo distintos estilos de vida

Celebración del Día Mundial De La Salud Mental: Actos deportivos, actividades al aire libre, coloquios, conferencias… Quizás logren captar la atención por un minuto en el mundo, el suficiente para preguntar de forma contundente: ¿Locura, enfermedad o actitud?.

Al comenzar a escribir, sea la temática que sea, lo primero que intento es ser capaz de resumir en una frase la esencia del texto. De manera excepcional y con la certeza de que a veces en esta vida de locos no disponemos de más de un minuto, voy a citar a continuación unas palabras que son la inspiración y alma del texto:

Aunque estemos predeterminados genéticamente, todos, absolutamente todos, tenemos la capacidad de cambiar.

Con la lectura del párrafo de arriba habréis leído la esencia. Con la lectura que continua podréis leer algo que quizás os suene: ¿Qué causa el malestar que sin previo aviso a veces nos envuelve? ¿Hasta qué punto el ser humano está predispuesto genéticamente a padecer alguna de las enfermedades más temidas de este siglo, como la depresión o ansiedad?.

Noticias diarias de suicidios, acoso escolar o violencia de género llevan a una pregunta: ¿El mundo está loco o enfermo? Y lo más importante: ¿En qué porcentaje son nuestra actitud y estilo de vida responsables de nuestra salud mental? Actitud y no aptitud, ya que, sinceramente, pensar que la predisposición genética determine de manera inamovible nuestra vida es de locos.

La pregunta a la que creo que realmente debemos de prestar ese minuto de atención, es decidir respecto a ese malestar que ronda la vida: ¿provocar un cambio o convivir con él?

Según la OMS —Organización Mundial de la Salud—, constituida en 1948, la salud mental se define como «un estado de bienestar y equilibrio para afrontar las tensiones diarias, en el cual, el individuo es consciente de sus propias capacidades». Ser conscientes de que la calidad de vida se ve afectada por una carencia de equilibrio en la salud mental es fundamental para romper viejos tabúes, limites y convencionalismos.

¿Qué nos lleva a la necesidad de vivir en constante aprobación de los demás?

Superman o Superwoman en constante tensión, los mejores profesionales, padres, hijos, por no hablar de ser los de más estilo, clase, físico envidiable y carisma irresistible. Nuestro malestar parte de la enfermedad principal de intentar no diferenciarnos del resto, competencia continua para ser los mejores. ¿No es eso una locura?

Como viajera incansable que soy, a través de culturas, costumbres y religiones he llegado al conocimiento de que cada país tiene un concepto distinto de felicidad. No hay una formula matemática para el bienestar, pero sí la hay para el malestar: no tomar decisiones de cambio.

Escuchar esa voz interior que susurra no estar viviendo la vida deseada, oímos pero la apartamos, no sea que tomemos conciencia y tengamos que decidir cambiar nuestra vida.

A veces, al regresar de algún viaje, reconozco que el choque de culturas me trastorna de tal forma que me siento extraña con todo lo que me rodea: el apartamento, el trabajo, el ritmo de la ciudad. Me reincorporo a la cotidianidad como en un sueño, sin poder distinguir por unos días la realidad, consciente de como podemos cambiar con una decisión todo nuestro mundo. Da vértigo.

En ocasiones, para documentar artículos o crónicas que implican información acerca del comportamiento humano, he consultado con la que hoy es ya una gran amiga, la Doctora Victoria Rodríguez. Le pido que me razone la importancia de conocer que, aunque hay diferentes grados de disposición genética hacia enfermedades psicológicas, se puede prever con nuestra actitud un mayor o menor desarrollo de esas patologías y, por supuesto, un tratamiento para las mismas.

Sin adentrarse en tecnicismos, sino más bien como una conversación entre amigas, me explica la importancia de cuidar la salud mental:

«Identificar el malestar que nos inquieta como enfermedad es el primer paso para tomar conciencia de que podemos combatirlo. El malestar puede llegar a invadir nuestro interior condicionando el desarrollo de carrera profesional, vida personal, incluso comenzar a somatizarse en patologías físicas que no son otra cosa que el cuerpo expresando sus emociones.

Debería de existir un momento en la vida de obligada reflexión en el que nos preguntemos si estamos viviendo como deseamos, o si bien nos dejamos arrastrar por lo que se espera de nosotros. Tras ese momento de sinceridad con uno mismo hay que buscar el equilibrio. Es lo único que nos puede conducir al bienestar y con él conseguir la salud mental.

No es fácil todo esto, conlleva decisiones que nuestro entorno puede no entender, y por supuesto, no está garantizado conseguirlo. Pero creo que ser conscientes de que hay opciones es ya de por sí un paso agigantado hacia el objetivo. Recordar que no hay una mayor disposición genética para unos u otros, solo distintos estilos de vida, y eso es algo que se puede cambiar».

La intensidad de la información de la Doctora Victoria me recordó otra mantenida con una señora en Egipto en una aldea nubia a las orillas del Río Nilo, no hace aún dos meses de ello. Y lo que más me sorprende al recordarla son sus palabras, la sabiduría que compartió conmigo es la misma que la de una doctora en psicología.

Versión en inglés: www.maicarivera.com/galeria-y-prensa/madness-illness-or-attitude/

Valora este artículo