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A la mañana siguiente, bien temprano el muchacho nota que sobre la cama solo está el sombrero verde.

El anciano del sombrero verde

Un joven solitario habita  una pequeña casa en un espeso bosque, siempre disconforme con su suerte, pero sin hacer nada para cambiarla. Una noche de fuertes vientos y lluvia alguien golpea a su puerta. Al abrirla se encuentra con un anciano vestido con ropas muy elegantes, largos cabellos y un raro sombrero verde que mojado y temblando de frío le pide asilo diciendo que se encuentra perdido.

Sin dudarlo y sin hacer ninguna pregunta, el muchacho lo hace pasar y de inmediato se dedica a secar las ropas del anciano cerca de los leños del hogar  mientras le ofrece algunas otras suyas, acciones que el extraño agradece solo con un par de palabras y se viste rápidamente.

Comparten un plato de comida caliente que el desconocido devora en silencio. Terminada la cena el anciano sin mediar palabra se acuesta en la única cama disponible y se duerme de inmediato, por lo que el dueño de casa  debe dormir sobre unas mantas junto a los leños del hogar.

¡El sombrero verde olvidado sobre la cama!

A la mañana siguiente, bien temprano el muchacho nota que sobre la cama solo está el sombrero. Preocupado recorre los alrededores de la cabaña, el hombre parece haberse esfumado. No puede resistir la tentación y se pone el sombrero que lo obsesiona,  se mira en el espejo y sonríe pensando que él jamás olvidaría ese hermoso sombrero en ningún lugar.

Unos minutos después, mientras toma el habitual café de la mañana, sobre la mesa encuentra un papel   arrugado en el que alguien, con letra temblorosa, agradece su hospitalidad dejándole como regalo su sombrero y explicando que es mágico y que puede recurrir a él para pedir tres deseos y solo tres, durante toda su vida que le serían otorgados de inmediato.

El joven se pone el sombrero, se mira en el espejo y decide hacer un pedido con la idea de confirmar lo que teme: ¡que ha sido burlado! Solemne dice con meditada lentitud:

— ¡Quiero estar vestido elegantemente como el anciano!

Sorprendido ve cumplido su deseo de inmediato. Nunca había soñado con tener tan hermoso traje, preciosa camisa blanca de seda y tan bellos y finos zapatos, pero en ese momento comienza a sentir frío y nota que el fuego del hogar se está apagando. Necesita reponer leños, pero la noche anterior para ayudar al hombre había consumido todos los que tenía reservados. Toma el hacha y con grandes dificultades cumple con su tarea, el ceñido traje le impide moverse libremente, la camisa se le pega al cuerpo por la transpiración, los zapatos ya están sucios y opacos por el barro.

Vuelve a la cabaña fastidiado y sin dudar ya de las capacidades mágicas del sombrero pide su segundo deseo en tono autoritario:

— ¡Quiero tener otra vez mi ropa cómoda!

Nuevamente vestido con su descuidada y casi andrajosa ropa de trabajo se siente contrariado, reconociendo que no había meditado bien ninguno de sus dos pedidos y que ahora solo le queda uno. Deja el sombrero sobre la cama, lo mira con atención y admiración y sale de la casa murmurando que deberá pensar muy bien el tercer y último deseo que puede pedirle al mágico sombrero verde

 

¡Una solución para el dilema del tercer deseo!

Pasan varios días y siempre vuelve a su mente la idea de vivir en otro lugar, de tener una casa hermosa con muchas habitaciones, ropa elegante y quizás una novia, pero no puede pedir todo eso, solo un deseo, nada más que uno, hasta que una mañana le surge, lo que el joven piensa que es una gran idea, la solución a su dilema. Se pone el sombrero y mirándose en el espejo dice convencido y con cierto énfasis:

— ¡Quiero vivir en un palacio!

Al instante se encuentra en medio de una gran fiesta, rodeado de señores elegantes y bellísimas señoras. Sin sorpresa ve que luce brillantes zapatos de cuero, pantalón negro y estrecho hecho a su medida, tal como le gusta,  el saco también negro le cubre la más hermosa camisa de seda que pudiera haber soñado.

En frente de él está el anciano que aquella lluviosa noche llamara a su puerta que con tono autoritario, lo saca de ese momento de ensoñación

¡Vamos, hombre, cumpla con su trabajo! ¡Vuelva a llenar las copas vacías de mis invitados!


Este relato está diseñado a la manera de las fábulas y los antiguos cuentos ejemplares. Espero lo hayáis disfrutado y si alguna vez os topáis con un anciano de largos cabellos y sombrero verde, continuad vuestro camino sin deteneros. No os vaya a suceder que…

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