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Donald Trump pensaba que iba a tener su momento de gloria en el partido de los Washington Commanders, pero lo que recibió fue una humillación histórica. Un estadio entero abucheándolo sin parar, ni siquiera pudo hablar. Y lo peor de todo: cuando intentó leer su discurso para los reclutas militares, el tipo leyó literalmente «yo diga su nombre» en vez de decir «Donald Trump». Es que es para reírse si no fuera tan patético.
Los números no mienten: solo el 23% lo apoya fuertemente mientras que el 47% lo desprecia con toda su alma. Peor que Biden en sus peores momentos. Y mientras millones de estadounidenses no cobran por su cierre de gobierno, mientras despide a trabajadores federales y manda al ejército a patrullar las calles, el narcisista este está preocupado por ponerle su nombre al estadio.
Esta es la realidad cuando Trump sale de su burbuja de fanáticos: la América real lo desprecia. Y esto es solo el principio de lo que viene. La resistencia está en marcha.
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