El Papa Francisco ha donado todos los regalos que recibió en 2015 para sortearlos y dedicar la recaudación a obras de beneficencia.

El Papa Francisco celebra hoy en el Vaticano “la Santa Rifa”

Dice el décimo mandamiento que no se deben codiciar los bienes ajenos. Pero como toda regla tiene su excepción, habrá pensado el Papa Francisco que no es pecado un poco de deseo material cuando el fin es noble.

¿Quién no ha admirado el coche nuevo del vecino? ¿O el lujoso reloj del jefe? ¿O la cubertería de plata de la suegra? Pues bien, opina el Vaticano que no sólo podemos desearlos, sino que además podemos optar a poseerlos con el beneplácito de Su Santidad.

Será que el innovador Papa Francisco, siguiendo aquello que está escrito en Lucas 12:13, creerá firmemente que “el que hace para sí tesoro, no es rico para con Dios”. Tal vez por eso ha decidido, por tercer año consecutivo, donar para una rifa todos los regalos que durante el año precedente ha recibido de Casas Reales, altos mandatarios, adinerados empresarios, diplomáticos de todo el mundo y agradecidos fieles pudientes. Se ha acumulado así un jugoso botín para la tercera edición de la “Lotería de Beneficencia para las Obras de Caridad del Santo Padre”.

Este año, coincidiendo con el Jubileo de la Misericordia, el Papa ha decidido donar todos los fondos obtenidos con la venta de boletos para ayudar activamente a los refugiados y a personas sin hogar.

El Papa Francisco se ha quitado de la muñeca el flamante Rolex Oyster Perpetual Date de acero que le fue regalado hace unos meses y lo ha ofrecido como segundo premio para su rifa. El primer premio, un Lancia Ypsilon a estrenar. El tercer clasificado ganará una bicicleta tándem y un maletín de piel negra. No se vayan todavía, que aún hay más: un reloj de mesa, una bici, un cronógrafo US Polo, una maleta de viaje de piel, un bolígrafo de plata, una alfombra tejida a mano, un elegante centro de mesa de porcelana, una cafetera y otros treinta premios de consolación completan el peculio papal gentilmente cedido para tan solidario fin.

“La Santa Rifa”

Hasta ayer se podían comprar por diez euros, en diversos puntos de la Ciudad del Vaticano y también online, los boletos para la rifa que tendrá lugar hoy en el Vaticano. Los ganadores de la tómbola del Papa tendrán que acudir personalmente a retirar el premio, aunque el número premiado obre en poder de algún afortunado turista extranjero que aquel día pasaba por allí y compró un boleto. Si el turista en cuestión lanzó la moneda a la Fontana de Trevi, el regreso a Roma estaba ya asegurado (o eso dice la leyenda). Cualquier excusa es buena para volver a la Ciudad Eterna, incluso si es únicamente para recoger una cafetera ganada en “la Santa Rifa”. A fin de cuentas, ese café sabrá, obligatoriamente, a gloria bendita.

La lista de ganadores será publicada en la página web del Vaticano: www.vaticanstate.va

Quizá unos pocos, los que son “más papistas que el Papa”, pongan el grito en el cielo o se hagan cruces. Para el resto, en cambio, esta simpática y generosa extravagancia no es otra cosa que el reflejo del buen ánimo de espíritu del Santo Padre. Va a resultar que tenía razón San Mateo cuando escribió en el capítulo 6, versículo 21 que “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

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