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En la década de los 80, un inquieto grupo de amigos abren un lugar de copas mítico en la movida ferrolana: RanXerox. Un lugar lleno de color, copas y rock

 

Ranxerox
Ranxerox

 

En 1978 nace RanXerox, personaje creado por Stefano Tamburini con la colaboración de Andrea Pazienza. Es considerado como uno de los primeros ejemplos del cyberpunk. RanXerox, violento robot antihéroe, debe su nombre a la marca de la fotocopiadora con la que su constructor, a partir de sus restos, lo construyó. RanXerox, originalmente, aparece en blanco y negro en la revista Cannibale, en 1978, en España se publicó en la revista El Víbora a partir de 1980.

RanXerox

Fue en esa época, la década de los 80, cuando un inquieto grupo de amigos abren un lugar de copas mítico en la movida ferrolana. Escogen como nombre RanXerox. Un lugar lleno de color, copas y rock.

Una gran silueta de RanXerox colgaba sobre una de las paredes, desde allí todo lo observaba.

Dedicado a todos los que compartieron y disfrutaron aquellos años, los previos al letargo.

«Ahora que no puedo contar el tiempo, creo que estoy en el final. Un final que comenzó cuando me bajaron de mi atalaya, cuando pensé que recobraría mi libertad…

Recuerdo cuando fui raptado, cuando me sacaron de mi historia. Era un androide violento y me convirtieron en un inmóvil observador. Desde mi atalaya aprendí a medir el paso del tiempo, contaba los intervalos de silencio y de oscuridad, el número de pobladores que pasaban por aquel lugar y la repetida presencia de ella.

’’Un día más me quedaré sentado aquí, en la penumbra de un jardín tan extraño. Cae la tarde y me olvidé otra vez de tomar una determinación’’. La estatua del jardín botánico. Radio Futura.

Ella me recordaba a mi chica, a Lubna. Ahora que yo no estaba habría dejado de existir. Ella, la que danzaba en silencio. Ella, la única miembro de su tribu. Ella, la única que me observaba. Solo ella se acercaba a mí, me pasaba suaves paños humedecidos que limpiaban mi cuerpo de los restos de la última batalla. Recorría todos los rincones de aquel lugar, hacia brillar el altar donde los druidas y hechiceros preparaban sus pócimas y purificaba la piedra sagrada donde los guerreros ejecutaban sus danzas. Desaparecía por el mismo lugar que todos los demás, aquella puerta por la que pensé que podría regresar a mi historia, al mundo del que me habían secuestrado.

Los druidas y los hechiceros se preparaban para la batalla. Coloreaban sus pelos, en sus caras usaban pinturas de guerra, ellas de muchos colores, ellos con una raya negra en sus ojos. La ceremonia comenzaba con la recolección de recipientes regados con líquidos de colores. En un rito sin descanso mezclaban y preparaban los bebedizos que darían energía a los entusiastas guerreros. Los brujos, invisibles, empezaban a entonar sus cánticos y plegarias.

‘’Yo, yo seré rey y tú serás reina. Aunque nada los ahuyentará. Podemos ser héroes, solo por un día. Podemos ser nosotros mismos, solo por un día’’. Héroes, David Bowie.

En el preámbulo de la contienda se presentaban los solitarios que husmeaban el lugar. Parejas en busca de ardores fuera de la batalla. Penitentes ansiosos de brebajes en los que perdían la mirada. Todos ellos desaparecían cuando el volumen de las plegarias les impedía ver.

‘’No me malinterpretes si te parezco distraída, es porque estoy pensando en fuegos artificiales que se apagan cuando sonríe’’. Don’t get me wrong, The Pretenders.

El sonido de los cánticos se elevaba ante la llegada de los miembros de las diferentes tribus. Fascinados, los druidas corrían de un lugar a otro preparando fluidos y ambrosías, el brillo y la humedad empezaba a brotar en los ojos de los guerreros.

orDesde mi atalaya los podía observar. Cada uno con sus plumajes y sus indumentarias. Algunos inmóviles, otros movían sus labios elevando sus plegarias. La mayoría agitaba sus cuerpos al ritmo de las danzas, sujetos a las vasijas que contenían los fluidos que los convertían en seres atrevidos y ardorosos. Por sus bocas expulsaban humo que teñía el ambiente de aromas medicinales.

El resplandor en sus ojos anunciaba el comienzo de sus frenéticas danzas, saltaban y reían mientras sus bocas expulsaban conjuros que nadie escuchaba. Un exorcismo colectivo recorría el lugar.

‘’Vamos a bailar. Ponte los zapatos rojos y baila el blues. Vamos a bailar la canción que tocan en la radio’’. Let’s dance, David Bowie

Cuando la batalla empezaba a declinar, los últimos soldados luchaban hasta el final. Exhaustos por las postreras danzas, bebían los restos de sus pócimas.

La piedra sagrada se quedaba desierta. Desperdigados y agotados, los hechiceros eliminaban su tensión rociándola sobre los restos del combate. Los aullidos eran sustituidos por murmullos. Bebían sus elixires, como medusas agitaban sus cuerpos al ritmo de las últimas danzas de la noche.

‘’Estoy tenso y nervioso y no puedo descansar. No puedo dormir porque mi cama está en llamas. No me toques que soy un hilo de carne y hueso’’. Psycho Killer, Talking Heads

Eran batallas sin ganadores, los brujos dejaban de entonar sus cánticos, los soldados y los hechiceros huían por el mismo lugar que me ha traído hasta el final.

… me encuentro en un lugar donde el tiempo es inmóvil, aletargado por la oscuridad, mi cuerpo se derrite y solo recuerdo cuando esto empezó. No hay batallas, guerreros ni druidas, solo el silencio del final».

«El azul del mar inunda mis ojos, el aroma de las flores me envuelve, contra las rocas se estrellan mis enojos y así toda la esperanza me devuelve». Malos tiempos para la lírica, Golpes Bajos


* RanXerox es uno de los cuentos cortos que Pedro Sande recoge en 150 palabras.

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