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Imagínese que pone a la venta un artículo en Wallapop y que un comprador se interesa por él, ambos se ponen de acuerdo y usted le da su número de cuenta. Ahí está la estafa

Un estafado en Wallapop confía en esta imagen que le envía el supuesto timador
El supuesto estafador de Wallapop se gana la confianza de sus víctimas

Que se sepa, Álex R. R. ha conseguido estafar en torno a 250.000 euros, una fortuna que se he hecho a sí misma, pasito a pasito, a través de pequeños fraudes realizados en las páginas de compra-venta más populares. Siguiendo con las cifras y también con la incertidumbre del total, 400 serían las denuncias que se habrían interpuesto contra a él, todas estafas a particulares que siguen el mismo patrón.

Al elevado número de afectados no les ha quedado otra que unirse para fundir sus fuerzas e intentar que la justicia intervenga en el caso, en general, y en sus engaños, en particular. Esta amalgama de afectados pone a disposición del ciudadano un blog en el que se ofrece ayuda y al que se suele llegar —dejando a un lado la diosa fortuna—, cuando un recién trampeado se planta en Internet para buscar información sobre el número de teléfono o el correo desde el que se ha lanzado el engaño. Entonces los motores de búsqueda se ponen manos a la obra hasta desembocar en la web que administra Quim. Así se llama el hombre que encabeza, al menos virtualmente, este empeño por dar con la justicia.

El golpe, una estafa a dos bandas

Es decir, que los afectados en cada timo son dos, uno que compra y otro que vende. Ingenioso.

Álex R. R. se mueve en Wallapop, Milanuncios, Vibbo y Tixuz, todas ellas páginas de compra-venta muy solicitadas con un funcionamiento también muy similar. Según los afectados, suele cometer delitos que no superan los 400 euros por operación, y siempre utilizando «un artículo precintado y nuevo a estrenar con mucho mercado», es decir, tecnología. Teléfonos móviles, consolas o tablets que ofrece a un precio muy por debajo del original. En el caso de Quim, por ejemplo, un Iphone5.

A través de un perfil creado para la ocasión y que nada tienen que ver con él, Álex pone a la venta su artículo, buscando al mismo tiempo otro de precio similar para comprar, siempre por debajo de los 400 euros. Tecnología también.

Y comienza el ingenio. Imagínese el lector que pone a la venta su móvil en Wallapop y que un comprador se interesa por él. Ambos se ponen de acuerdo y usted le da su número de cuenta para que, lógicamente, le haga efectivo el dinero que pide por su móvil. Imagínese también que su comprador le anuncia que le ingresará de más «20 euros por las molestias del envío». Hasta aquí, todo normal. Uno vende y otro compra, uno da su producto y el otro paga.

Pero mientras ocurre esta transacción, su comprador, que tiene su número de cuenta, no lo olvide, hace lo mismo que usted, es decir, vende un producto a otra persona. La trampa está en que en este último caso, el número de cuenta que da es el suyo. ¿Resultado? Usted recibe el dinero que pedía por su móvil, sí, pero no es de su comprador, sino de la tercera persona del juego, que es el primer estafado. ¿Y qué hará este? Al no recibir en casa el producto por el que ha pagado, acudirá a la policía a interponer una denuncia. De ella, lo único verdadero y lo único que podrá utilizar la autoridad serán los datos personales de usted, el segundo estafado y el objeto de la denuncia. Al final tendrá que devolver el dinero y se quedará además sin el móvil que había puesto a la venta en Wallapop.

Resumen gráfico de la estafa a dos bandas | Quim Florencio
Resumen gráfico de la estafa a dos bandas | Quim Florencio

Se puede pensar que existen otros medios de pago seguro tales como PayPal. Fiable es siempre que no se realice el ingreso a través de la opción de amigos y familiares:

«Pero Alex te pide que uses el método de transferencia a ‘amigos o familiares’, exento de cualquier tipo de seguro o reclamación por dicha transferencia», escribe Quim.

Hemos visto hasta 30 de esas denuncias

Y todas idénticas. Aunque lo normal es que después del fraude no vuelva a existir conversación alguna entre timador y timado, en este caso que nos ocupa hay alguna denuncia en la que se asegura que, tras ponerse en contacto telefónico con Álex para reclamar el producto ya pagado, este «le manifiesta que es su modo de vida y que tiene que alimentar a su hija, en tono chulesco». Así lo recoge una en Marbella del año 2015.

No es descabellado. Porque si bien es el silencio la tónica general, en el blog de la plataforma de afectados sí se pueden ver algunos comentarios, con mayor o menor tono por ambas partes, en los que Álex contesta a sus supuestos estafados.

La conversación se centra en un recurso preparado por parte de la plataforma «que le va a doler más que las denuncias colectivas». Al hilo, Álex responde que «podéis hacer lo más grande del mundo: no pasará de estafa. Ahora vivo muy tranquilo, y si antes no me poníais nervioso, imaginaros ahora. Podéis preparar lo que queráis. Un juez es el que dirá lo que tenga que decir. Pero vosotros lo único que podéis hacer es crear blogs. Nada más […]».

En particular se dirige a Quim para anunciarle que «en breve recibirás denuncia por la protección de datos. La has cagado. Mi abogada tiene todo desde ayer. ¿Ya sabéis quién es, no? Pues si quieres la puedes ir llamando para que te de denuncia en mano». Tal denuncia se refiere a la plataforma en sí.

Wallapop, el medio preferido

Es la plataforma de compra-venta más utilizada por el supuesto estafador. Ahí exhibe sus productos y también ahí compra, entre comillas, los que se ofertan. ¿No se enteran sus administradores de las intrigas fraudulentas? Antes del caso que tratamos, parece que no; antes de hace tres semanas, parece que no. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde que la aplicación se pusiese en contacto con Quim, quien deja claro que Wallapop es muy útil si se hace buen uso de ella:

«Me llamaron hace tres semanas para entrevistarme y preguntarme cómo conseguía dar con los productos que continúa vendiendo Álex. Cada vez que doy o damos con uno, informamos directamente a Wallapop. En menos de 20 horas retiran el anuncio, un tiempo elevado en el que pueden verse afectadas otras cuatro o cinco personas».

De hecho, no es un caso aislado. Obvio. Y aquí llegan los discípulos, que son personas que a día de hoy utilizan el mismo método de Álex. Y también los maestros, que son otros, otro en concreto, que se hace pasar por él utilizando incluso su nombre para seguir engordando las denuncias que pesan sobre el supuesto timador.

¿Cómo puede seguir impune?

Además del ingenio de Álex para poner en práctica su supuesto método de estafa e irse de rositas —incluye la utilización de tarjetas prepago anteriores a 2009 borrando así de un plumazo su vinculación con cualquier dato— y a pesar del elevado número de denuncias, el supuesto estafador aún no ha recibido ninguna reprimenda judicial. Esto es así porque, como nos cuenta Quim, es la unión lo que hace la fuerza:

«Las denuncias individuales no tienen peso legal. Aunque la plataforma tenga conocimiento de alguna persona que ha sido estafada desde cuatro o cinco lugares de España, tampoco se puede denunciar más de una vez. Por eso la clave es la anticipación».

Quim también se ha puesto en contacto con la policía, en concreto con una comisaría catalana en la que se acumulan hasta 40 denuncias cuyo destinatario es Álex R. R. y su método de doble estafa:

«Fue a raíz de la trascendencia del caso en los medios de comunicación cuando Álex pagó un par de multas que tenía pendientes y por las que estaba en busca y captura desde hacía tres años. Cuando se personó, esa orden desapareció. Entonces la policía me dijo que la responsabilidad era mía y que la próxima serían ellos los que interpondrían una denuncia contra mí por obstaculizar sus investigaciones».

Así las cosas, el asunto sigue hacia adelante para dejar muy pronto el anonimato y saltar a los grandes medios de comunicación del país. Mientras tanto, Álex busca trabajo «tirando currículum para resultar beneficiado en el juicio, que es inminente. Se celebrará entre marzo y abril», nos cuenta Quim. Mientras tanto también, los discípulos.

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