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Las drogas y la delincuencia afectan especialmente a un segmento específico de la población; el de los adolescentes

La delincuencia asociada a las drogas
La delincuencia asociada a las drogas

El consumo de drogas y la conducta delictiva son, probablemente, dos de los fenómenos sociales que mayor interés han despertado entre los investigadores, políticos, legisladores y medios de comunicación  de masas a lo largo de los últimos años. Este interés ha venido motivado, fundamentalmente, por los elevados costes humanos, económicos y sociales que representan para la sociedad.

Hay que destacar el alarmante aumento de las conductas delictivas que realizaron los consumidores de drogas. Debemos señalar que este incremento ha afectado especialmente a un segmento específico de la población; el de los jóvenes adolescentes. Asimismo, la conducta delictiva y el consumo de drogas son actividades que suponen un enfrentamiento a las normas y leyes sociales,  siendo una conducta desviada.

Este tipo de consideraciones parecen sugerir que el estudio de la relación entre el consumo de drogas y la delincuencia es, en la actualidad, imprescindible para adoptar una estrategia eficaz y diseñar un programa de prevención y tratamiento de ambas.

Trabajos de análisis de la relación entre el consumo de droga y la conducta de robo (sobre todo de dinero para adquirirla), se plantean la existencia de una relación de tipo consumo de droga —y la necesidad económica— con conductas delictivas.

Los hallazgos de tales estudios empíricos demostraron la existencia de una fuerte relación, tanto directa como indirecta, entre consumo de drogas y delincuencia. Directa, porque la conducta de consumo de este tipo de sustancias es ya por si misma una conducta ilegal, e indirecta, porque la necesidad de consumir droga exige la obtención de unos ingresos para comprar ésta, lo que llevaría a la realización de actividades delictivas con fines lucrativos. Es precisamente, en este tipo de resultados en los que se apoya la atribución causal de que la droga conduce a la delincuencia, atribución que ha tenido, y continuará teniendo, un enorme impacto en los más diversos sectores sociales.

Una de las conclusiones sobre este tema lo expresa muy bién Elliott y Ageton, al decirnos que “la droga causa delincuencia” y asumen que el consumo de drogas precede a la delincuencia, es la necesidad de consumir la droga lo que genera, en gran medida, la necesidad de delinquir; es el coste de las drogas ilegales lo que lleva al adicto a que, para mantener su nivel de consumo y evitar los efectos indeseables de la retirada, realice delitos que le generan ingresos; también nos debemos dar cuenta de que los efectos psicofarmacológicos de las drogas incrementan la probabilidad de que el consumidor se involucre en actividades delictivas, fundamentalmente delitos violentos.

Se relacionan claramente el consumo de drogas con delitos contra la propiedad y delitos con violencia. Todo esto genera unos costes económicos, sanitarios y judiciales que nos podrían asombrar.

Así vemos como el menor se encuentra ordinariamente indefenso ante el fenómeno actual de las drogas. Frente a una creciente oferta de todo tipo de drogas, legales unas, ilegales  otras, el menor puede ser una víctima fácil ante cualquier oferta de estas sustancias. Todo menor tiene pleno derecho a la educación, es decir, a “crecer de forma sana” en el mundo en el que le ha tocado vivir.

La educación ante las drogas ha de ofrecer a los menores los recursos necesarios para saber tomar decisiones sanas ante las sustancias que pueden crear dependencia, enfermedad, delincuencia, etc. Las drogas (Vega, 1990).

Fuentes: Otero, Vega, Elliott, Ageton, Mestor, Nisbert, Alvia y Canteras

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