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En “Mercantilizar los estudios universitarios”, según la definición de la RAE sobre el término “mercantilizar” me interesa resaltar: «Convertir en mercantil, en mercancía, algo que no lo es».

 

Mercantilizar los estudios universitarios
n el período 2014-2016 casi el 85% de las tesis doctorales recibieron la máxima calificación posible: apto cum laude.

 

Según el diccionario de la lengua española, «Mercantilizar» es Convertir en mercantil algo que no lo es de suyo. «Mercantil» tendría como significado: Perteneciente o relativo al mercader, a la mercancía o al comercio.

Hasta finales de los años 80 el acceso a las universidades españolas tenía una limitación que impedía que muchos jóvenes pudieran acceder a los estudios universitarios, un obstáculo económico que venía dado dos factores: en primer lugar, la imposibilidad que tenían muchas familias de tener uno o más miembros sin generar recursos económicos. En segundo lugar, la existencia de una universidad centralizada territorialmente obligaba a los estudiantes a tener que desplazarse fuera de sus ciudades de residencia, lo cual acarreaba una carga económica que no era asumible por muchas familias.

Como se puede observar, y es importante destacar, los impedimentos no eran debidos al coste de la enseñanza universitaria sino a un entorno de bajo desarrollo económico tanto del país como de las familias afectadas.

Desde principios de los años 90 varios factores favorecieron un cambio en la situación anterior, dos de ellos fundamentales: el crecimiento económico del país y la apuesta por un sistema educativo que no limitara el acceso a los estudios por razones económicas. Las familias tuvieron la posibilidad de dedicar parte de sus ingresos a los estudios universitarios de sus hijos, la universidad se descentralizo, surgieron nuevas universidades y las existentes se expandieron a otras ciudades y se incrementó considerablemente el dinero público destinado a ayudas y becas a la enseñanza.

La nueva situación supuso que de las universidades españolas empezarán a salir miles de jóvenes con una alta preparación, que se iban incorporando al mercado laboral con mayor o menor dificultad en función de cómo soplarán los vientos de las diferentes crisis económicas. A estos jóvenes, para iniciar su carrera profesional, se les exigía un buen expediente académico y con el tiempo, se fue añadiendo la exigencia de un alto nivel de idiomas.

Los nuevos licenciados no solo eran demandados en el mercado nacional, su alta preparación les ha permitido y les sigue permitiendo a día de hoy, tener una gran demanda en el mercado internacional de trabajo.

Eran pocos los que finalizaban sus estudios universitarios con la realización de una tesis doctoral las cuales suponían un gran esfuerzo: el económico, ya que suponía el retraso en la incorporación al mercado laboral y un gran esfuerzo en horas de trabajo, investigación, estudio y redacción. Eran tiempos en los que se entendía que el esfuerzo que un país hacia en educación era una de las mejores inversiones que se podía hacer.

El sistema, por simple evolución,  era sensible a que se introdujeran mejoras: mejor adecuación de la oferta universitaria al mercado laboral, cambio en los sistemas tradicionales de educación basados en la memorización, más horas de prácticas que permitieran salir con una preparación más adecuada a los requerimientos profesionales, apoyo a otro tipo de estudios de como la FP, etc.

De las mejoras poco se ha hecho o por lo menos, poco se ha intentado hacer. Sin embargo y prácticamente sin que nos diéramos cuenta se decidió seguir otro camino, un brillante expediente universitario ya no era suficiente, la tesis doctoral dejo de ser un aspecto diferenciador (en el período 2014-2016 casi el 85% de las tesis doctorales recibieron la máxima calificación posible: apto cum laude) y se decidió que sería necesario complementar todos los años de esfuerzo, una vez terminados los estudios universitarios, por un curso (o varios) de postgrado o un máster (según la RAE: curso y título de postgrado). Eso sí, el coste de dichos estudios corrían por cuenta del alumno y por lo tanto, de nuevo, se introduce una limitación económica. A partir de ahí empezaron a aparecer todo tipo de estudios de postgrado y másteres. Un nuevo negocio que se expandió, en muchos casos, como las tienda de todo cien. Cuanto más rimbombante o barroco fuera el nombre, más adornaría el CV.

Muchos de ustedes pensarán que mi objetivo es desprestigiar los estudios de postgrado, nada más lejos de la realidad, pero si poner en duda a muchos de ellos que por falta de regulación y control se han convertido en una mercancía que no está controlada por ningún mecanismo que avale su calidad. Si a esto añadimos la polémica surgida recientemente con la clase política vemos en lo que se ha convertido, e insisto que no es igual en todos los casos, la realización de un máster: en el lazo que adorna la caja de bombones y lo que es peor, a que se le dé mucha más importancia al envoltorio que al contenido.

Siendo reiterativo en el hecho de que no todos los casos son iguales, al mirar la enorme oferta  que existe da la impresión que el mercado del máster se ha convertido en una mera transacción económica. A cambio de un gran esfuerzo económico y poco esfuerzo de trabajo te dan un bonito envoltorio que resalte tu CV y para rematar su desprestigio aparece esta nueva clase política: jóvenes, y no tan jóvenes, con nula preparación profesional, cuyo único objetivo es crecer en base a criterios políticos que nada tienen que ver con la tradicional meritocracia.

Jóvenes cachorros que cuando se empiezan a ver rodeados de excelentes profesionales, tanto en el ámbito público como en el privado, deciden que de alguna manera tienen que adornar su CV y que mejor solución, como no, que hacer un máster o algún estudio de postgrado que les permitan decir: yo soy una persona preparada. A partir de aquí, un mundo oscuro donde se mezcla el ansia de poder, la codicia y los favores personales.

Somos especiales, se creen, y como mi tiempo se lo dedico a España y a los españoles a mí me tienen que dar algunas prerrogativas: no asistir a clase, convalidar asignaturas, hacer trabajos de poca calidad o copiarlos de forma descarada, es decir están convencidos de que ellos no tienen que hacer el mismo esfuerzo que el resto de los ciudadanos.

¿Hemos llegado hasta aquí por casualidad o es parte de una estrategia que se extiende a otros servicios públicos?, primero los desprestigio para luego convertirlos en una mera mercancía gestionada por un sector privado cuyo único objetivo es maximizar beneficios. En definitiva el objetivo final parece claro que es mercantilizar nuestros servicios públicos, también le llaman privatizar o externalizar.

Para terminar me gustaría mostrarles algunos informes sobre la actual deuda universitaria en los EE.UU. el país que lidera esa forma de ver los servicios públicos como un gran negocio del sector privado. Les dejo dos enlaces donde podrán ampliar la información que a continuación les muestro a modo de resumen.

«La deuda estudiantil total en EE UU ascendió el año pasado a 1,3 billones de dólares y está en manos de 42,4 millones de estadounidenses. De ellos, 4,2 millones de endeudados faltaron el año pasado a sus pagos durante al menos nueve meses. La deuda estudiantil media ronda los 30.650 dólares, un 17% más alta que en 2013. Los factores que explican el incremento son múltiples, como los recortes de fondos públicos destinados a la educación superior o el alza generalizada de los costes». El país.

Conclusiones del informe sobre la situación de los universitarios en EE.UU.

  • 36% de los universitarios encuestados sufría de “inseguridad alimentaria”, el 42% en centros comunitarios.
  • 36%de los universitarios tenía una “vivienda precaria” llegando en algunos casos al 46%.
  • 9% no tenía un lugar en el que vivir en 2017; dormía en un albergue, un vehículo o un edificio abandonado. El número sube en centros comunitarios: 12%.

Si es aquí a donde se quiere llegar parece que han empezado por el buen camino, por el desprestigio del sector público.

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