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Me atrevo a decir, que parecen malos tiempos para el marxismo.

Malos tiempos para el marxismo
Alejandro Guillier

Anteayer fui a votar aquí en Chile, por cierto, deberían aprender las viejas democracias europeas en eso de poder votar tras cinco años de permanencia en el país, sin tener aún la nacionalidad.

Era la segunda vuelta de las presidenciales, y los dos candidatos que habían quedado eran Sebastián Piñera, quien ya fue presidente, y Alejandro Guillier. De derechas el primero y de izquierdas el segundo.

Las encuestas y los resultados de la primera vuelta auguraban una pelea electoral muy ajustada por ocupar el cargo, pero finalmente Piñera le sacó alrededor de nueve puntos de diferencia a Guillier, con lo que volverá a gobernar la derecha, algo que parece confirmar el giro que se está produciendo en la región.

Pero ¿por qué no están funcionando últimamente los programas de izquierdas por estos y otros lares? Habría muchas posibles respuestas para esa pregunta, pero yo quisiera aportar las mías propias.

 

Malos tiempos para el marxismo

Hace algo más de cuatro años, cuando Michelle Bachelet, actual Presidenta del país, se presentó y ganó, por segunda vez, las elecciones, lo hizo con una propuesta estrella, que no fue otra que la gratuidad universal de la educación superior ya que, según su visión, esa era la principal causa de la desigualdad en Chile. Al no poder ser accesible a todos cursar una carrera universitaria, eso perpetúa la diferenciación de clases e imposibilita la movilidad vertical de los de abajo.

No niego que este análisis pueda llevar algo de razón, pero, ese es uno más de los problemas que generan esa desigualdad y quizás no es el principal, pero eso daría para ríos de tinta.

Lo que dije en su momento, y no erré, fue que el proyecto se iba a encontrar con muchos problemas para ser implementado, porque tal y como lo planteó, no superaba el más mínimo análisis de políticas públicas.

Se identificó el problema, se propuso una solución, pero en el tercer escalón, que sería asignar recursos, ahí la cosa ya falló, porque esos recursos no existían ¿Cuál fue la ingeniosa idea para conseguir esos recursos? Ohhhh, una reforma fiscal… y os podéis imaginar por donde iba la reforma… sí, subir los impuestos a los que más tienen y así conseguir los 8.000 millones de dólares que se calculaba que iba a costar la gratuidad universitaria.

El resultado fue que, de inmediato, se fueron del país miles de millones de dólares de inversiones y la economía pasó de crecer a un ritmo vertiginoso a estancarse, cuando no ir para atrás. Efectos que ahora, a punto de terminar el mandato de Bachelet, se notan más que nunca.

Señores políticos: ¿A ver cuando consideran al capital como un actor político? Y además uno muy importante e independiente al que, lamentablemente, le suele importar un bledo las regulaciones nacionales. No puede ser que cualquiera con dos dedos de frente se dé cuenta de esto, y ustedes sigan con sus postulados del siglo XIX. Miren, desde tiempos inmemoriales, está muy bien lo de quitar al rico para dárselo al pobre. A cualquiera en su sano juicio le gustaría que los recursos estuvieran repartidos de forma más equitativa pero, luego es extremadamente difícil hacerlo.

Hace unas semanas, a cuento del tema de la independencia de Cataluña, leí un interesante artículo sobre las grandes fortunas del planeta, que venía a contar lo por libre que pueden llegar a ir esta gente.

Malos tiempos para el marxismo
El Marxismo trae consigo la fuga de capitales.

Yo ya sabía hace tiempo que de las 100 mayores unidades de riqueza del mundo, 51 son empresas y 49 son países. En un mundo globalizado donde pulsando un botón te llevas millones al otro lado del mundo en un segundo.

¿De verdad creemos que estamos en posición de intimidar a los que tienen mucho dinero? Yo más bien pienso, y aquel artículo lo confirmaba, que a esta gente lo que ocurra en un país, incluso en una región entera del mundo, les trae sin cuidado. Agarran su pasta, y se van allá donde les apetezca, y no faltan los sitios donde los reciban con ventajosas condiciones.

Dice un amigo, neoliberal extremo irreductible, que lo paraísos fiscales existen porque hay infiernos tributarios. Bueno, como sea, no hay que ir muy lejos para encontrar esos paraísos, incluso dentro de la Unión Europea tenemos a Irlanda, con unos impuestos mínimos para las empresas.

El muy antiguo discurso marxista de la repartición e igualamiento rápido de los recursos está abocado al fracaso, a no ser que se adoptaran medidas a nivel mundial y, francamente, no le tengo tanta fe a la raza humana.

Lo que sí que persiste, y es más antiguo que ese discurso, es la avaricia, la codicia, el ímpetu de acaparar más, mucho más de lo que se necesita, muchas veces por simple ego. Pero esas motivaciones han movido a las personas en no pocas ocasiones, a hacer grandes logros y avances. A los que no estamos dotados de esas motivaciones, obsesiones, tenacidades, genialidades o suertes, nos suelen quedar las migas del pastel.

La socialdemocracia nórdica, que surgió después de la II Guerra Mundial, precisamente como respuesta a la amenaza que pudiera constituir el comunismo, sobre todo en su versión soviética, supo durante mucho tiempo equilibrar la economía de mercado con una redistribución de la riqueza. Pero, una vez más, hablamos de sociedades muy éticas, donde la corrupción casi no existe y desde el primero al último ciudadano suele cumplir con sus obligaciones.

Es muy trasnochado en esta sociedad 2.0 hacer anuncios que amenacen tan claramente los intereses de los inversionistas porque, lo que sucede, es que se van con la música a otra parte. La única forma que se me ocurre es la de, con mucha mano izquierda, tiempo y pactos, ir adoptando medidas que mantengan los estados del bienestar, allá donde ya existan, y se encamine hacia ello a los países que les queda por recorrer.

Esto, también, es cuestión de cultura y de historia propia de cada lugar. Aquí en Chile, hoy mismo leía mi suegro una opinión sobre que el discurso de la igualación ya está obsoleto. Decía el autor que ahora en lo que piensa la gente es en superar a los demás, lo cual conlleva un fuerte componente individualista y meritocrático. En fin, yo tengo mis propias teorías sobre las realidades patrias, pero no es lo que nos ocupa ahora.

Como sea, el electorado castigó a Guillier por relacionarlo con “más de lo mismo”. Piñera y la derecha, ha sabido hacer suyas las propuestas de la izquierda, y lejos de anunciar el fin de la gratuidad, propone mantenerla e incluso mejorarla. El resultado ajustado de la primera vuelta, no fue nada más que vagancia electoral, porque muchos dieron por claro ganador a Piñera y no fueron a votar (cosa que dije yo ese día, y que parece que también acerté, voy a ver si me saco el carnet de adivino). Fuera de bromas, en la segunda vuelta, descartados otros candidatos de la izquierda, Guillier no pudo aglutinar esos votos y Piñera sí movilizó a su potencial electorado que parece que, ahora sí, salió a votar más masivamente.

Por todo lo anterior, me atrevo a decir, que parecen malos tiempos para el marxismo.

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