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Establecer un perfil único y delimitado del acosador no está demasiado consensuado en ninguna disciplina científica.

La personalidad del acosador laboral
El acosador laboral se muestra agresivo

Por lo antedicho se puede destacar la aportación original de Hirigoyen (1999) que nos habla del acosador como un perverso narcisista, que destruye a sus víctimas por gozo. Se place en el sufrimiento ajeno sin sentir ningún tipo de culpa pues tiene un complejo de inferioridad en comparación con sus víctimas, a las que envidia y quiere poseer algo que la víctima tiene por lo que la ataca para ver aumentado su valor.

Tampoco  siente empatía alguna  aunque sí desea que se tenga un interés especial por él, para poder seducir y manipular, intenta por todos los medios negarlo todo y le adjudica sus errores y mediocridad al acosado, es un seductor paranoide y vacío que manipula a la víctima y su entorno para hacerse con sus cualidades morales y quedar como bueno y la victima como malo.

Al respecto de esto ya Ashfort (1994, p.755) refería que si la persona diana o víctima, enfermaba o tenía que pedir la baja por depresión, no sólo dejaba al agresor impasible sino que le parecía un mérito auto-otorgado por lo que sentía satisfacción, este autor destaca los rasgos de personalidad autoritaria e hiriente del agresor.

Importantes son las aportaciones de Davenportet (1999) que destaca característica de la personalidad del agresor como la manipulación, la inseguridad, el neuroticismo, la cobardía, falta de habilidad para valorar la vida, además de poseer rasgos psicópatas con un auto-engrandecimiento y un hipervalorado YO.

 

La personalidad del acosador laboral
La médico psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta, Marie-France Hirigoyen | Foto: wikipedia

El acosador laboral se muestra encantador y seductor

Otra aportación de Iñaki Piñuel y Zabala (2001) nos dice que el acosador es un psicópata organizacional, un asesino en serie y explica como ese acosador  es protagonista, a lo largo de su vida, de varios casos en el que es el agresor, es un individuo con una inadecuación profesional e incluso personal con  numerosos complejos por lo que intenta alimentar su autoestima destruyendo la de los otros, posiblemente presenta rasgos paranoides narcisistas y psicopáticos.

Los rasgos paranoides le llevan a ser desconfiado con inspección y sospecha de su víctima sobre la que vierte calumnias, sus rasgos disociales y los psicopáticos hacen que con su forma de interactuar enmascaradamente aparezca como  encantador y seductor. 

Debemos destacar que aunque no hay mucha investigación sobre este tema sí que ya empieza a haber autores que van cada vez más para desgranar este fenómeno como González (2002), para el cual el/la agresor laboral posee rasgos paranoides y narcisistas muy agudizados, es muy controlador y mediocre aunque lo que más destaca en su personalidad es la envidia, por la cual sufre ante lo bueno de la víctima y se deleita con el mal que le pueda ocurrir a ésta.

Respecto a la necesidad de control y la mediocridad, nos habla este autor sobre el síndrome MIA –trastorno por mediocridad inoperante activa–  de los acosadores que  tiene sus síntomas en la influencia sobre los demás, en hacerse notar y en su hacer inoperante (González, 1997). Para este autor los acosadores con síndrome MIA son mediocres por lo que poseen un interés extremo de entorpecer las tareas de los demás, son muy envidiosos, por lo que manipularán y pervertirán los logros laborales de aquellos, atribuyéndolos al tráfico de influencias. Silenciando así todo lo positivo y ampliando rumores negativos, todo con objeto de desprestigiar y desvalorizar a su víctima. Tiene una necesidad extrema de control y organización total lo cual hace que deshumanicen la relación con los demás.

Una característica manipulativa muy sutil del acosador que nos aproxima a su perfil, es  la utilización de la ambigüedad mediante una comunicación perversa, de hacer »luz de gas« que consiste en realizar intentos para conseguir que la victima dude de sus sentidos, de su razonamiento y de la realidad de lo que hace, con el fin de atacar su autoconfianza y seguridad. Esto repetidamente genera en la víctima incertidumbre, dudas y confusiones como por ejemplo: aislamiento de otras influencias, manipulación de la realidad, quita de valor a sus razonamientos o dudar de su salud mental  (González, 2002).

 

El psicólogo, ensayista, investigador y profesor, Iñaki Piñuel y Zabala

Los acosadores sienten mucha envidia por las cualidades ajenas

Sin embargo otros autores se centran más en la envidia como Rodríguez (2004) para quien los acosadores que sienten mucha envidia por las cualidades ajenas, frustradas con su vida y con poca resistencia a la frustración, con muchos celos y también ególatras  y egoístas.  Son personas que continuamente quieren que se les admire y se les de reconocimiento rindiéndole pleitesía, necesitan figurar en todo como estrella pero lo que quieren en realidad es hacerse con una víctima para anularla y dañarla con lo cual gozan.

Morán (2005) diferencia al agresor directo de aquel/lla que genera el mobbing. Para esta autora quien genera el mobbing normalmente no es visible, actúa por detrás manipulando y ordenando a los/las autores directos del mobbing que son quienes ejercen el mobbing contra la persona diana. El generador del mobbing sólo actúa de forma puntual y esporádica. Está en la sombra, invisible. Esta persona puede que actúe con diplomacia incluso mostrándose amigable y ofreciéndole ayuda. Es por esto que quien genera el mobbing es muy difícil de descubrir y porque utiliza los refuerzos o premios de forma ilusoria haciendo creer a los manipulados, convertidos en agresores, que pueden conseguir algún tipo de ventaja, aunque no tenga el poder de otorgarla.

La frialdad afectiva de estas personas generadoras es enorme y utilizan cualquier medio para conseguir sus objetivos,  necesitan hacer siervos a los demás y para ello también necesitan tener el control de quien tiene el poder.

Agresores: “activos y persistentes” y ‹ocasionales›

Según Morán (2002) existen dos tipos de personas actoras del mobbing:

— Los agresores activos y persistentes

Nunca o rara vez actúan en solitario debido a que son inseguros de sí mismos, por eso se protegen y apoyan  en un grupo y porque perciben a la víctima de mobbing como más competente, fuerte,  más eficaz que ellos y con más habilidades sociales y empatía. Es por eso que necesitan planificar acciones para aniquilar a su víctima, siendo los que exhiben las conductas más hostiles con tendencias psicópatas carentes de escrúpulos y sentimientos de culpa.

— Los agresores ocasionales

Sólo lo hacen solo en presencia del grupo acosador, pero si son muy numerosos hacen mucho daño pues la persona acosada se siente rechazada por el convencimiento de ser merecedora de las agresiones.

Según señala Lazo (2015), el fin que persigue el/la acosador es asesinar el psiquismo de la víctima, pretende así encubrir su propia mediocridad, su miedo y su  inseguridad en el trabajo e intentar desviar la atención sobre ellos haciendo de la victima el chivo expiatorio del grupo. A veces ese miedo del agresor viene dado porque ve en la victima una amenaza debido a que ésta conoce situaciones fraudulentas, ilegales o amorales de su agresor.

 

El acoso laboral lo ejercen individuos con personalidades alteradas

Como destaca Piñuel y Cervera (2016) los jefes tóxicos son personalidades alteradas con muchos complejos y trastornos psicológicos, que no soportan trabajar con personas sanas y equilibradas; tienen sentimientos de inferioridad y falta de autoestima por lo que perciben a las personas normales como una amenaza.

En este tipo de jefes o trabajadores la envidia procede de comparaciones y buscan eliminar esa fuente de malestar psicológico que identifican en personas sanas. En sus comparaciones, el autoengaño y la autopropaganda le hacen percibir que es superior a los demás, lo que da lugar a una falsa autoestima patológica que se denomina «narcisismo». El narcisista se compara con los demás, y percibe que no hay nadie por encima de él, pero sí muchos por debajo y disfruta haciendo sentir mal a otras personas. De esta manera alimentan su ego y su sentimiento de superioridad. 

Para Piñuel y Cervera (2016) existen nueve tipos de perfil del acosador:

— Acosadores en serie: un depredador laboral que repite una y otra vez su acoso

— El psicópata organizacional: frío, amoral y manipulador que está integrado en la sociedad. Lo único que le mueve es el poder y una vez obtenido conservarlo a toda costa, para ello se muestra en cantador aunque su estilo de trabajo sea parasitario. Miente y manipula sistemáticamente con una ausencia de remordimientos total

— El perverso narcisista: envidioso, prepotente y abusivo que cree que se le debe todo y que aparenta cumplir las normas aunque viole el sentido y espíritu de las disposiciones legales. Ejerce un liderazgo mediocre, inoperante aunque muy activo y con fabulaciones de sus logros. Es hipersensible a la evaluación, se siente imprescindible, mesiánico, escaparatista. Es envidioso, tiene fobia al fracaso y es enemigos de que otros aprendan y se capaciten. Muy sensible a la categoría de los trabajos,

— El paranoide: desconfiado, hipersensible y susceptible, tiene actitudes y comportamientos permanentes de desconfianza hacia las intenciones de los demás por lo que puede reaccionar desencadenando un acoso, de ahí la obsesión por controlar el comportamiento de sus subordinados,

— La personalidad limite o bordeline: agresivo, impulsivo y cambiante, tiene  explosiones de ira sin control por lo cual sus víctimas le temen y quedan emocionalmente arrasadas. Sus relaciones son de apego — rechazo. Si se apega a alguien demandará su presencia pero no puede tolerarla y tampoco puede tolerar su ausencia, es un patrón de dependencia seguida de rechazo, con repetición de este ciclo, todo va muy rápido e intensamente

— La personalidad maquiavélica: calculador y cínico, con una obsesión por perseguir, destruir, eliminar a todos los que disfruten de la felicidad, realización, competencia, brillantez, vitalidad, salud emocional, salud física y toda aquella manifestación de plenitud y crecimiento existencial

— Los autopromotores aberrantes, alpinistas organizativos y trepas que no duda en hacer caer a quien sea con tal de ascender mintiendo compulsivamente y arrimándose al poder mediante el peloteo.

— El adicto al trabajo que está agotado y rayado, que tiene una obsesión por lograr la aprobación social y el éxito personal hasta perder la estabilidad emocional.

— El directivo con burnout, que está quemado e inmerso en un proceso de dimisión interior que se manifiesta en agotamiento emocional, actitud de pasotismo, desapego, despersonalización  y sentimiento de nula realización personal, a su alrededor se genera una guerra de todos contra todos.


 

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