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La Guardia Civil viene teniendo la reprochable costumbre de lavarse las manos frente al suicidio de sus agentes para seguir aplicando la teoría de la interiorización, que es la que explica, platónicamente, que los problemas de uno han de quedar en casa

Suicidios de guardias civiles y la tristeza de la vocación
Suicidios de guardias civiles y la tristeza de la vocación

Aunque pueda existir un porcentaje de muertes que respondan a cuestiones personales, salta a la vista que, en la Guardia Civil, sabiendo que el índice de suicidios es mucho mayor que en otros colectivos, deba encontrarse alguna base común a todas estas pérdidas humanas más allá de sus mundos privados.

Que una persona sufra de mareos psicológicos no es nada extraño. A todos nos pasa alguna vez que vemos la vida más oscura que otras. No importa, son solo piedras en el camino. Sin embargo, de ahí a que uno decida terminar con su vida hay un trecho muy largo, da lo mismo que se tenga un arma en la cintura que no.

Por asociación con el Ejército

Confrontar la situación de la Guardia Civil con la de la Policía es relativamente sencillo si se atiende al carácter militar de la primera, pero, ¿qué ocurre con el ejército entonces? Pues nada; no ocurre nada.

Daniel J. López Vega escribe en ¿Todo por la patria? que si bien el número de suicidios consumados fue alarmante hasta 1993, a partir de 2004 desaparecía de los anuarios militares toda referencia al asunto. Hablamos de cifras, que no se malinterprete, por favor. El caso es que la primera causa de muerte entre militares parece estar ligada a la vocación:

«El choque con la vida militar, que en el caso del servicio militar no era deseado, parece ser el factor más influyente detrás de esta conducta».

Que el asunto desapareciese tras dar por finiquitada la mili deja fuera la presión disciplinaria y lo reduce a una obligación impuesta por otros, junto a la evolución de la propia institución militar.

Danilo Albín recordaba en marzo de este año el caso de Unai Salanueva, un chico pamplonés que se quitó la vida tras ser encarcelado por no querer hacer la mili. La decisión que se le imponía desde el gobierno llevaba la firma del terror: “o vienes al cuartel o te meto en la cárcel”. Una disciplina exageradamente severa para quien no había elegido ese destino, y que, por lo tanto, minusvaloraba la capacidad de decisión de la persona, con todo el agotamiento que eso conlleva. Tanto es así, que tan abrumadores castigos condujeron a 303 muchachos a elegir la opción de atentar contra su vida entre 1983 y 2001.

En el artículo, Albín también recoge el caso de Julio, un hombre con las facultades psicológicas dañadas que, tras avisar a sus mandos de sus miedos y desvaríos, se colgó «de la llave de paso de la cisterna de los servicios de la habitación».

Son estos dos son ejemplos claves de una mala gestión laboral: falta de control inicial y una obligación impuesta bien remendada con el absurdo del miedo. Ninguna premisa puede existir sin la otra, siendo partes fundamentales de la misma ecuación.

Errores que se llevan vidas

Así que parece que el problema lo tiene la institución misma, o, mejor, la forma en la que se edifica.

¿Cómo se dice? Suicidio

Primero, por no aceptar que en la Guardia Civil existe un grave problema que se llama suicidio. ¿Qué hay de vergüenza en esto? Nada. No sirve volver la cara o echar balones fuera, nunca mejor dicho, sino que hay que llamar a las cosas por su nombre para que se pueda poner en marcha una solución adecuada.

En este sentido, por ejemplo, el Gabinete de Prensa de la Guardia Civil emitía un comunicado en 2015 que aseguraba que «un 90% de estos —suicidios— fueron por causas claramente desvinculadas de su actividad laboral y relacionadas con el ámbito personal, sentimental y familiar». También se aseguró desde la organización que es de las pocas que cuenta con un plan de prevención para evitar este tipo de sucesos, y que en 2014 ya había ayudado «a 500 agentes en situación de riesgo».

Que desde los altos de la institución se haya lanzado una campaña de prevención es una buena idea. De hecho, es lo que demandan los implicados. Pero, cuidado, que los árboles no tapen el bosque: lo importante del asunto no es que esta medida funcione divinamente, sino que hayan tenido que ser hasta 500 las personas con peticiones de auxilio. Son muchos corazones destrozados.

Sin embargo, desde una organización que viene teniendo la reprochable costumbre de lavarse las manos en este tema, sigue primando la teoría de la interiorización. Es esta la que explica, platónicamente, que los problemas de uno han de quedar en casa, es decir, que la culpa es exclusiva del agente, que no sabe cargar con ellos. Además, rozando de pasada a los que demandan la parte de responsabilidad que se supone le toca a la propia Guardia Civil, los apoderados argumentan que este serial de desgracias personales responde también, y en complemento con lo primero, a tener un arma de fuego a mano, quedando claro con estas afirmaciones que desde el cielo el corazón no huele a nada.

No; demasiado simplista, lo mismo que achacar el problema a la genética. Son muchos los colectivos que tienen en sus manos medios de sobra eficaces para poner punto y final a su vida. Fuera de los uniformes, podríamos hablar del médico y sus medicinas, del químico y sus productos letales, del gruista y sus alturas o del afilador de cuchillos y sus filos. Con el uniforme puesto, mencionamos las armas de fuego del policía y del militar.

¿Cómo se avanza? Progresando

Segundo, por negarse a evolucionar con el girar del mundo. Está claro que la disciplina es obligatoria en muchos ámbitos y que ayuda a centrarse, pero siempre con mesura y con la lógica bien a la vista. Aunque, por sí misma, la militarización no es entendida como un contratiempo, muchos son los guardias civiles que consideran que su organización debería ser meramente policial. Incluso se ha hablado de re militarización desde algunas asociaciones.

Unión de Oficiales se quedaba perpleja con el vigor militar educativo que en su día se daba a los mandos de la Benemérita: «La ilógica justificación para mantener este inexplicable modelo de formación, más militar que policial, es el mal entendido carácter militar de la Guardia Civil». Por su parte, Asociación Unificada de Guardias Civiles, AUGC, declaraba en su Congreso de 2016 que «en la política ha faltado coraje para enfrentarse a las élites militares en este país que quieren tener una Guardia Civil militarizada y sumisa, carente de derechos».

Aunque es verdad que los mandos de la Guardia Civil están adaptándose con calma a los requerimientos seculares, aún prima una disciplina exageradamente gravosa para los agentes. Es la perfecta extrapolación del caso de Unai y de Julio.

Parece que es una espiral de miedo ante un régimen instructor crudo en exceso, un camino empedrado que va lapidando lentamente a quien le toca transitarlo. López Vega lo resume a las mil maravillas:

«Piense cómo se sentiría si mañana, por un error suyo, tuviera un conflicto con su jefe y eso pudiese acarrearle una pena de prisión en un centro militar, la pérdida de incentivos económicos o la pérdida de destino, teniendo que plantearse ir a trabajar a otra ciudad».

La perfección requiere mucho combate externo, pero el estrés, la presión o la incapacidad humana de hacer frente a unas exigencias utópicas no son factores exclusivos de este colectivo. De hecho son semillas que germinan en muchos otros terrenos laborales. Recordemos casos como la actual Orange, antes France Telecom, una empresa que registró más de 30 suicidios en dos años y que fue sometida a procesos judiciales precisamente al considerar que las muertes estuvieron estrechamente relacionadas con el ámbito laboral; los seis fallecidos de PSA; otros tantos franceses en Renault, y, ya en España, las cuatro personas que se quitaron la vida en la ONCE en medio año.

En cada uno de estos casos, los sindicatos pertinentes, que no asociaciones, achacaron los suicidios a las condiciones laborales extremas que se imponían por decreto gerencial, un derrotero de órdenes asfixiantes dictaminadas por la necedad de quien no trabaja a pie de calle. Incluso hubo quien dejó una despedida apoyando la versión de los sindicatos. Pero las empresas, lejos de aceptar su posible responsabilidad, echaron balones fuera. Esto también es perfectamente extrapolable.

¿Cómo se combate? Con cuidado

Tercero, por un deficiente sistema de ingreso que pasaría por pruebas psicotécnicas cogidas con pinzas. El sistema de prevención de la Guardia Civil se olvida de que la casa no hay que empezarla por el tejado y que arreglar algo que está en funcionamiento es muchísimo más difícil que hacerlo antes de que eche a andar.

La vocación, si es ansiada, no se detiene ante ninguna barrera. No se suele aceptar ni creer que una tristeza pasajera pueda evitar cumplir el sueño de toda una vida. Sin embargo, la desestabilidad emocional pasa precisamente por eso. Si más del 90 por ciento de los suicidios se deben a unas facultades psicológicas menguadas, ¿por qué entonces se les permitió en su momento ingresar en la Guardia Civil?

Y cuarto, por la pasividad atemporal de los gobiernos y la falta de atención a las asociaciones, que no sindicatos. Estos dos términos son muy relevantes.

¿Por qué no se hacen campañas mediáticas para prevenir los suicidios al igual que se hacen para disminuir los accidentes de tráfico?

Y alguno dirá: «¿Para qué te metes si nada te relaciona con esto?» Porque sé leer y porque me parece un tema espinoso y enfermo, una injusticia de abandono en la que el patrón lo corta, en este caso, la potestad de cuatro o cinco medallas. Precisamente me meto porque, por y con vocación, he visto caras llenas de impotencia por clamar injusticia sin libertad para hacerlo, porque —y esto va para los más avispados— la razón de ver el beneficio del progreso me llevó de Eskorbuto a empatía, y porque entiendo perfectamente la desesperanza.

No hay que pagar cualquier precio por cumplir el sueño de toda una vida, que todos tenemos dignidad, es decir, no hay que llegar a representar el guión del ángel de Alan Parker, pero sí se puede tener muy a la vista el de Whiplash.

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34 Comentarios

  1. Queridos guardia civiles..muchos somos los que reconocemos vuestros valores..de humanidad..entrega y valía profesional..
    Sufrimos con vosotros ..nos enorgullece vuestra humildad valentía y celo democrático.
    No estáis solos no
    Gracias

  2. No me estraña que pasen estas cosas por que están muy desamparados .el caso es que cuando hay problemas entonces son los primeros en ayudar .me gusta la Guardia Civil .todos los bien nacidos estamos con vosotros

  3. Cierto Andres Taboada pero no se puede hablar de ellos porqe lee todo y veras algunos la educación y los principios y el respeto dejan mucho qe desear

  4. Pues eso quedará en la conciencia, de los mandos que no hacen caso de todos los problemas que hay en el cuerpo como mucha tensión, bajos sueldos, carencias de material etc etc, y Lo que no se cuenta. Espero que todo se arregle, porque como ciudadana, respeto y agradezco a la guardia civil todos los desvelos, por los ciudadanos, que se parten su integridad, y su vida por todos nosotros, sean quienes sean. Muchas gracias a todos, de corazón.

  5. Más de uno si no es mucho pedir le gustaría saber donde pagan eso…igual le interesa pedir traslado.
    Que fácil es calcular el sueldo de los demás….oooooo por lo menos igualar al alza..
    No todos los mineros cobran 3000€de jubilación y creo que en este caso no todos cobran de 1800 a 2000

  6. No se que guardia civil conoceis que gane 1800-2000 euros yo no lo conozco 1500 y llorando y trabajando sabados domingos festivos y nocturnos

  7. Por favor escasos sueldo nada 1800€ a2000 y algo si me dices rosa qe no se puede vivir qe baje dios y nos confiese y con derechos a todo pues dime peor los llevan los autonomos qe al final de tu vida te qeda una miserable pensión despues de pagar toda una vida

  8. Es alarmante. Supongo que hay una investigación por eso. También creo que deben pasar momentos de mucha tensión, escaso sueldo y la desconsideración de parte de la sociedad en su labor…

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